Tronchada

Como el pobre muñequito de la foto hago una reverencia cercana a la humillación para pedir disculpas por mi falta de noticias desde Japón. Es que estaba asaltando las tiendas. Comprendo que es una pobre excusa, y, aunque tengo otras que son también ciertas y algo mejores no es cuestión de aburriros con ellas. Espero poder ponerme al día, una vez que los técnicos del emporio Chiquiworld editen videos, descarguen fotos y yo encuentre algo interesante que contaros.
Mientras, miro extasiada como una niña el día de reyes, todo lo que me he traído a mí misma y que ya ni me acordaba de que me lo había traído. Estoy fascinada con el cargamento de té. He echado una cuenta, al estilo de los árboles que iban a plantar cada partido si ganaban las elecciones, y he llegado a la conclusión de que, para consumirlo todo antes de que caduque, tengo que invitar a té a 100 personas diarias, eso sí, dispuestas a repetir.
Por ciertos algunas de las fotos, como la que ilustra esta entrada, son de mi amigo y compañero de cuitas Miguel Bañón. Gracias Miguel por dejarte la espalda cargando con ese pedazo de troncho y nutrirme de material gráfico.

Queda usted disculpada. El consumo es lo primero y más si es en otro país.
Estoy dispuesto a colaborar dejando que me invite a una taza de té o dos.
Gracias, Brujo, que andaba yo preocupada por quedar mal con los tres amigos que me leeis.
Estás desde ya apuntado en mi “festival del té de Uji”. Cuenta con más de un par de tazas.
¿Tronchada? Antes partía que doblá, que diría la ministra.