Pachinko

Vas por la calle tan pancho y, de pronto, un golpe ultrasónico te tumba en cualquier acera tokiota. Acabas de pasar por delante de una sala de Pachinko.

No me preguntéis a qué juegan ni qué placer encuentran en ello, pero entrar en uno de estos locales es algo que hay que hacer para compensar tanto jardín perfecto y tanta armonía de ceremonia de té. La estética recuerda a un bar de carretera y el ruido es tan ensordecedor que las sesiones de bakala en Ibiza te parecen música de ascensor.

A mi me parecieron profundamente tristes. Y parece que no soy la única que piensa así.

2 comentarios:

  1. joemaria, 19 de Febrero de 2008, 12:04

    ¡Gracias! Las había vistos mencionadas recientemente en “Kafka en La Orilla” de Murakami y aunque el traductor pone notas acerca de muchos de los localismos que se mencionan y aunque quedaba claro que se trataba de algún tipo de sala de juegos me había quedado con las ganas de saber un poco más.

     
  2. Tormento, 24 de Febrero de 2008, 18:01

    De nada, josemari. La verdad es que hay que entrar en uno para quedarte grogi. De primeras dadas no entiendes a qué juegan ni como un ser humano puede soportar el estruendo que hay dentro. Luego reflexionas sobre la mierda de vida que llevan entre tanta rigidez social, tanta presión y tanto espachurrón y concluyes que cualquiera de nosotros también nos narcotizaríamos a base de pachinko.

     

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