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BlogDay ‘08

A pesar de que soy muy poco de memes y actos verbeneros, este año me apunto al BlogDay para que no me echen más la bronca por insolidaria. Parece que he de dar a conocer al mundo cinco blogs que no tengan nada que ver con esto del Japón y que valga para hacer esto tan típico de “aquí Mari Punch, aquí un conocimiento del taller”. Yo sigo siendo muy analógica, pero aquí va mi intento:

Retorno a Manderlay: Blog indispensable para todos los que adoramos la memorabilia cinéfila. Además, llevo tiempo queriendo levantarle a Henry su inseparable Danvers para mi mansión en los Hamptons.

El blog de Techu: A pesar de ser un “blog de empresa”, su contenido sobre lo mejor y lo más rastrero de la caja tonta está a la altura de la gran profesional que es Techu. Espero que este peloteo le recuerde que me ha prometido llevarme a ver el espectáculo de la Esteban comiendo porras en el bar de Telecinco.

Rosa J.C.: Aunque es más conocida que “La Chelito” y no necesita presentaciones (y menos las mías), Rosa J.C. es la persona indispensable de la blogosfera hispana. Si aún no la conoces, estás tardando.

Hello Kitty Hell: El mayor manifesto en inglés anti-Hello Kitty que, paradójicamete, mejor informa sobre todas las novedades de esta gata tan cargante. El autor, preso de una esposa enamorada de Kitty, es un digno heredero del wit inglés.

Indigencia: Blog de un ahora ex-indigente que te agarra la garganta y no te la suelta. Ninguno estamos tan lejos de la calle como pueda parecer.

Mañanas olímpicas

Me levanto estos días con la ilusión de ver las noticias desde la cama y no hago más que encontrarme gente en mallas haciendo actividad física variada: voley playa con grititos beachboys en chino, ciclistas por la muralla china, y hoy, unas señoras a cual más tocha levantando pesas a todo trapo.

Las hay serenas, chonis, rurales matrioskas y una china más hormonada que una vaca con clembuterol que levantaría sobre sus hombros el estadio olímpico si el partido se lo pidiera.

En las bambalinas, 200 chinos vestidos del azul de la organización recogen las tablillas con los pesos que van a levantar las deportistas. Mientras cinco miran, sólo dos trabajan con cierta indecisión: una lee los datos y otra los introduce con miedo, mirando por encima de las gafas, en el ordenador.

Sueldos baratos. Eficiencia poca.

Tormi Olímpica

Normalmente soy la Tormi enfadosa, la Tormi ikebanaka, la Tormi anti-futbolismo, la Tormi mariliendre. Pero hoy soy la Tormi copiota. He visto la acreditación que RosaJC se ha mercado en La Villa, que es el quiero y no puedo pequinés que TVE ha montado para los que nos hemos quedado sin fandango olímpico - algo como el Hawai-Bombay
-es-un-paraíso-que-a-veces-yo-me-monto-en-mi-piso pero en digital y muy mono-, y me he hecho una. No me digáis que no salgo cómoda para andar por el humedal beijinés.

Pues ya que me he acreditado, no me va a quedar más remedio que hacer la crónica de estas olimpiadas desde el más absoluto de los desconocimientos, como se espera de cualquier blogger metomentodo.

Empezaré por la ceremonia inaugural, que me perdí en su total integridad. No sabía -típico en mí-que la dirigía Zhang Yimou, un esteta de manual desde Sorgo Rojo, y que el vestuario era de Eiko Ishioka, diseñadora de los ropajes del Drácula de Coppola o de la Bjorg más japónica. Así salieron todos dando brincos como en Hero y vestidos divinamente. Me sorprendió que a los comentaristas deportivos les llamara la atención todo lo que hay para admirar en los 5000 años de historia china. Parece que Mao les hubiera borrado a ellos también el cerebro.


Vía :: La Villa

Nótese el detalle de que los números están en caracteres chinos (proto-kanjis) y en cristiano. Es que en mi curso de kanjis casero ya voy por el número 10, ya se escribir “padre”, “madre” y “hacer gestiones”. Todo muy útil.

Por cierto que ando como loca buscado la apertura completa, pero sin los señores con banderas que me parecen un tostón ¿Alguien tiene el dividi?

The Lego Brick

Reconozco que como blogger soy un desastre: leo más en papel que en la pantalla porque me paso t’ol día enganchada a cosas electrotrónicas aburridísimas y mi naturaleza inconstante necesita cambiar a otros formatos.

Me fijo en RosaJC a ver si aprendo algo, pero comprendo que necesitaría un cambio de lóbulo temporal para poder seguir su ritmo.

Así que esto me lleva a que no me entero de nada hasta que alguien más majo que yo me deja un comentario.

Gracias a Araque he descubierto la página The Lego Brick en la que se me cae le babilla viendo el CineExin, los legos y los Cilcs que mi despiadada madre lanzó a la basura en cuanto me di la vuelta para tontear con el chico del 2ºB. Gracias a esta iniciativa me quito el mono, pero no el del shushi.

Repeating please, please

Para enfrentarme al vacio abismal que se me abre en las entrañas cuando llegan las vacaciones, he decidido aprender japonés. Estoy considerando también el buceo y tirarme por la rampa de garage, pero imagino que son cuestiones más para mi director espiritual que para este blog.

Aunque soy de la generación X, y no de la Y, yo todo lo busco en Google, para acabar comprobando que no todo está en él. Por ejemplo, no encuentro muchas opciones para las clases presenciales, pero sí que he encontrado un curso de la radio nacional japonesa NHK que me hace sentir como pixie y dixie: Japón mi amor.

Suena un poco a esas películas en las que Carmen Sevilla salía cantando, enseñando las piernas, vestida de tuno con bandurria en ristre. Lo sé. Pero una vez superado este pequeño horror estético, el curso no puede estar mejor. El libro en pdf y las clases en mp3 son perfectas para el iTouch, aunque me miren mal en el metro mientras repito ojaiyogasaimas en voz alta. En las lecciones no sólo explican la expresión del día y su pronunciación, sino que te ayudan a comprender en qué contexto se usan o que giros son impropios de mi sexo y condición. Son muy formales, precisos, fiables y un tanto antiguos. O sea, muy japoneses.

Para los avanzados, tienen una sección de expresiones idiomáticas que se refieren a cuerpo humano, del estilo de nuestro “tener mala pata”. También hay una de haikus con la que aún no me he atrevido.

En el curso de japonés, vamos por la lección 36, y en las idiomáticas aún no hemos pasado del hombro ¡Nos esperan grandes cosas!

En mi otro repositorio, éste de consumo compulsivo, que es eBay ya me he agenciado las “medicinas” que aparecen en la foto: unas tarjetas para ir pasando Kanjies como quien pasa las cuentas de un rosario de dedo. Las había de patitos en japonés, pero no me hacen juego con la funda del o-bento.

¡Quiero volver al cole, ya!

Naruhito manchego

Naruhito manchegoHacia un un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no puedo acordarme, no ha mucho tiempo -hoy mismo- que la Tormi y su sensei, la de tijera en astillero, jarrón antiguo, culo flaco y coche corredor, se plantaron para hacer dos centros de Ikebana para el Príncipe Naruhito de visita por esas tierras.

Una hora escasa de algo más vaca que carnero, un café desabrido en cafetería cutre, duelos y quebrantos los sábados nos han acompañado en la ejecución de los centros, corre que te correrás, mientras alguna palomina de poca añadidura pretendía que, como unas floristeras de barrio, hiciéramos los centros en la planta baja según se sale del ascensor al lado de las fregonas, y que los subiéramos por las escaleras (los ascensores se acabaron bloqueando por motivos de seguridad).

Un ikebana en una sala que al final no pisará el príncipe para firmar, otro en una salita para el sólo en donde descansará y se cambiará para fotografiarse, en Consuegra, al lado de un Don Quijote de parque temático. A mí me toca este último y me emociono. No hay foto del ikebana porque estaba a contraluz. Le dejan al pobre un catering de curso de empresa, con té en platitos para que pierda bien el aroma. Lo peor, la silla de oficina con ruedas que meten en este improvisado vestidor para que descanse ¿No tenían nada más cómodo y apropiado para el herdero del trono del Crisantemo? Rogué por su bien y por el del sinshoka que no perdiese pie y saliese rodando.

No nos quedamos, ni nos invitan. Cuando volvemos para recoger, alguien les ha debido de informar de la jerarquía japonesa del lugar en que un sensei de Ikebana ocupa en la misma. Ahora sí nos invitan a todo y nos mandan un equipo de mocetones para ayudarnos. Uno de ellos sabe más de Ikebana que yo. Ingenieros con cartelito colgando de la pechera fotografían el centro. Y la palomina de poca añadidura quiere que se lo dejemos colocado en un plato de recuerdo de Toledo y en un cenicero corporativo. Va a ser que no. Mientras, un compañero le dice “ponte delante de la “planta” que te saco una foto”.

¡Que paciencia, Señor!

Hasta los mismísimos

Una de las ventajas de tener un blog que no lee nadie es poder decir lo que a una le venga en gana. Pues bien, rodeada de calor, habiendo tomado el jardín de mi casa unos señores de barriga cervecera pertrechados de cornetas y una tele a todo trapo, estoy a punto de sufrir el síndrome de Stendhal pero a la inversa: estoy al borde de que me de un pasmo por horror estético.

Odio el fútbol, pero no es un odio improvisado, es un odio con solera, repensado y revenido que se remonta a mi infancia de “Carrusel deportivo” en coche paterno y tarde de domingo. En aquel entonces era un odio intuitivo, de dolor de oído y aburrimiento inmenso, cuando en las casas sólo había una tele y tocaba ver el partido por cojones, por mandato divino. Es oir el sonsonete de comentarista deportivo y ponerme mala.

Con los años la cosa ha ido a peor: me ha ido poniendo mala por la estética que lo rodea y porque sigue siendo un hecho sacrosando e indiscutido que justifica parar una ciudad, cambiar las agendas de las reuniones e incluso suspender eventos culturales. Porque la parroquia prefiere el fútbol y porque no se avergüenza de ello, al contrario, lo pone por encima de cualquier otra consideración. Pongamos un ejemplo: hay que fijar una reunión importantísima para tratar un tema urgentísimo. A mi ni se me pasa por la cabeza decir “no puedo, tengo Ikebana” o “no puedo, que me voy a dar un siatsu” ¡qué poco profesional!, pero a nadie se le menea un pelo si alguien dice ¡es que hay partido! Y siempre es el partido del milenio del mes de abril, así que a nadie se le ocurre colocar la reunión en esa maldita tarde de fútbol, que hay que ir al puto palco o a hacer la cabra montesa delante de la tele.

Y pongo el fútbol a la altura de mi ikebana porque no es más que una afición personal que no ha de interferir en la vida de los demás. Lo más grave es que el fútbol está, además, por encima de razones de peso, que se mira con mayor indulgencia que cuestiones importantes. Y pienso en esas madres trabajadoras a las que las miran con mala cara por salir chutando de las reuniones para cuidar de sus hijos, mientras su marido sale como un machote por la puerta a trote cochinero para ver el fútbol. ¡Cuanto más hace por el bien de la patria el segundo que la primera, que, ya se sabe, se tenía que haber quedado en casa fregando!

En fin, que no se equivoque De la Vega: el día que en el pocker cotidiano pese tanto mi siatsu o los hijos de mis compañeras como el partido de fútbol, ese día histórico, será el día de la igualdad real y habrá que ponerlo en los calendarios.

Y ya para que me echen del país confieso: haciendo mío el estilo de vida egocentricofutbolero, estoy rogando para que pierda España y así dormir a a pata suelta. Si no, me pasaré la noche en vela debatiéndome entre morir de calor por cierre de ventana o morir por ataque de bocinazo de orgullo patrio.

Adelanto: no siento tener este sentimiento aunque, como buen odio que es, sí que siento que me ocupe tanto.

Aquí se aprovecha todo

LLego a la reunión de trabajo que me llevó de viaje a Japón. Los organizadores nos regalan a los asistentes con mucha ceremonia lo que parece ser una pañoleta. En un encuentro lleno de ingenieros sin sentido del humor todo el mundo pone cara de paisaje.

Servidora que es una muñeca repollo empollona salta de alegría: en realidad el regalo es un furoshiki king size de los buenos, con el que puedo desde envolver mis kimonos, hasta llevar al hombro mis pertenencias, en plan hatillo nihónico. En Japón son los reyes de los envoltorios, de los nudos y de los atadillos. Sólo hay que tener en consideración que para vestirse un kimono hay que atarse cientos de cosas alrededor del cuerpo. Ni un botón, ni una cremallera, ni una hebilla, todo a base de doblar y atar.

Para los torpes, como yo, a continuación un how to.

Estos pañuelos, de todos los tamaños y calidades, valen tanto para envolver dinero de un regalo, las cajas en las que se guardan las tazas para la ceremona del té, hasta la o-bento tarteril. Yo he incorporado a mi vida diaria un furoshiki de Sibyla que compré en Tokyo hace un par de años y una tartera o-bento pa’ los mediosdías.

Tendriais que ver la cara de mis compis de trabajo cuando saco la tartera y los palillos. Un número.

La vie en rose

Té de Sakura

De verdad que lamento insistir, pero es que en Japón cuando cogen una perra no la sueltan. Y yo tampoco.

Del sakura, como del cerdo, se aprovecha todo. Así que para mantener en el paladar estos bonitos momentos vividos, se elaboran a base de sakura desde postres hasta tés.

El té de sakura, a pesar de las experiencias dulces que me encuentro por la web, consiste en flores de cerezo de la temporada, conservadas en sal, que se prepara de la siguiente manera:

1. Caliente agua para té verde japonés o porque sí;

2. Hacer el té verde (enfriar el agua hasta 70 grados) o preparar directamente con el agua caliente;Toallitas

3. Coger una flor y quitarle la sal en lo posible;

4. Poner la flor en una taza; y

5. Echar en la taza el té verde o el agua caliente.

Y si ya uno quiere morir sakurizado, se recomienda “sakura mochi” arroz glutinoso con pasta de azuki dulce (judía roja) envuelto en una hoja salada de arbol de cerezo. Está delicioso. Para mi gusto mejor con algo amargo como el matcha.

Como soy una caprichosa de a las que Dios va a castigar por manirrota, no pude resistirme a traer conmigo esta reproducción de sakura mochi de Ito-ya, la papelería pija del pijo Ginza. En realidad son dos toallitas para la cara.

Me hacían muchísima falta…

The Garden Oriental Kyoto

The Garden Oriental KyotoEn la que fuera la casa del pintor japonés Seiho Takeuchi, se ubica uno de los sitios más elegantes de Kyoto. Manteniendo tradición, buen servicio y estupendos precios para los que malvivimos con el euro, The Garden Orental Kyoto es el local perfecto para refrescarse en medio de las compras y visitas de templos del Nene no Michi o para cenar y tomar una copa. Y viendo un espléndido jardín con la pagoda Yasaka al fondo.

Por lo que vimos, está fuera del recorrido de los viajes organizados de nosotros los extranjeros, lo que es en sí ya es una garantía de tranquilidad. Aunque pille de camino a Kiyomizu-dera y al lado del templo Kodaiji.

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