Aquí se aprovecha todo
LLego a la reunión de trabajo que me llevó de viaje a Japón. Los organizadores nos regalan a los asistentes con mucha ceremonia lo que parece ser una pañoleta. En un encuentro lleno de ingenieros sin sentido del humor todo el mundo pone cara de paisaje.
Servidora que es una muñeca repollo empollona salta de alegría: en realidad el regalo es un furoshiki king size de los buenos, con el que puedo desde envolver mis kimonos, hasta llevar al hombro mis pertenencias, en plan hatillo nihónico. En Japón son los reyes de los envoltorios, de los nudos y de los atadillos. Sólo hay que tener en consideración que para vestirse un kimono hay que atarse cientos de cosas alrededor del cuerpo. Ni un botón, ni una cremallera, ni una hebilla, todo a base de doblar y atar.
Para los torpes, como yo, a continuación un how to.
Estos pañuelos, de todos los tamaños y calidades, valen tanto para envolver dinero de un regalo, las cajas en las que se guardan las tazas para la ceremona del té, hasta la o-bento tarteril. Yo he incorporado a mi vida diaria un furoshiki de Sibyla que compré en Tokyo hace un par de años y una tartera o-bento pa’ los mediosdías.
Tendriais que ver la cara de mis compis de trabajo cuando saco la tartera y los palillos. Un número.

Me quedo pasmao con la demostración del comienzo, pero despues… despues ya es una pasada!
El furoshiki que tiene el chico-demostracion tras el, en blanco y negro, el que envuelve la ropa, el que cuelga en la bici, etc.
Que barbaridad!, y los estampaos de los furos es que tambien están bien escogidos, son desde “pal insti” hasta “pa de copas” o “comunionses!
Curiosisimo Miss Nihonica!.
Besos!