Ikebana para dummies. VI
Como ya os indiqué, sin kenzan no hay mambo. Su base suele ser de plomo para equilibrar el centro y aguantar el peso de las ramas inclinadas -como en el sinshoka de la foto-. Porque un elemento fundamental del Ikebana es el grado de inclinación de los distintos elementos.
Gracias a ello consigues darle movimiento al centro y crear sensación de profundidad. Y por ese motivo cuando has tumbado hacia delante las flores ver el centro por detras es una auténtica penita.
Como diría mi Sensei “cada rama tiene su posición, la que más luce”. Esto que puede parecer una chuminez, es algo completamente cierto.
Rotar una rama 10 grados hace que todo el centro cambie, y que de tener tu inicial bodrio pases a tener un ikebana de verdad. Este sencillo principio te lleva a interrogar con la mirada a la pobre rama, a la que giras como una peonza sin observala de verdad, intentando decidir cual es esa posición estupenda que hará de tu centro el orgullo de tu madre. Los dos primeros años se le pasan a una mirando alelada una rama intentando saber si lo que tu ves es lo que tendrías que estar viendo.
Como se aprende por observación, no tienes el recurso occidental de levantar la mano y preguntar qué hacer. Asi que tú colocas, que ya vendrá la Sensei con la rebaja a quitarla y a cambiarla de posición. Unas veces te explicará el cambio y otras tendrás que adivinar a qué se debe. Lo que tienes claro tras la corrección es lo mucho que el centro ha mejorado y si tienes interés, intentarás extraer de esa corrección una regla que te sirva para el futuro. Y no es sencillo porque cada material, cada flor es distinta de las demás. Así que la regla se refiere enteramente a cómo observar no a como colocar.
Cuando llevas mucho tiempo, es como conducir, la flor te dice ella solita como tienes que colocarla.
