Sin red. Kawara y Muji

MujiEl jueves pasado salí de casa mal calzada lo que, en un Madrid, es una mala decisión. Día primaveral, tacón de 10 centímetros, portátil al hombro y mucho que te voy que te vengo. Resultado: pie como bota malaya.

Me dije, pues ya que te toca tremenda reunión en viernes tarde, cógete la tarde del jueves libre y date un paseíllo (esto fue antes de que las medias se adhirieran a las plantas de mis pies como si fueran alquitrán caliente). Llamé a mi japo como hago siempre para que me fueran preparando mi chirashisushi.

Hace años me metí por la calle de la Aduana para acortar y me encontré un restaurante japonés que no conocía, caserillo y con una camarera borde, Baby, que me echó con cajas destempladas. Lo regentaba un matrimonio japonés. Era el Kawara. Volví y seguí volviendo y mi constancia callada me convirtió en una habitual que podía llegar cuando estaba cerrado y a la que la servían sin preguntar. El último año llegué al colmo de la perfección: llamaba y al llegar mi mesa estaba puesta, con los palillos que eran sólo para mí y mi tetera. Me sentaba y, ante el estupor de los que llevaban media hora esperando, salía mi comida.

En navidades me informaron de manera reservada que iban a cerrar. No les iba bien. Me apené mucho, no porque fuera el mejor sushi que he comido (su arroz era el mejor del mundo) sino porque, en una ciudad llena de restaurantes japoneses regentados por chinos a los que les va de fábula, la honradez y buenos precios del Kawara no han sido suficientes. La mala noticia esperada llegó por fin: “Tormento-san, cerramos el martes. Lo sentimos mucho.

Me tiré a la calle a un sitio de estos fashion a quitarme las penas y, como esperaba, comí normalito y me pegaron un tortazo con la cuenta. Estoy apurando el café. Suena el teléfono. Es el señor Ikenaga, dueño de un restaurante japonés de pata negra decorado con esmero, donde este mes me toca el turno de hacer los Ikebanas. “Tormento-san, las flores del moribana de la ventana ¡caídas! ¡¿venir cuando pueda a arregarlas?!” Pienso: mañana, mal día. Hoy, pies como berenjenas. Vale, hoy. Segundo tortazo de la tarde: compro las flores donde pillo, floristería pija de la Calle Serrano. No tengo tijeras pero lo apaño con unas de papel que me prestan. Un corte aquí, otro en el tallo. Quedan las flores como prediseñadas para el centro, ¡con lo que han costao ya pueden!

Me siento delante del centro derrengada mientras pasa la señora mayor de todas las tardes mirando al escaparate como siempre. Y también, como siempre, se para y me dice a través del cristal que ha quedado muy bonito. Como siempre. Doy las gracias con un gesto. Me queda un buen rato para llegar al teatro donde voy a ver Las Bizarrías de Belisa. Uff, y con los pies al pil-pil.

Venga, Tormi, me animo, que seguro que andando se te pasa. Y encamino mis pasos vacilantes a Muji, tienda de una cadena japonesa que ha abierto en la ya saturada y saturante calle Fuencarral. Entro por una puerta lateral y veo que está medio vacía y llena de gente poniendo focos y colgando grullas de origami gigantes hechas con el papel de las bolsas de la tienda.

Diseñador mariquita super-cool por aquí moviéndose mucho y no haciendo nada. Montador de luces como el guitarrista de Leño currando a todo trapo. Bolsas llenas de cosas ignotas preparadas. Parece una presentación. Nadie me molesta. Subo, bajo y me esfuerzo por llevarme algo. Lo que es significativo en una persona tan caprichosa como yo. Porque en Muji todo es útil y te solventa problemas cotidianos con buenos materiales, sencillez y calidad. Es como las desaparecidas a mi pesar cacharrerías: no eran nada fashion pero encontrabas de todo. Sin embargo Muji, por mor de los cursis y de las notas de prensa hiperbólicas, parece ser el culmen de lo cool. Pues no lo es. Si necesitas un pastillero práctico o un neceser de viaje con botellitas neutras es el sitio.

Subo las escaleras traqueteante. Voy a pagar y pregunto que pasa. Es la inauguración oficial, viene el Presidente de la compañía de Japón y están preparando regalitos para los medios (”y yo ¿qué? ¡que soy la presidenta ejecutiva de Nihonica!” pensé), y la tienda está cerrada pero no han querido molestarme ya que estaba dentro. Pensé: esto si que es japonés de verdad. Si hubiese sido en la cacharrería de mi barrio me habrían echado con cajas destempladas. Aunque, claro, no habrían invitado al presidente a venir a la inauguración desde Japón.

Nota: Sin red va de que nos plantamos en los sitios (nada de navegar ni tirar de notas de prensa de autobombo) y contamos lo que vemos. Uy, me ha salido el nos mayestático. Perdón.

6 comentarios:

  1. josemaria, 24 de Febrero de 2008, 8:19

    ¡Tremenda pena que cierren el Kawara! Desde que nos lo recomendaste era nuestro segundo japo favorito: ya sabes que preferimos al Daikichi aunque, posiblemente, más por cuestiones sentimentales que por otra cosa…

     
  2. Henry, 24 de Febrero de 2008, 12:41

    Tormi, son tremendas tus agendas semanales y ya que se va acabando la semana, todavia se pone peor, encima si cierran tus lugares favoritos, y el problema con los zapatos (que es lo peor).

    Que bien te trataban en el Kawara, me gustaria ver las caras cuando tu mesa ya estaba lista, limpita y repeiná y tos esperando.

    He visto el plano de la calle de la Aduana y he pensado: Menos mal que no seguiste recto y desembocases en la calle de la virgen de los peligros, porque solo con el nombre, dan ganas de ir descalzo!.

    Me ha llamado la atención tambien las cosas “utiles” que venden en los Mujis, sobre todo la baraja de cartas (me imagino yo jugando al cinquillo y nunca acabando).

    Menuda Semana!

    Esta frase me ha encantado: viene el Presidente de la compañía de Japón y están preparando regalitos para los medios (”y yo ¿qué? ¡que soy la presidenta ejecutiva de Nihonica!” pensé), :D

    Besos! y que tengas una semana mas relajadita (aunque a lo mejor a ti te gusta asi).

     
  3. Elena, 24 de Febrero de 2008, 15:22

    De reservado nada.
    Lo sabíamos todos los clientes habituales hacía mucho.

    Pero sí.
    Una lástima que cierren.

    La mejor atención al cliente que he isto.
    A mí me preparaban la caja con lo que sabían que me gustaba y me lo bajaban al trabajo ( en la misma manzana). Con wasabi extra extra. Como me gusta.

    ains….

     
  4. Tormento, 24 de Febrero de 2008, 17:14

    josemari, y sin podernos hacer el Daikichi pendiente ¡Es que estamos gafaos!! Que no pase de la semana que viene..

    Henry, estoy destrozá, irrecuperable pa la vida. No por el tacón, que ya me he recuperado, sino por lo de mi japo. Y por lo del feo de los de Muji, que no están en lo que tienen que estar y me he quedao sin muñeco de trapo y sin copichuela :) En fin, que a mi me va el follón, para que te voy a metir a estas alturas de nuestra relación…

    Elena, ¡nos hemos quedao huérfanas! Teníamos que haber hecho como esos famosos que se unen para evitar que cierre/les cierren el pub en el que se ponían boligas, en plan encadenados a las mesas y dándole al sushi con extra de wasabi :) Bienvenida, por cierto.

    Besos a todos.

     
  5. josemaria, 24 de Febrero de 2008, 21:18

    Si es que tiene usted un mari-novio muy delicado señorita. Está feo eso dar envidia pero hoy estaba todo riquísimo: yakiudon, nasu-dengaku, la anguila asada, los makis y niguiris ¡ay!

    Ah, y el postre ha sido Juno. Ya se que esto va en el kiosko-pipas, pero apunta a Ellen Page con el oscar a la mejor actriz porque esa chica es tremenda. Es una pena que con su cuerpecito hay papeles que no podrá hacer nunca…

     
  6. Elena, 26 de Febrero de 2008, 15:15

    Encontré la página buscando en inet información sobre el kawara.
    Quería saber si alguien sabía algo más.

    Hum….

     

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