Un grito de amor desde el centro del mundo
La obra más vendida en Japón de los últimos años, Un grito de amor desde el centro del mundo, es un cursilada sin paliativos. Puede que a mi se me haya pasado ya la edad del pavo y que no me conmueva este pestiño edulcorado o será que me lo leí por exigencias del guión, pero lo que no se explica es que a la edad que calza Kyoichi Katayama ande escribiendo estas tontadas de diario adolescente.
Tontada que ya va por la segunda edición, lo que Alfaguara, que la publicó a finales de agosto, le estará sentando divinamente.
El libro, para los interesados, cuenta la inevitablemente inconclusa relación de dos jóvenes almibaradamente enamorados y japónicamente correctos, plena de ocasiones perdidas y amores imposibles por muerte de la novia a causa de una enfermedad lánguida y, obviamente, incurable.
Esta obra como os digo éxito de ventas en Japón, ha dejado en su país de origen rentables y abundantes secuelas en diversos formatos (una película -“Gritando amor desde el centro del mundo” de donde toma el libro la foto de portada-; una serie de 11 episodios -Sekai no chuushin de, ai wo sakebu-) y una pléyade de seguidores en el mundo manga, que cuenta también con su adaptación.
Por tanto, un número elevadísimo de personas que van a encontrar fatal mi crítica. Para otros será un estupenda ocasión de ahorrar dinero en tiempo de crisis (podéis leer el principio aquí).
Contundente demostración, en fin, de que lo cursi no es patrimonio del mundo occidental.
