Archivos del mes de Enero de 2009

Mis Reyes

Yo que soy mucho de que me hagan regalos y de regalar chorradicas, con el tiempo y la falta de ojo general para mis gustos (¡y mira que es fácil!), me encuentro con dinero (cada vez menos, a qué engañarnos) y me tengo que apañar yo los Reyes.

Y esto me pone triste porque, os confieso, mi vida se acabó a los 7 años, cuando una tal Susana le dió por ser sincera (cualidad que, desde entonces, como buena japonesa de pro, deploro). No recuerdo haber experimentado desde entonces una emoción tan intensa, tan pura, tan mágica. Tenía sólo 7 años y ya dejé de creer en cualquier cosa que no fuera tangible o demostrable. El ateísmo, al cabo de los años, estaba cantado.

Teniendo en cuenta la pila de años que llevo viviendo sin reyes, sin magia ¿alguien podría apiadarse de mi, olvidarse de mi avanzada edad y de su odio a estas fiestas, y dejar algo al lado de mi zapato de Prada? Vivir sin Dios y sin los Reyes Magos es una “jartá” de difícil. Y con crisis, ya ni os cuento.

Nota: los muñequitos de la foto, compra chorra y compulsiva en Subaquatica. El libro del Bardo de J. K. Rowling en edición facsimil editado por Amazon, el otro auto-regalo de Reyes mientras llega el esperado mecenas.

Genji Monogatari Sennenki

genji_emaki

Debido a compromisos que adquirí -pero que no fueron completados por la otra parte como me hubiera gustado- no os pude contar en su momento todo lo que hice y disfruté en Japón el pasado abril. Ahora liberada de ese compromiso os puedo confesar que, uno de los elementos centrales de mi viaje, fue hacer un recorrido sentimental por el Genji Monogatari con ocasión de su milenio.

No todos los días uno está en Japón celebrando que hace sólo 1000 años Murasaki Shikibu, la Cervantes japonesa, acababa su historia sobre el Príncipe Resplandeciente, y yo hice lo que debía: retroceder a un Japón anterior a los samuráis, un Japón delicado, de poemas y perfumes.

Publicaré en fascículos coleccionables, todos los domingos y sin necesidad de cartilla,  parte de este  recorrido. A lo mejor, si la autoridad lo permite, me escribiré una guía de viaje para nostálgicos y hastiados de perseguir maikos por Gion y, lo mismo, encuentro a algún loco que me la publique.

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