Flor de invierno. Angela Davis-Gardner

Flor de inviernoOtros rastrean vinilos de Adamo y yo busco en las librerías cualquier cosa que huela a Japón. Unas veces me columpio y otras encuentro un asesinatico, como este primero de la serie, que me saca del aburrimiento de fin de semana de botijo y calcetines de Hello Kitty.

Flor de invierno, de la para mi desconocida Angela Davis-Gardner, ubica su novela en el Tokyo de 1966 y en una universidad de señoritas de esta ciudad. La prota, Bárbara, americana, alta y rubia se pasa media obra tirándose a un japonés modelo castaña pilonga (de los encerrados en sí mismos) y la otra media desentrañando los escritos que Michiko -también conocida por Nakamoto sensei- le ha dejado tras su muerte enrollados alrededor de botellas de licor de ciruelas (ume).

Aparte de dejarse leer de corrido, este libro introduce en algunas costumbres japonesas interesantes, te explica que son los haniwa y te pone al día sobre la simbología del zorro en los cuentos, costumbres e iconografia niponas. En cuanto a esto, y para no destriparos el libro, os adelanto que ser una zorra en Japón es tan mal asunto como aquí pero por motivos diferentes.

También dibuja con nitidez la figura de los hibakusha, o supervivientes de las bombas de Hiroshima y Nagasaki y, lo que es peor, la vergüenza y el secreto con la que estas personas vivían su condición de afectados. Al parecer eran tratados como apestados, leprosos que llevaban su infecta enfermedad a los que no era conveniente acercarse. Esto no es nuevo en Japón: los eta, la casta inferior que trataba con la muerte de humanos y animales, vivían en barrios separados para no contaminar a los demás y han sido discriminados, ya sin relación con su actividad, hasta nuestros días.

Con el tiempo, los hibakusha han salido del armario para reivindicar su realidad de víctimas.

Sale más barato que un cine con palomitas y cunde más. Recomendable.

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