Leaving Las Ventas

Leaving Las Ventas

Ser japonés y estar de visita en España debe ser, en sí, un shock de enormes proporciones sólo mitigado por el hecho de que vas escoltado a todas partes por el guía nativo de allí, que te pastorea a Loewe evitando que te levanten la cartera mientras te levantan la falda -esta técnica, verídica, la empleaban las gitanas-rumanas en Madrid para aturdir a las pobres japonesas mientras les volaban sus pertenencias-.

Si a las diferencias abismales les añades además las culturales, ser japonés y presenciar la corrida de ayer en Las Ventas supone un episodio traumático.

RosaJC y la Condesa de Estraza se apiadaron de mí y, con la compañía de la primera y el abono de la segunda - ¡Gracias, Condesa!- me planté en la Monumental de las Ventas en una corrida de faenita de aliño para hacer boca con vistas a la feria. Por cierto, Condesa, que me he quedado un poco bizca con los florones de su blog.

A lo que iba: había media entrada compuesta a partes iguales por parroquianos, turistas anglosajones viviendo su momento Hemingway, y turistas japoneses viviendo su momento “sangre y arena samurai”. Adelanto que siempre que voy a los toros sufro por aquellos que van por primera vez y hasta me entra una vergüencita del tipo “que pensarán estos señores de nosotros”. Será porque hace mucho que no veo una corrida decente y porque sin honor, a la antigua, no se justifica este “evento”. Y lo digo así a riesgo de que me mantée el sector pro-toro-vivo, encabezado por mi madre y continuado por los cursis modelo grupo de teatro alternativo de medio pelo que ayer saltaron al ruedo.

Viendo a los japoneses sentaditos en la plaza decidí ver la corrida como la verían ellos, como me he pasado viendo yo Japón durante quince días: interpretando los signos sin entender una patata del idioma.

LLegamos a la plaza llena de gente comiendo pipas y tirando al suelo las cáscaras ¡vaya ascazo para un japo! Salen unos señores vestidos de entre lamé y cretona antigua. Se paran, se callan y toda la plaza se levanta: silencio menos un señor que grita al fondo “pero quítate la gorraaaaaaa…”. Pensarán: qué solemnidad, claro, es que va a morir un hombre, el samurai de la manoletina. Pues no, es que se nos ha muerto un ex-presidente de gobierno y le dedicamos un minuto de silencio que acabamos aplaudiendo, esta una costumbre “moderna” para mí también incomprensible. En mi época no se aplaudía a los muertos ¡vaya falta de respeto!.

Empieza propiamente la corrida y el de la cretona hace movimientos incomprensibles, con toro, con unos caballos raros con unos don-quijotes encima, con más toro, con una espada, con un toro con espada al biés. Sin toro, saludando. Saltan unos señores con camiseta ¿serán las animadoras? Como van de negro a lo mejor son los kuroko y van a cambiar los elementos de este teatro de kabuki al aire libre. Anda, pero si hay otro vestido de cretona marrón que les está arrancando los papeles que llevan en las manos. Uy, y ese señor con puro que salta a la arena a canearles. Esto debe de ser un entremés humorístico para tenernos distraidos mientras cambian el escenario, pensarán los japos mientras el ganadero de la corrida arrea, junto con el carnicero de la plaza, a unos antiaurinos que se han tirado en plan esponténeo para protestar contra esta crueldad toril. Ahora salen unos señores de azul que les acompañan a la salida. Que interesante elemento artístico: a uno de los kuroku lo sacan por la puerta de chiqueros, como a un toro muerto, haciendo los de azul de mulillas ¡Qué simbolismo!

Aquí todo el mundo habla, da palmas, pita. Hay uno al fondo que de vez en cuando saca un paño blanco ¿estará malo? ¿se estará rindiendo? Y mira, este señor mitad dorado mitad colorado le ha puesto de moño de geisha la espada al toro y le mira fijamente, mientras otros señores no hacen más que molestarle con esas minifaldas rojas que llevan en las manos. Uy, si ha desaparecido la espada, y ahora el señor de oro y rojo le tira la espada al toro mientras corre. Este señor es un poco raro, no parece de buen samurai el tirar la katana a la fuga ¡le puedes rebanar la yugular a alguien!. Si tuviera honor, cometería sepuku en medio de la plaza. Pero en lugar de eso se va y deja al toro ahí, tirao, y salen unas vacas con cencerro ¿serán una representación de algún dios local?. Nos llama el guía, que se va el autobús.

Y vemos partir a los japoneses con la misma cara estupefacta con la que nosotros nos enfrentamos a su cultura, pensando que nunca lograremos comprenderles.

6 comentarios:

  1. Rosa J.C. (Trackback), 5 de Mayo de 2008, 21:55
     

    Salvador Vega no es samurai…

    La visión japo de la corrida de ayer en Nihonica.
    ……

     
  2. Enrique Meneses, 5 de Mayo de 2008, 23:28

    Muy bueno, Paloma !

     
  3. luis, 5 de Mayo de 2008, 23:43

    la mejor cronica de toros , desde K-Hito.

    luis

     
  4. Rosa J.C., 6 de Mayo de 2008, 2:07

    FLORITO RULEZ!

     
  5. La condesa de Estraza, 6 de Mayo de 2008, 2:20

    Bonita, es que yo soy una condesa muy Dolly Parton.

     
  6. Tormento, 15 de Mayo de 2008, 21:48

    Gracias, amigos. Estoy hundida en casa echando de menos la corrida de San Isidro: una combinación de quemaduras de primer grado y bajada de tensión.

     

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