Retrato de Shunkin

retratodeshunkinContinúa Siruela la Colección Tanizaki con Retrato de Shunkin, obra breve y de crónica como lo fuera La madre de capitán Shigemoto. Desde que comenzamos la lectura del relato de amor desigual entre Mozuya Koto, conocida como Shunkin, y su sirviente Sasuke sabemos de qué pié cojea Tanizaki. La acomodada, y descrita como caprichosa, dama Shunkin se queda ciega de niña y para guiarla hasta a sus clases de koto y samisén se le busca un adecuado lazarillo que la acompañará, como sumiso alumno y amante devoto, por el resto de su vida, llegando incluso a mutilarse por no avergonzar a su maestra-amante.

A Tanizaki le desagrada Shunkin, en su insensible trato y en su carácter malcriado, tanto como le atrae este personaje y su mórbida relación con Sasuke. Algo tendrá esta dama, a la que Sasuke adora hasta el límite de compartir su lecho pero de mantener su estatus de esclavo en la casa de su maestra. La viste, la baña y no le discute que le niegue como marido, y cuando un enemigo de Shunkin la desfigura de modo terrible, Sasuke, en una actitud que solo se comprende en una cultura de la vergüenza, se la evita a su ama mutilándose horriblemente. Y es ante ese acto de amor supremo cuando Shunkin, por primera vez, muestra una emoción.

Sasuke no nos es extraño: es la fea Marianela de Galdós, la huérfana, deforme y enamorada del joven burgués ciego, Pablo, al que sirve de lazarillo. Ambos libros se plantean como crónica de historias reales, aunque en sus resoluciones son tan distintas como diferentes son las culturas de las que ambas obras son deudoras. No hay recuperación milagrosa de la ciega en Tanizaki sino que la relación de erotismo y vasallaje se profundiza morbosamente según llega a su final. Nada que ver, pues, con el canto a la ciencia y a la formación que Galdós nos propone.

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