La vie en rose

De verdad que lamento insistir, pero es que en Japón cuando cogen una perra no la sueltan. Y yo tampoco.
Del sakura, como del cerdo, se aprovecha todo. Así que para mantener en el paladar estos bonitos momentos vividos, se elaboran a base de sakura desde postres hasta tés.
El té de sakura, a pesar de las experiencias dulces que me encuentro por la web, consiste en flores de cerezo de la temporada, conservadas en sal, que se prepara de la siguiente manera:
1. Caliente agua para té verde japonés o porque sí;
2. Hacer el té verde (enfriar el agua hasta 70 grados) o preparar directamente con el agua caliente;
3. Coger una flor y quitarle la sal en lo posible;
4. Poner la flor en una taza; y
5. Echar en la taza el té verde o el agua caliente.
Y si ya uno quiere morir sakurizado, se recomienda “sakura mochi” arroz glutinoso con pasta de azuki dulce (judía roja) envuelto en una hoja salada de arbol de cerezo. Está delicioso. Para mi gusto mejor con algo amargo como el matcha.
Como soy una caprichosa de a las que Dios va a castigar por manirrota, no pude resistirme a traer conmigo esta reproducción de sakura mochi de Ito-ya, la papelería pija del pijo Ginza. En realidad son dos toallitas para la cara.
Me hacían muchísima falta…
Soledad. Eso transpira la gente de Tokyo. Te montas en el tren. Todo el mundo lleva el móvil en ristre y nadie habla por él. No suena un sólo politono llamando a Cristina. Teclean y leen, leen y teclean. Y creía que chateaban, pero no, leían. Novelas para móviles. 


En la que fuera la casa del pintor japonés Seiho Takeuchi, se ubica uno de los sitios más elegantes de Kyoto. Manteniendo tradición, buen servicio y estupendos precios para los que malvivimos con el euro,
Hay todo una tipología de libros sobre Japón que aunan mi interés por este país y sus tradiciones y mi enganche con la novela policiaca y noire: los detectives japoneses de la época del shogunato. Hay varios, pero hoy sólo me voy a referir a Sano Ichiro. Me reservo los demás para esos días en que una no encuentra nada que contar (que son más que abundantes). 
La perfección de los japoneses llega a situaciones sorprendentes. Si digo que el mejor espresso que me he tomado no ha sido en Italia sino en Tokyo, pensaréis que no me he tomado un café decente en mi vida. Pues no, antes de darme al té compulsivamente me hice la vuelta al mundo tomando café y os aseguro que sólo he probado algo que se le acerca en Roma, en un bar famoso por su café donde haces fila de 20 en fondo para darte el chute e irte.
Como veis, me pongo insistente con el tema, pero es que los japoneses se ponen un poco monotemáticos y yo, que soy de Tokyo, también.
