Murasaki Milenaria || El naranjo y el cerezo

Empezar comprando “dulces del milenio” en los almacenes Daimaru en Kioto es desordenado pero muy conveniente en este viaje en el que uno saca el Indiana que lleva dentro intentando descifrar las pistas en busca del milenio perdido.

Hay que adelantar que, en Japón, no hay acto social ni celebración que se precie que no pase por un “depato”, un gran almacén. Uno puede quedarse a vivir dentro si lo desea, comenzando por el sótano donde está la comida y terminando por vestirse con un kimono completo en la sexta planta.

Los Daimaru reciben al visitante con una Murasaki a tamaño natural cargada con sus múltiples uchikis o junihitoe que recuerdan a la tristona y deprimida princesa Masako vestida para casarse con el heredero al trono del crisantemo, el Príncipe Naruhito. Habría sido estupendo quedarse a la exhibición de koto si hubiera sido posible encontrar a alguien que, aparte de la cortesía y la reverencia, manejase el inglés.

Pertrechado, pues, con un buen cargamento de dulces e inciensos, el viajero se lanza al turismo literario-compulsivo entre cerezos en flor (sakura). Los dulces van a venir bien para sobrellevar las visitas dispersas, si uno pretende pasear por Kioto o atravesarlo en uno de sus múltiples autobuses. Hay que desconfiar de la escala de los mapas, estar preparado para sufrir en el traslado y conservar algo de ánimo para disfrutar del destino.

Lugar omnipresente en los amores e intrigas del Genji, el Palacio Imperial de Kioto, fue un desgraciado complejo de construcciones que sufrió más de una reconstrucción a causa de varias destrucciones por fuego. Del original sólo queda el jardín Shinsen-en, o Jardín de la Fuente Divina, en donde se celebraban los banquetes y los concursos poéticos tan propios de la obra. El aplicado turista de pie tumefacto lo encontrará al sur del actual castillo de Nijo y aprovechará para tomar el primer pastelito tonificante.

El Palacio Imperial fue trasladado a su actual ubicación en 1331, a la que fuera una segunda residencia del emperador en la que se desarrolla parte de la novela. El Seiryoden, donde transcurre el Genji, se mantiene sobrio y sereno frente a una explanada de piedras rastrilladas. Se conserva en el actual Palacio buena parte la estructura del original que aparecía en la obra, como el pabellón ceremonial con los dos árboles emblemáticos de los reinos de la derecha (el tachibana o naranjo) y de la izquierda (el Sakura o cerezo) flanqueándolo.

Durante la visita –gratuita previa instancia- un turista de Corea del Sur fatiga a la guía de la Casa Imperial con su desacuerdo por la falta de colorines. Harta la funcionaria le responde flemática y un tanto despectiva “¿y porque habríamos de pintarlo todo de rojo?”, zanjando la cuestión con el pelmazo coreano.

1 comentario:

  1. Henry, 31 de Enero de 2009, 20:36

    Naranjos y cerezos me encantan. Los naranjos me relajan con su aroma y los cerezos la vista.

    Me ha encantado que el jardin Shinsen sobreviviese (menos mal) es bellisimo, no quiero imaginar lo que destruiria el fuego.

    El Castillo Nijo otra preciosidad.

    No deberia nadie, aplicar colores a lo ya creado, cada cosa y cada lugar tiene su color, aunque opinar se opine.

    Besos

     

Deja tu comentario: