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Ikebana

Lord EnshuComo buena parte de la generación del Cuéntame (yo soy de la “quinta” de la hija pequeña, ¡eh!) he pasado del antaño popular “con flores a María” al “camino de la flor” (Kado) o Ikebana, que queda más japo y moderno.

Moderno aquí, porque lo que es en Japón ya tiene unos siglitos. La escuela a la que pertenezco la fundó Lord Enshu hará unos 400 años (quinquenio arriba, siglo abajo) y concentra en sus cinco estilos mucho de la visión estética de los japoneses: la asimetría, el movimiento, la búsqueda de los espacios (que no de los huecos) y la imitación de la naturaleza. La melancolía, la perfección y la conciencia del paso del tiempo representado en la sucesión de estaciones se refleja en cada centro de ikebana.

Hay mucha literatura sobre el origen del Ikebana. La escuela Ikenobo, que tiene en el centro de Kyoto un edificio como el del BBVA, se autoproclama la fundadora de un arte que nació como ofrenda a Buda. Posteriormente se desarrolló como un arte masculino practicado por los samurais y las mujeres de sus familias.

Os iré contando como pasa una de las Hermanas de la Caridad al Japón milenario sin morir en el intento.

Casarse por eBay

KimonoCuando una se enfrenta ya talludita al sarao de “contraerse” lo primero que se pregunta es por qué ha de firmar un disclaimer a la peluquera de pueblo para que la haga un moño italiano sin pasar por tres pruebas anteriores y por qué ha de someterse al humillante y carísimo momento de encajarse en un traje de novia mientras unas dependientas anoréxicas se tronchan por lo bajinis mientras te dicen que el modelo lorcero que te estás probando te queda ideal.

Reto a cualquiera a que me diga si alguna vez han visto con sus propios ojos una novia guapa. Pero de verdad. Pintadas como puertas, peinadas por Luis XIV y embutidas en trajes blanco roto (por lo de la virginidad perdida), pasamos de la discreta pero sosa a la exuberante rebosante. Y lo peor, fotografiadas todas para la posteridad.

Así que como yo no iba a tener la suerte de escaparme del horror, por lo menos decidí que no me costara mucho. Pensé que si una sólo se viste de novia una vez (porque la segunda ya no te pillan) habría alguien que vendería su traje en eBay.

Y así me hice con un Uchikake de boda japonés en seda blanca (81 euros, gastos de envío incluidos desde Kanazawa-Japón) que hizo las veces de abrigo; un traje de novia del mismo color con escote palabra de honor en Lola’s Boutique, en Dallas, Texas (62 euros gastos de envío incluidos), y un set Hakoseko (47 euros gastos de envío incluidos desde Japón) que incluía el Obi y Obi-jime (faja y cordón que lo sujeta), una carterita, un abanico, y un puñal de esposa samurai con funda de seda que no llevé dentro del Obi para que a mi entonces futuro no le diera un pasmo. El ramo de flores lo hizo espontáneamente una amiga el día anterior paseando por las montañas asturianas.

Lo que de verdad vale, los amigos que estuvieron, no tiene precio.

Ésta, es que es de Tokio…

Puente de TokaidoAsí me va presentando una amiga, que ha decidido que mi plomez con Japón sólo se justifica siendo del propio Tokio, a la misma altura del Nihonbashi (literalmente, Puente del Japón, punto 0 del Tokaido).

Podría haber decidido presentarme diciendo que soy medio-lela o que me ha entrado el clásico snobismo por lo oriental que tan de moda se lleva. Pero ella, que me aprecia y me conoce, sabe que es verdad, que soy de Tokio. Como enviada especial de ChiquiWorld para asuntos japónicos y ahora desde este humilde espacio os brasearé convenientemente desde aquí sobre el Japón más tradicional para entender el Japón más moderno.

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