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Clausurando

Devuelvo la acreditación olímpica con estupor ¿Quién es ese gañán que va por la vida como Alcalde de Londres? Nuestro querido Boris, despechugao como el hooligan que es, se dirige con paso firme junto al Alcalde de Pekín a tomar el relevo de la bandera olímpica. No sólo le pinga la chaqueta por detrás, sino que en su casa no le han enseñado que hay que llevarla abotonada. ¿Qué más dará ser así de maleducado con tus anfitriones, todos ellos abotonados hasta el colodrillo, cuando uno es hijo de la Gran Bretaña? Además, así se está más cómodo para meterse las manos en los bolsillos, también un gesto de mucho gusto y mucha educación que nos regala durante toda la ceremonia de entrega. Ondea pobremente la bandera y cuando la suelta hace ese gesto tan bonito tipo Homer Simpson, puño cerrado ¡yujujuuuuuu!, hemos ganaoooo.

Este refinado comportamiento sólo es mejorado por una performance con carroza de carnavales de barrio que representa el Londres olímpico. Una cantante vestida con las cortinas de un salón de bodas de los que sale la tarta del techo, preludia la aparición de Beckham que, sonrisa de por medio, pega una patada sosa a un balón como broche final.

¡Lo que debe de sufrir la tía Lilibeth con estas cosas!

Díselo con flores

En algún momento post-alcohólico debí de colocal en la categoría “legal” de mi bloglines la página Aprende chino hoy. Por este motivo la tenía más desatendida que a los libros que se apilan en mis estanterías. He visto que contiene información bilingüe y abundante sobre esta China hipervitaminada y hormoolimpizada de la que tanto hablamos estos días. Interesante, sin duda, para aprender algo de chino si ya sabes bastante chino. Si no, disfruta de las costumbres locales en perfecto castellano.

Como ikebanaka de pro me quedo con la entrada publicada hoy, decicada al momento “rosas” que dice mucho sobre las grandes diferencias entre la cultura china y la japonesa: la primera, muy española, le gusta el número y la ostentación; a la segunda, ya sabéis, tanta flor le parece una horterada. Pero hoy estoy con el alma de Caribe Mix y siempre es bueno evitarse meteduras de pata en culturas lejanas. Así que si no tiene uno suficiente con descifrar “casitas” hay que adivinar los mensajes ocultos en el número de rosas que te regalan:

  • Una rosa: “eres mía”, perfecto regalo del maltratador celoso.
  • Dos: “el mundo es para nosotros dos”. Suena a ataque del Doctor No.
  • Tres: “te amo”. Todo un clásico del cine hollywoodiense.
  • Cuatro : “nos amaremos hasta la muerte”. Rollo boda católica, uffff
  • Cinco: “te aprecio con todo mi corazón”. Suena a momento catalán.
  • Seis: “nos respetamos, nos amamos, nos perdonamos” y nos volvemos a arrear. Suena a pareja a gorrazos.
  • Siete: “te amo en secreto”. No tan en secreto, que todo el mundo en China sabrá que significa este envío.
  • Ocho: “te agradezco tu cuidado y tu apoyo”. Para mandar a quien te ha recomendado en las oposiciones.
  • Nueve: “hasta siempre”. Opción elegante al corte de mangas.
  • Diez: “nada le falta a nuestro amor, es perfecto”. Pues ¿para qué regalar rosas?
  • Once: “sólo me preocupo por ti”. Suena a Los Panchos…
  • Doce: “mi amor por ti crece cada día”. Y continúan Los Panchos cantando.
  • Cien: “cien por cien de amor”. Es como una etiqueta del H&M.
  • Y por fin, 365 rosas, “pienso en ti cada día” y soy un hortera de bolera.

No me imagino el pleito a Interflora si en vez de mandar 10 ponen 9 rosas en el ramo. Un dramón.

Mañanas olímpicas

Me levanto estos días con la ilusión de ver las noticias desde la cama y no hago más que encontrarme gente en mallas haciendo actividad física variada: voley playa con grititos beachboys en chino, ciclistas por la muralla china, y hoy, unas señoras a cual más tocha levantando pesas a todo trapo.

Las hay serenas, chonis, rurales matrioskas y una china más hormonada que una vaca con clembuterol que levantaría sobre sus hombros el estadio olímpico si el partido se lo pidiera.

En las bambalinas, 200 chinos vestidos del azul de la organización recogen las tablillas con los pesos que van a levantar las deportistas. Mientras cinco miran, sólo dos trabajan con cierta indecisión: una lee los datos y otra los introduce con miedo, mirando por encima de las gafas, en el ordenador.

Sueldos baratos. Eficiencia poca.

Cartón piedra

Como de deportes entiendo poco o nada, me entretengo leyendo sobre la intrahistoria de estos juegos que tan bien relata José Reinoso en El País.

En su estupendo Pekín Potemkin nos cuenta lo que no hay detrás de los decorados almerienses de cartón piedra que es esta nueva China de millonarios estratosféricos y pobres de solemnidad. Leyéndole recuerdo un paseo a la salida del Lama Temple camino del Templo de Confucio, al que no pude entrar porque lo estaban alicatando hasta el techo, imagino que con el patrocinio de American Express como la Ciudad Prohibida.

Entre los hutongs no tomados por los guías turísticos y sus ricksaws encontré un salón de té casero y pequeño donde tuve uno de esos instantes de felicidad y calma que no abundan. Leo a Reinoso y me espanto pensando que cuando vuelva me encontraré una disneylandia como Xintiandi en su lugar.

Tengo que reconocer que en ese mismo paseo contemplé desde fuera uno de esos baños comunitarios, sin puerta, sin cubículos separados, en donde ves a la gente en plena faena depositoria desde la mismísima calle. Esas calles llenas de porquería y cochambrera, donde la gente vive amontonada a tres pasos, pero literales, de los rascacielos y las tiendas más ofensivamente caras del mundo.

Pienso que todos tenemos derecho a desear y tener unas mejores condiciones de vida y que estos hutongs tan poéticos para los que tenemos agua corriente, no son más que chabolismo de teja negra. Pienso, también, que se puede manterner el sabor del centro de Pekín sin tener que hacer tabula rasa y ponerlo todo de plástico malo. Imagino que si se hiciera respetuosamente las comisiones y los sobres que tanto abundan a base de guanxi serían más magros.

Por lo pronto, a mi ya me han jorobado el té que pensaba tomarme allí en mi próxima (y cercana) visita.

Tormi Olímpica

Normalmente soy la Tormi enfadosa, la Tormi ikebanaka, la Tormi anti-futbolismo, la Tormi mariliendre. Pero hoy soy la Tormi copiota. He visto la acreditación que RosaJC se ha mercado en La Villa, que es el quiero y no puedo pequinés que TVE ha montado para los que nos hemos quedado sin fandango olímpico - algo como el Hawai-Bombay
-es-un-paraíso-que-a-veces-yo-me-monto-en-mi-piso pero en digital y muy mono-, y me he hecho una. No me digáis que no salgo cómoda para andar por el humedal beijinés.

Pues ya que me he acreditado, no me va a quedar más remedio que hacer la crónica de estas olimpiadas desde el más absoluto de los desconocimientos, como se espera de cualquier blogger metomentodo.

Empezaré por la ceremonia inaugural, que me perdí en su total integridad. No sabía -típico en mí-que la dirigía Zhang Yimou, un esteta de manual desde Sorgo Rojo, y que el vestuario era de Eiko Ishioka, diseñadora de los ropajes del Drácula de Coppola o de la Bjorg más japónica. Así salieron todos dando brincos como en Hero y vestidos divinamente. Me sorprendió que a los comentaristas deportivos les llamara la atención todo lo que hay para admirar en los 5000 años de historia china. Parece que Mao les hubiera borrado a ellos también el cerebro.


Vía :: La Villa

Nótese el detalle de que los números están en caracteres chinos (proto-kanjis) y en cristiano. Es que en mi curso de kanjis casero ya voy por el número 10, ya se escribir “padre”, “madre” y “hacer gestiones”. Todo muy útil.

Por cierto que ando como loca buscado la apertura completa, pero sin los señores con banderas que me parecen un tostón ¿Alguien tiene el dividi?