Leaving Las Ventas

Leaving Las Ventas

Ser japonés y estar de visita en España debe ser, en sí, un shock de enormes proporciones sólo mitigado por el hecho de que vas escoltado a todas partes por el guía nativo de allí, que te pastorea a Loewe evitando que te levanten la cartera mientras te levantan la falda -esta técnica, verídica, la empleaban las gitanas-rumanas en Madrid para aturdir a las pobres japonesas mientras les volaban sus pertenencias-.

Si a las diferencias abismales les añades además las culturales, ser japonés y presenciar la corrida de ayer en Las Ventas supone un episodio traumático.

RosaJC y la Condesa de Estraza se apiadaron de mí y, con la compañía de la primera y el abono de la segunda - ¡Gracias, Condesa!- me planté en la Monumental de las Ventas en una corrida de faenita de aliño para hacer boca con vistas a la feria. Por cierto, Condesa, que me he quedado un poco bizca con los florones de su blog.

A lo que iba: había media entrada compuesta a partes iguales por parroquianos, turistas anglosajones viviendo su momento Hemingway, y turistas japoneses viviendo su momento “sangre y arena samurai”. Adelanto que siempre que voy a los toros sufro por aquellos que van por primera vez y hasta me entra una vergüencita del tipo “que pensarán estos señores de nosotros”. Será porque hace mucho que no veo una corrida decente y porque sin honor, a la antigua, no se justifica este “evento”. Y lo digo así a riesgo de que me mantée el sector pro-toro-vivo, encabezado por mi madre y continuado por los cursis modelo grupo de teatro alternativo de medio pelo que ayer saltaron al ruedo.

Continua leyendo »

Savoy

SavoyLa perfección de los japoneses llega a situaciones sorprendentes. Si digo que el mejor espresso que me he tomado no ha sido en Italia sino en Tokyo, pensaréis que no me he tomado un café decente en mi vida. Pues no, antes de darme al té compulsivamente me hice la vuelta al mundo tomando café y os aseguro que sólo he probado algo que se le acerca en Roma, en un bar famoso por su café donde haces fila de 20 en fondo para darte el chute e irte.

Aún me sabe y aun lo huelo, del placer que me produjo. Pero es que además hacen unas pizzas en horno de leña, de verdad, en 1 minuto que saben a gloria. Chiqui, que es el experto pizzero aún llora por las noches por no haber seguido pidiendo. Menú de mediodía, 1000 yenes (poco más de 6 euros), local pequeño y atención encantadora pero no mecánica. ¿Dónde? en Savoy, 201 3-10-1 Motoazabu, Minato-Ku, bajando por la calle que sale a la derecha de la puerta de la librería Tsutaya Tokyo Roppongi, al lado del complejo Roppongi Hills.

Se admiten apuestas.

Sakurización

SakuraComo veis, me pongo insistente con el tema, pero es que los japoneses se ponen un poco monotemáticos y yo, que soy de Tokyo, también.

Después de tanta literatura sobre el sakura que va y viene, allí me planté dispuesta a sakurizarme toda a pesar de que las fechas no eran las mejores. Y puedo confirmar que los cerezos japoneses no se parecen a nada que hayáis visto en el Jerte, tan tiesos como pararayos, sino que son colgantes, podados para que las ramas sean tan largas y tan finas que caigan como una enorme cortina llorona. Meterte entre sus ramas es una experiencia tan rosa que puede empalagar y encantar a partes iguales.

Mi primera gran ducha de sakura fue en el Templo Byodoin de Uji, seguida por otras cuantas: allí donde había un sakura reventón que no estuviera vallado, allí que me metía yo debajo a vivir el momento sakura y a reventar de paso las fotos de los turistas que pretendían salir con el árbol y no con una loca dando brincos bajo sus ramas. Lo hice en Uji, en el jardín del Museo Nacional de Tokyo, en el Jardín del Palacio Imperial de Kyoto, en el templo de la escuela Ikenobo, en Tetsugaku-no Michi (Philosopher’s Path), en … en fin, debo de estar en Flikr por todas partes.

Algunos sakuras centenarios a los que la gente va en procesión: el del parque Maruyama o los de los jardines del Castillo de Nijo en Kyoto, por poner un par de ejemplos que salen fotografiados por todas partes. Lo digo por si queréis vivir el momento sakura un día de estos.

Sakura

Ellos tambien lo hacen

Día de los niños

Hay un elemento que humaniza a los japoneses y les acerca a nosotros: ellos tambien tienen el macropuente de mayo aunque lo llamen “golden week”. Empiezan con el 29 de abril, le añaden el 3 y el 5 de mayo, y, recientemente el 4, y ya se han sacado una semanita como un madrileño cualquiera.

El 29 de abril es el Midori no hi, que empezó siendo el la celebración del cumpleaños del emperador Shôwa (que reinó en Japón desde 1926 hasta 1989) pasando a su muerte a ser el día de la naturaleza (midori significa verde). El 3 de mayo, por su parte, es el Día de la Constitución japonesa y el 5 de mayo es el Día de los Niños. El 4 no se celebra nada pero se ha convertido en fiesta laboral para obligar a los japoneses a descansar.

Pues eso, feliz golden week o feliz expulsión de los franceses, según toque.

Sakura y olé

Sakura y olé

A los que os sabéis esto de Japón no os descubro nada nuevo al contaros que, por esas tierras, la contemplación de los cerezos en flor (sakura) es un evento nacional. Se sigue en las noticias el calendario de floración con el mismo interés que los ciclones (de los que hemos vivido un par) o de los terremotos, de los que Chiqui ya tiene una experiencia tokiota (yo había huido a Nikko).

Una de las muchas actividades que las empresas japonesas tienen insitucionalizadas, es el hanami o ir de merendola bajo los sakura hasta bien entrada la noche. Esta actividad es compartida por toda la población que se tiran en plancha a disfrutar de esta época que representa la renovación y la esperanza, algo nada desdeñable en una sociedad tan tristona. En la foto podéis ver la versión “Joshuaaaaaa” de este invento.

Como veis, hay que irse olvidando de algunos complejos del momento merendero.

La maiko torera

Todos llevamos dentro a un turista por muy finos y trascendentes que nos pongamos. Pero hay gente que pertenece a la raza de “proud-of-being-gañán” (en asturiano “donde pago, cago”) a los que deberían prohibir salir de su país. Como a ese diputado japonés que se pidió unos días para visitar Australia con el fin de analizar su sistema político para, en realidad, acompañar en plan pantojil a su hija que jugaba al golf en un Master Series de esos. Eso es un gobierno como Dios manda, que no se limita a echar la bronca al tipo por inventarse una excusa barata para el viaje sino que le impide abandonar el país de manera indefinida. Si se hiciera en España, estábamos todos con el pasaporte retenido.

Pues bien, mediante la presente pido firmas para una modificación de la Carta de Derechos Humanos del mundo mundial, con el fin de que cualquiera que no se sepa comportar no salga de su país y, si me apuras, de su casa. De esta falta de sentido de la medida es una muestra el acoso que sufren las maikos y geikos por turistas extranjeros, y algún que otro acosador local, que también los hay.

En la puerta de Ichiriki Ochaya, en el barrio de Gion de Kyoto, se plantó una rubia con remoñeta que se dedicaba, metiendo medio cuello dentro, a dar el queo de las maikos que iban a salir para que una caterva de turistas las fotografiasen sin piedad como a Vicky Beckam. Pedí a mi fotógrafo de cámara, Miguel, que sacara unas fotos de la turba, pero no le salieron.

En su lugar, y de modo muy respetuoso aclaro, sacó a estas pobres mientras salían alucinadas de la ochaya.

Maiko

La falta de respeto es significativa si se tiene en cuenta cómo se producía el evento y en donde se producía. Ichiriki es un sitio vedado para los extranjeros y para muchos japoneses, con una larga historia que incluye episodios, como el de los 47 ronin, paradigma del sistema de deberes y lealtades japonés. En Ichiriki sólo se puede entrar de la mano de un cliente habitual y llegar a serlo no es sencillo. Tienen un pulcro cuidado en evitar que nadie ponga el pie dentro que no cumpla las normas de la casa, pero debe de ser que no tienen normas para turistas listillas que meten el gañote entre las cortinillas a ver quien sale. Y ahí estaban ellos, en plan prensa rosa conviertiendo Ichiriki en el fotocall de Leonardo Dantés y a las pobres maiko en Tamara la mala. Su educación no les permitía darles unos cuantos bolsazos y echarlos de allí. En otro país que no fuera Japón habrían colocado ya un “selector de ambientes” bielorruso dando cera en la puerta.

Maiko

Pero como de gañanes no está libre ni Japón, un par de impotables locales iban acosando a una maiko Gion arriba y, a decir de gesto de la maiko, soltándole más que majaderias. En estos casos muchas de ellas salen trotando como cervatillos para evitar problemas. Ésta no, con un porte torero y un ritmo lento se recorrió la calle altanera para dejarles claro que ni la iban a intimidar ni iba a cambiar el paso porque haya idiotas en todas partes. He decidido hacerme de su club de fans.

Maiko

Tronchada

Tronchada

Como el pobre muñequito de la foto hago una reverencia cercana a la humillación para pedir disculpas por mi falta de noticias desde Japón. Es que estaba asaltando las tiendas. Comprendo que es una pobre excusa, y, aunque tengo otras que son también ciertas y algo mejores no es cuestión de aburriros con ellas. Espero poder ponerme al día, una vez que los técnicos del emporio Chiquiworld editen videos, descarguen fotos y yo encuentre algo interesante que contaros.

Mientras, miro extasiada como una niña el día de reyes, todo lo que me he traído a mí misma y que ya ni me acordaba de que me lo había traído. Estoy fascinada con el cargamento de té. He echado una cuenta, al estilo de los árboles que iban a plantar cada partido si ganaban las elecciones, y he llegado a la conclusión de que, para consumirlo todo antes de que caduque, tengo que invitar a té a 100 personas diarias, eso sí, dispuestas a repetir.

Por ciertos algunas de las fotos, como la que ilustra esta entrada, son de mi amigo y compañero de cuitas Miguel Bañón. Gracias Miguel por dejarte la espalda cargando con ese pedazo de troncho y nutrirme de material gráfico.

Ikebana para atletas

Ikebana para atletas

He decidido introducir una nota de color en la sección de ikebana y cambiarle temporalmente el nombre.

A la vista del nuevo estilo floral que impera en Japón, parece que va a ser necesario hacerse con un cuerpo compacto a la vez que equilibrado y olímpico para no matarse desde lo alto de la escalera que estos nuevos centros requieren. Aún no he decidido si me gusta, lo que suele querer decir que me gusta poco.

Este centrazo conmemora el primer aniversario del Museo Suntory. Bueno, lo de museoooooo, vamos a dejarlo. Me guardo para otro post lo que opino sobre el uso de la palabra “museo” en este país.

Sakura café

Sakura Café

Para contemplar unos cerezos que florecieron antes de que llegáramos han montado este café en el complejo del Tokyo Midtown. Nosotros que somos unos gaijines de pro nos hemos tumbado cual patricios romanos haciendo de las flores de sakura gigantes nuestros triclinios particulares. Vamos que nos dolían los pies y no sabíamos donde ponernos.

No se nos ve porque nos tapa Pinky Winky. Desde Tokyo ¡Abrazo fuerteeeeeee!

Sakura Café

Calzoncillos Ocean

Calzoncillos Ocean

Las modas también cambian en el mundo de la mascarilla quirúrgica “catarril”. Hemos pasado por las minimalistas, las de plegado origami, y las de la trabajar con residuos tóxicos. Este año, la reina en Tokyo es, sin duda, la de bragueta de calzoncillo de padre o huevera de jugador de rugby.

Yo es que les veo y no me hago.

Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 Next