Archivos del mes de Julio de 2008

Operación salida

Tormento les recomienda precaución y buena música de cassette en el atasco de la nacional.

Por gentileza de Pizzicato Five.

Chindogu

Reza la wikipedia que los Chindogu son “invenciones útiles e inaplicables en la realidad” a las que esta enciclopedia de todos como hacienda, le atribuye un origen milenario enraizado en la tradición japonesa.  Mi conocimiento no llega a tanto ni mi deseo de conocer esta tradición al punto de darme de alta en la International Chindogu Society dirigida por el muy casping Dan Papia-now-on-TV.

Yo prefiero ¡cómo no! a nuestro Chindogu Master cañí, Chiqui, que tiene la santa paciencia de rastrear la red en busca de inventos bizarros al unamuniano grito de ¡qué inventen ellos!, la sección semanal de Chiquiworld (empresa editora de este humirde blog, siguiendo el Libro de Estilo).

Para dar fe de que su vida privada es más aburrida que Médico de Familia, ha recopilado los 100 primeros números en una publicación en pedeefe, que se puede encargar en libro, con sus lomicos y tó, para ese amigo al que nunca sabes que regalarle porque “tiene de to y no le conoces los gustos porque somos todos unos superficiales”.

A ver si os animáis a comprarlo, que entre la crisis y los plazos del iPhone, no llegamos a cieneuristas.

Repeating please, please

Para enfrentarme al vacio abismal que se me abre en las entrañas cuando llegan las vacaciones, he decidido aprender japonés. Estoy considerando también el buceo y tirarme por la rampa de garage, pero imagino que son cuestiones más para mi director espiritual que para este blog.

Aunque soy de la generación X, y no de la Y, yo todo lo busco en Google, para acabar comprobando que no todo está en él. Por ejemplo, no encuentro muchas opciones para las clases presenciales, pero sí que he encontrado un curso de la radio nacional japonesa NHK que me hace sentir como pixie y dixie: Japón mi amor.

Suena un poco a esas películas en las que Carmen Sevilla salía cantando, enseñando las piernas, vestida de tuno con bandurria en ristre. Lo sé. Pero una vez superado este pequeño horror estético, el curso no puede estar mejor. El libro en pdf y las clases en mp3 son perfectas para el iTouch, aunque me miren mal en el metro mientras repito ojaiyogasaimas en voz alta. En las lecciones no sólo explican la expresión del día y su pronunciación, sino que te ayudan a comprender en qué contexto se usan o que giros son impropios de mi sexo y condición. Son muy formales, precisos, fiables y un tanto antiguos. O sea, muy japoneses.

Para los avanzados, tienen una sección de expresiones idiomáticas que se refieren a cuerpo humano, del estilo de nuestro “tener mala pata”. También hay una de haikus con la que aún no me he atrevido.

En el curso de japonés, vamos por la lección 36, y en las idiomáticas aún no hemos pasado del hombro ¡Nos esperan grandes cosas!

En mi otro repositorio, éste de consumo compulsivo, que es eBay ya me he agenciado las “medicinas” que aparecen en la foto: unas tarjetas para ir pasando Kanjies como quien pasa las cuentas de un rosario de dedo. Las había de patitos en japonés, pero no me hacen juego con la funda del o-bento.

¡Quiero volver al cole, ya!

Naruhito manchego

Naruhito manchegoHacia un un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no puedo acordarme, no ha mucho tiempo -hoy mismo- que la Tormi y su sensei, la de tijera en astillero, jarrón antiguo, culo flaco y coche corredor, se plantaron para hacer dos centros de Ikebana para el Príncipe Naruhito de visita por esas tierras.

Una hora escasa de algo más vaca que carnero, un café desabrido en cafetería cutre, duelos y quebrantos los sábados nos han acompañado en la ejecución de los centros, corre que te correrás, mientras alguna palomina de poca añadidura pretendía que, como unas floristeras de barrio, hiciéramos los centros en la planta baja según se sale del ascensor al lado de las fregonas, y que los subiéramos por las escaleras (los ascensores se acabaron bloqueando por motivos de seguridad).

Un ikebana en una sala que al final no pisará el príncipe para firmar, otro en una salita para el sólo en donde descansará y se cambiará para fotografiarse, en Consuegra, al lado de un Don Quijote de parque temático. A mí me toca este último y me emociono. No hay foto del ikebana porque estaba a contraluz. Le dejan al pobre un catering de curso de empresa, con té en platitos para que pierda bien el aroma. Lo peor, la silla de oficina con ruedas que meten en este improvisado vestidor para que descanse ¿No tenían nada más cómodo y apropiado para el herdero del trono del Crisantemo? Rogué por su bien y por el del sinshoka que no perdiese pie y saliese rodando.

No nos quedamos, ni nos invitan. Cuando volvemos para recoger, alguien les ha debido de informar de la jerarquía japonesa del lugar en que un sensei de Ikebana ocupa en la misma. Ahora sí nos invitan a todo y nos mandan un equipo de mocetones para ayudarnos. Uno de ellos sabe más de Ikebana que yo. Ingenieros con cartelito colgando de la pechera fotografían el centro. Y la palomina de poca añadidura quiere que se lo dejemos colocado en un plato de recuerdo de Toledo y en un cenicero corporativo. Va a ser que no. Mientras, un compañero le dice “ponte delante de la “planta” que te saco una foto”.

¡Que paciencia, Señor!