Archivos del mes de Enero de 2008

Viento del este, viento del oeste…

Memorias de una geishaEl soberano cabreo que se cogieron los japoneses con la película “Memorias de una Geisha” se entiende porque revela un desconocimiento sobre su cultura tan grande como el que late tras la escena de nuestra Semana Santa sevillana ambientada en Jalisco que aparece en Misión Imposible II. Para los que vieron la película es necesario aclarar que las japonesas no menean las caderas al andar, por muy geishas que sean, son físicamente distinguibles de las chinas o coreanas, y se espera de ellas que tengan un cutis blanco como el yeso y que sepan llevar el kimono con humildad y elegancia.

Lo que ocurre es que la elegancia en Japón es diferente de la occidental y viene impuesta por la propia rigidez de la prenda. Llevar un kimono apropiadamente no es sencillo: hay que andar con las puntas de los pies hacia dentro para que no se abra en absoluto, dar pasos pequeños, ir levemente inclinada hacia delante y soportar varias capas de tela encima.

Se lleva, al menos, un sayón, un kimono interior, un cuello especial, un kimono exterior, una banda de tela de una anchura de unos 25 centímetros a la cintura -obi- de montaje complicado que a su vez lleva encima un cordón, un pañuelo y una almohadilla que se usa para levantar el lazo posterior. Todo ello atado con cintas de tela y obis interiores, y montado cuidadosamente pues los kimonos no tienen ni botones ni cremalleras. Lo que parece una chaquetilla del kimono no es más que el propio kimono doblado y atado a la cintura.

Una maiko (la geisha joven antes del mizuage –comentario de Kento- en la bitácora Nipoblog) llevará varios kimonos uno encima del otro con una manga que cae casi hasta el suelo como el lazo de su obi. Entre los adornos del pelo, los kimonos y demás aditamentos una maiko puede llevar encima unos 20 kilos, algo menos de la mitad de su peso. Que me diga a mi Rob Marshall como se puede menear la cadera en esas circunstancias sin pegarse un morrón.

Yo lo he probado y aún me estoy recuperando.

Minasama otosukare no tokoro…

Azafata de JAL…makoto ni moshiwake gozaimasen.

Ya advertí que una de mis múltiples facetas atormentantes era una insistencia enfermiza con la cosa japonesa, insistencia convertida en persistencia desde que caí fascinada por Mishima al leer la biografía que el psiquiatra Vallejo-Nágera hizo sobre este autor exhibicionista, genial y suicida con un título sin duda ajustado: Mishima o el placer de morir.

Más allá de los tópicos sobre suicidios rituales y geishas incomprendidas, Japón no deja de tener una cercanía castellana que me cuesta mucho explicar. Este post es el primero de otros en los que espero poder aclarar esta teoría.

La frase en japonés que titula este texto está sacada de una anécdota de un opúsculo la mar de entretenido, “Introducción a la cultura japonesa” de Hisayasu Nakagawa, en la que el autor, japonés afrancesado, nos cuenta el siguiente sucedido. Estando montado en un avión de la JAL, por la megafonía del aparato informaron al pasaje primero en francés y luego en inglés de que, debido a una huelga de controladores aéreos, el avión saldría con retraso. Llegados al momento de soltar la misma retahíla en japonés, ésta se inició con la frase del título que no estaba incluida ni en la versión francesa ni en la inglesa. La traducción a lo indio literal sería “Señoras, Señoritas, Señores, dado que están cansados realmente excusas no hay” o, dicho correctamente, “Es verdaderamente inexcusable anunciarles lo siguiente”. Teniendo en cuenta que cojo el metro de Madrid a diario y que, llegada a casa, me cruzo con un vecino modelo “conozco mis derechos” que es capaz de dejar que le abras la puerta y que le cedas el sitio en el ascensor sin dar ni las buenas tardes, comprenderéis por qué quiero ser japonesa. Si ya lo dicen los japoneses: “excusas no hay”.

No sin mi hambre

Biografía del hambreOtra que es de Tokio y rara (en realidad ésta es de Kobe) es Amèlie Nothomb. Desde un día de San Jordi que un Jordi me regalo “Estupor y temblores” no me he podido desenganchar de esta autora belga-japonesa multipremiada por los franceses (¡que ya es mérito siendo belga!). Cada vez que saca libro nuevo o descubro uno anterior a “Estupor..” establezco un día Nothomb y me lo meriendo de una sentada.

Procuro comprarlos en francés no porque servidora sea muy culta y atormentada, sino porque son más baratos y normalmente han salido ya en rústica (alrededor de 5 eurillos). Aunque “Biografía del hambre” se publicó en francés en el 2004, llevada por esta pertenencia a la sagrada cofradía del puño cerrado, andaba remoloneando para que saliera su versión de bolsillo en este idioma, cuando abrí la reciente traducción al español de Sergi Pàmies, leí al azar el capítulo del campamento de actividades de Kent Cliffes y el profesor de “Manufacturas americanas” y ya no pude parar.

Pàmies no sólo es fiel al original sino que lo mejora y su traducción de esta biografía, como de las anteriores obras de la de Kobe, no tienen desperdicio. Complemento de ésta obra son sin duda las otras de contenido biográfico: “Estupor y temblores” en donde Amèlie comienza de traductora en una gran empresa japonesa y acaba de señora de los lavabos; “Metafísica de los tubos” (mi preferida), que relata sus tres primeros años de vida como japonesa, tubo y dios al mismo tiempo; y el “Sabotaje Amoroso” en donde relata sus grises años en la China de la “Banda de los Cuatro”.

Con estupor y temblores, como había que postrarse ante el Emperador del Japón, paseo mi propia hambre, mi propio vacío insatisfecho con la tristeza de no poderlo contar con la brillantez de Amèlie.

BIOGRAFÍA DEL HAMBRE. Amèlie Nothomb.
Editorial Anagrama. Colección Panorama de Narrativas. ISBN: 8433970909

Ésta, es que es de Tokio…

Puente de TokaidoAsí me va presentando una amiga, que ha decidido que mi plomez con Japón sólo se justifica siendo del propio Tokio, a la misma altura del Nihonbashi (literalmente, Puente del Japón, punto 0 del Tokaido).

Podría haber decidido presentarme diciendo que soy medio-lela o que me ha entrado el clásico snobismo por lo oriental que tan de moda se lleva. Pero ella, que me aprecia y me conoce, sabe que es verdad, que soy de Tokio. Como enviada especial de ChiquiWorld para asuntos japónicos y ahora desde este humilde espacio os brasearé convenientemente desde aquí sobre el Japón más tradicional para entender el Japón más moderno.

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