Clausurando
Devuelvo la acreditación olímpica con estupor ¿Quién es ese gañán que va por la vida como Alcalde de Londres? Nuestro querido Boris, despechugao como el hooligan que es, se dirige con paso firme junto al Alcalde de Pekín a tomar el relevo de la bandera olímpica. No sólo le pinga la chaqueta por detrás, sino que en su casa no le han enseñado que hay que llevarla abotonada. ¿Qué más dará ser así de maleducado con tus anfitriones, todos ellos abotonados hasta el colodrillo, cuando uno es hijo de la Gran Bretaña? Además, así se está más cómodo para meterse las manos en los bolsillos, también un gesto de mucho gusto y mucha educación que nos regala durante toda la ceremonia de entrega. Ondea pobremente la bandera y cuando la suelta hace ese gesto tan bonito tipo Homer Simpson, puño cerrado ¡yujujuuuuuu!, hemos ganaoooo.
Este refinado comportamiento sólo es mejorado por una performance con carroza de carnavales de barrio que representa el Londres olímpico. Una cantante vestida con las cortinas de un salón de bodas de los que sale la tarta del techo, preludia la aparición de Beckham que, sonrisa de por medio, pega una patada sosa a un balón como broche final.
¡Lo que debe de sufrir la tía Lilibeth con estas cosas!
Como de deportes entiendo poco o nada, me entretengo leyendo sobre la intrahistoria de estos juegos que tan bien relata José Reinoso en El País.