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Packaging

Los japoneses son los reyes del empaquetado, de las cajitas, de los papeles, de los nudos perfectos. Una compañera ikebanaka que reside en Japón, me mando una caja de “algo” en agradecimiento por hacerle su centro en la exposición del 35 aniversario (igualito que aquí). Tras quitarle el papel del envoltorio (la foto salió movida) me encontré esta caja envuelta en papel de arroz.

Pastas

Tras desatar cuidadosamente el nudo para rehacer la caja, aparecieron estos paquetitos…

Pastas 2

….. que resultaron contener estas galletas de arroz, de consistencia parecida a la del pan de gambas (pero sin la grasaza propia de la comida china) de distintos sabores, dulces unos, salados otros. Tanto trabajo para envolver tan poco. Se explica bien por qué están tan delgados.

Pastas 3

Ikebana para atletas

Ikebana para atletas

He decidido introducir una nota de color en la sección de ikebana y cambiarle temporalmente el nombre.

A la vista del nuevo estilo floral que impera en Japón, parece que va a ser necesario hacerse con un cuerpo compacto a la vez que equilibrado y olímpico para no matarse desde lo alto de la escalera que estos nuevos centros requieren. Aún no he decidido si me gusta, lo que suele querer decir que me gusta poco.

Este centrazo conmemora el primer aniversario del Museo Suntory. Bueno, lo de museoooooo, vamos a dejarlo. Me guardo para otro post lo que opino sobre el uso de la palabra “museo” en este país.

Ikebana para dummies. VII

IkebanaYa no puedo retrasar más lo inevitable: entrar en faena con esto del ikebana. Una servidora no cuenta entre sus gracias con la capacidad descriptiva que, por cierto, siempre me ha resultado pesadísima como lectora; en cuanto un autor le dedica a una descripción más de una página me ha perdido por completo. Espero que no me pase con vosotros.

Comprenderéis el gran salto que para mí es explicaros el primero de los estilos de mi escuela y el de todas: el moribana. Es el estilo más moderno (sólo tiene unos cien añitos), ya no necesita la rigidez del tokonoma y permite el uso de flores occidentales.

Este estilo, como todos por cierto, tiene los siguientes elementos:

- Shin, que es la rama (hoja en este caso) más alta y vertical. Hay mucha literatura sobre que el shin representa al cielo, el do al hombre y el tome a la tierra, y que el shin es una especie de pararrayos que transmite la energía del cielo y la tierra al hombre. Yo que soy menos espiritual me ahorraré esas explicaciones y me quedaré en la técnica. El shin puede ir vertical como en esta foto o inclinado hacia fuera. Este sería un moribana inclinado u oblicuo, que tiene reglas geométricas diferentes al moribana estricto.

- Hikae: es la rama que queda tras el shin y que tiene una altura de dos terceras partes de éste. Esta rama tiene la función de otorgar profundidad al centro.

- Gió: normalmente en diagonal al shin y más inclinado está el gió (a la derecha en la foto). Tiene por funcion equilibrar el centro, si va al lado contrario del shin, y crear el “universo” o espacio entre las ramas, que es la verdadera finalidad de este estilo. Puede ir al mismo lado que el shin y el hikae pero, al principio, resulta complicado hacerlo así; sin experiencia, queda muy poco armonioso. Shin, hikae y gio son siempre del mismo material.

- Tome: va en un material distinto a los elementos anteriores y siempre al lado contrario del gió. En la foto, es la hoja grande. Su posición es siempre más baja que el gió, como si se pretendiera tocar el suelo pero sin que caíga hacia abajo lo que le quita energía. Incluso cuando se usan tomes que cuelgan del jarrón (en el nageire por ejemplo) la punta siempre tiene que levantarse hacia arriba.

- Do: son las flores, siempre en número impar. Su colocación es dificultosa y depende siempre del tipo de flor. Con el tiempo se aprende a colocarlas dependiendo de su tipo. Hay que evitar colocarlas a la occidental. Como veis en la foto, están a distintas alturas y profundidades.

No os desaniméis si los primeros moribanas os salen como antenas parabólicas. Hace falta no sólo práctica sino conocimiento de los materiales y de los colores de éstos y del propio jarrón.

Adelanto: no encontraréis esta nomeclatura en ninguna parte, lo que os complicará la búsqueda bibliográfica. En esencia todo lo que veais será similar, aunque este moribana es menos recargado que el que encontraréis por ahí, incluso en Japón donde cada vez les gustan más los floroncios.

Espero vuestras fotos.

Queda inaugurado este pantano

Kimono

Gracias a RosaJC tenemos el documento inaugural de la exposición de ikebana y bonsái y esta foto de mis pinreles de chica de kimono que parece un cartel de Sara Baras.

Os tengo que reconocer que salir por Madrid vestida de japonesa ha sido toda una experiencia: motarse en un coche con el torso inmobilizado por el obi es un número, pero también es sorprendente como te convierte en japonesa de inmediato. Al pasar a ser una mujer embutida en el corsé que es el obi hacer la reverencia o economizar en movimienos viene solo. Sentarse a la occidental es un suplicio, lo que convierte la idea de arrodillarte en algo cómodo y conveniente. Andar a pasos pequeños es la únikimonoca opción de que el kimono no se te abra y que no pierdas una chancleta. Me pregunto como hay mujeres en Japón que aún lo usan y se montan en los autobuses con ello puesto. Se entiende, pues, perfectamente, por qué el movimiento feminista de principios del siglo XX hicieron de quitarse el corsé un acto reivindicativo.

A pesar de todas las incomodidades tengo que reconocer que la experiencia vale la pena. Mientras no sea a diario….

35 años no son nada

IkebanaPara todos aquellos que llegáis a mi vida digital a golpe de búsqueda “cómo atar el obi” o “ikebana cómo hacer centro de mesa” y para aquellos que os habéis feedeado “Ikebana para dummies” tengo un gran anuncio que haceros: los días 12, 13 y 14 de marzo (de 11 a 20 horas) y el 15, sábado (de 10 a 13 horas) si estáis en Madrid podréis ver ikebanas en directo en la Sala de Exposiciones del BBVA (Paseo de la Castellana, 81).

Mi escuela, centenaria en Japón, hace su 35 aniversario en España y olé el próximo martes y nos vamos a hacer unos centros, con unos amiguetes que retuercen árboles pequeñitos, como celebración por el cumpleaños y como sentido homenaje, por la fecha que es.

Como no os puedo invitar a la inauguración y con este post os he escamoteado un fasciculillo, me ofrezco a haceros de guía si hay suficiente gente para montar un “sake & blogs”. El jueves 13 sería un buen día.

Interesados dirigirse a tormento_arroba_nihonica.com.

Ikebana para dummies. VI

Ikebana para dummies IVComo ya os indiqué, sin kenzan no hay mambo. Su base suele ser de plomo para equilibrar el centro y aguantar el peso de las ramas inclinadas -como en el sinshoka de la foto-. Porque un elemento fundamental del Ikebana es el grado de inclinación de los distintos elementos.

Gracias a ello consigues darle movimiento al centro y crear sensación de profundidad. Y por ese motivo cuando has tumbado hacia delante las flores ver el centro por detras es una auténtica penita.

Como diría mi Sensei “cada rama tiene su posición, la que más luce”. Esto que puede parecer una chuminez, es algo completamente cierto.

Rotar una rama 10 grados hace que todo el centro cambie, y que de tener tu inicial bodrio pases a tener un ikebana de verdad. Este sencillo principio te lleva a interrogar con la mirada a la pobre rama, a la que giras como una peonza sin observala de verdad, intentando decidir cual es esa posición estupenda que hará de tu centro el orgullo de tu madre. Los dos primeros años se le pasan a una mirando alelada una rama intentando saber si lo que tu ves es lo que tendrías que estar viendo.

Como se aprende por observación, no tienes el recurso occidental de levantar la mano y preguntar qué hacer. Asi que tú colocas, que ya vendrá la Sensei con la rebaja a quitarla y a cambiarla de posición. Unas veces te explicará el cambio y otras tendrás que adivinar a qué se debe. Lo que tienes claro tras la corrección es lo mucho que el centro ha mejorado y si tienes interés, intentarás extraer de esa corrección una regla que te sirva para el futuro. Y no es sencillo porque cada material, cada flor es distinta de las demás. Así que la regla se refiere enteramente a cómo observar no a como colocar.

Cuando llevas mucho tiempo, es como conducir, la flor te dice ella solita como tienes que colocarla.

Sin red. Kawara y Muji

MujiEl jueves pasado salí de casa mal calzada lo que, en un Madrid, es una mala decisión. Día primaveral, tacón de 10 centímetros, portátil al hombro y mucho que te voy que te vengo. Resultado: pie como bota malaya.

Me dije, pues ya que te toca tremenda reunión en viernes tarde, cógete la tarde del jueves libre y date un paseíllo (esto fue antes de que las medias se adhirieran a las plantas de mis pies como si fueran alquitrán caliente). Llamé a mi japo como hago siempre para que me fueran preparando mi chirashisushi.

Hace años me metí por la calle de la Aduana para acortar y me encontré un restaurante japonés que no conocía, caserillo y con una camarera borde, Baby, que me echó con cajas destempladas. Lo regentaba un matrimonio japonés. Era el Kawara. Volví y seguí volviendo y mi constancia callada me convirtió en una habitual que podía llegar cuando estaba cerrado y a la que la servían sin preguntar. El último año llegué al colmo de la perfección: llamaba y al llegar mi mesa estaba puesta, con los palillos que eran sólo para mí y mi tetera. Me sentaba y, ante el estupor de los que llevaban media hora esperando, salía mi comida.

En navidades me informaron de manera reservada que iban a cerrar. No les iba bien. Me apené mucho, no porque fuera el mejor sushi que he comido (su arroz era el mejor del mundo) sino porque, en una ciudad llena de restaurantes japoneses regentados por chinos a los que les va de fábula, la honradez y buenos precios del Kawara no han sido suficientes. La mala noticia esperada llegó por fin: “Tormento-san, cerramos el martes. Lo sentimos mucho.

Me tiré a la calle a un sitio de estos fashion a quitarme las penas y, como esperaba, comí normalito y me pegaron un tortazo con la cuenta. Estoy apurando el café. Suena el teléfono. Es el señor Ikenaga, dueño de un restaurante japonés de pata negra decorado con esmero, donde este mes me toca el turno de hacer los Ikebanas. “Tormento-san, las flores del moribana de la ventana ¡caídas! ¡¿venir cuando pueda a arregarlas?!” Pienso: mañana, mal día. Hoy, pies como berenjenas. Vale, hoy. Segundo tortazo de la tarde: compro las flores donde pillo, floristería pija de la Calle Serrano. No tengo tijeras pero lo apaño con unas de papel que me prestan. Un corte aquí, otro en el tallo. Quedan las flores como prediseñadas para el centro, ¡con lo que han costao ya pueden!

Me siento delante del centro derrengada mientras pasa la señora mayor de todas las tardes mirando al escaparate como siempre. Y también, como siempre, se para y me dice a través del cristal que ha quedado muy bonito. Como siempre. Doy las gracias con un gesto. Me queda un buen rato para llegar al teatro donde voy a ver Las Bizarrías de Belisa. Uff, y con los pies al pil-pil.

Venga, Tormi, me animo, que seguro que andando se te pasa. Y encamino mis pasos vacilantes a Muji, tienda de una cadena japonesa que ha abierto en la ya saturada y saturante calle Fuencarral. Entro por una puerta lateral y veo que está medio vacía y llena de gente poniendo focos y colgando grullas de origami gigantes hechas con el papel de las bolsas de la tienda.

Diseñador mariquita super-cool por aquí moviéndose mucho y no haciendo nada. Montador de luces como el guitarrista de Leño currando a todo trapo. Bolsas llenas de cosas ignotas preparadas. Parece una presentación. Nadie me molesta. Subo, bajo y me esfuerzo por llevarme algo. Lo que es significativo en una persona tan caprichosa como yo. Porque en Muji todo es útil y te solventa problemas cotidianos con buenos materiales, sencillez y calidad. Es como las desaparecidas a mi pesar cacharrerías: no eran nada fashion pero encontrabas de todo. Sin embargo Muji, por mor de los cursis y de las notas de prensa hiperbólicas, parece ser el culmen de lo cool. Pues no lo es. Si necesitas un pastillero práctico o un neceser de viaje con botellitas neutras es el sitio.

Subo las escaleras traqueteante. Voy a pagar y pregunto que pasa. Es la inauguración oficial, viene el Presidente de la compañía de Japón y están preparando regalitos para los medios (”y yo ¿qué? ¡que soy la presidenta ejecutiva de Nihonica!” pensé), y la tienda está cerrada pero no han querido molestarme ya que estaba dentro. Pensé: esto si que es japonés de verdad. Si hubiese sido en la cacharrería de mi barrio me habrían echado con cajas destempladas. Aunque, claro, no habrían invitado al presidente a venir a la inauguración desde Japón.

Nota: Sin red va de que nos plantamos en los sitios (nada de navegar ni tirar de notas de prensa de autobombo) y contamos lo que vemos. Uy, me ha salido el nos mayestático. Perdón.

Ikebana para dummies V: Ikebana must have (y 2)

UzumakiAquí volvemos, una semana más, a la teletienda ikebanística para consumidores compulsivos. En los must del Ikebana moderno no puede faltar un uzumaki, o apaño verbenero, para hacer Nageire, lo que viene siendo el estilo en jarrón alto en el que hay que hacer bricolage con las ramas, atarlas y demás monerías para que se tumben pero no se caigan. Esto que parece una tontada es moldeable y al hacerlo un burruño o una pelotilla y meterlo en un jarrón consigues grados de inclinación que sin aparataje resultarían un desastre total.

Los pobres kenzanes de los meneos que les damos acaban con las púas tumbadas, así que los japos. que son muy puestos en puntos, han inventado el levanta pinchos de doble uso que tanto recupera la erección de las púas como limpia entre medias.

Entrando en el cuidado facial de las tijeras, el Sabitoru permite quitar la roña del filo de la hoja de la tijera; y como los ikebanas se montan en la clase, se desmontan, y se vuelven a montar en casa o el lugar de destino, necesitas una bolsas de transporte. No valen las del Corte Inglés porque son muy cortas y muy anchas, y queda poco práctico ir en plan fallera mayor con las flores a la cadera ya que las ramas, generalmente largas, son de sacar ojos si no de romperse. Cuando te montas en el metro con la bolsa y los ramajes, la gente se te queda mirando con cara rara, dudando si llevas flores o un AK-47 dentro.

Para terminar esta bonita entrada, hemos de referirnos a los jarrones y recipientes. Os tengo que confesar que su mundo es como los de los bolsos de temporada, son muchos y si no los combinas adecuadamente, el centro puede resultar un tanto choni. Así que atención: cada estilo requiere un jarrón o recipiente. Al cambiar de escuela y, en muchos casos, de estilo, hay que tener gran cuidado en el recipiente elegido. Mientras que este jarrón sería adecuado para hacer un Shinshoka de la escuela Ensyu, éste sería el adecuado para un Rikka de la superpoderosa escuela Ikenobo. Un par de ejemplos más: para el estilo nageire y para hacer un moribana.

¡Hala! ¡A gastar!

Ikebana para dummies. IV. Ikebana must have

KenzanUna de las ventajas que tiene aficionarse a algo, es la cantidad de cacharritos que uno se empeña en poseer. Empiezas con unas tijeras del Leroy Merlin y una bolsa del Caprabo, y acabas teniendo una colección de bolsas de transporte que no se las salta un gitano, como una de la que me emperré y que se convierte en mandil de flores a lo Brie Van de Kamp.

La desventaja de esta afición es que no es la típica que te puedan regalar en el amigo invisible. Todo o casi todo lo que necesitas hay que traerlo del mundo exterior. Así que, como dirá cualquiera de las/os periodistas de investigación que escriben en las revistas de moda, estos son los Ikebana must have de esta semana:

  • Unas tijeras o hasami, que son especiales para Ikebana. Aunque ahondaremos en este fascinante mundo en sucesivas ocasiones, dos consejos para empezar: compraros unas de jardinería para cortar tallos de flores y arbustos nomalitos y, por favor, no os plantéis en clase con unas tijeras de bonsaí. Aparte de inadecuadas e incómodas (te pegas unos pellizcos de mucho cuidao) el filo es diferente y el corte no es igual.
  • Un pincho o kenzan. Mientras que todas las demás chumineces tienen sustitutos al alcance de la mano, sin kenzan no hay Ikebana. Es cierto que el estilo Nageire no lo necesita, y que hay otros elementos que lo sustituyen como el hana-dome (que requiere más habilidad que el kenzan), pero sin esta cama de faquir en miniatura no podréis hacer nada. Ni se os ocurra utilizar la esponja verde de floristería en su lugar. No sólo es fea y en un ikebana se vería entera sino que no te permite aguantar el centro ni colocar el material. En próximas entrega os contaré por qué.

La semana que viene hablaremos de los complementos sin los que una ikebanaka supertrendy no puede salir de casa.

Ikebana para dummies. III

TokonomaCon el ego bajo y las tijeras en ristre volvemos una semana más a darle al floripondio. Ya que tenemos claro que no sabemos nada, vamos a intentar fijar algunos conceptos técnicos a los que acudir en caso de duda.

1. El Ikebana como toda la estética japonesa se basa en la economía de medios. Nadie entenderá que os plantéis con dos flores y cinco ramas en su casa a la hora de comer, pero es lo que hay. Sabréis que estáis en el buen camino cuando al ver un ramazo de flores penséis ¡qué desperdicio! o ¡me haría 20 centros con lo que hay en esa corona! Cuando tengáis que reprimir la necesidad de robar en un entierro es que vivis el kado (camino de la flor) más que los buenos modales.

2. El Ikebana es asimétrico. Los japoneses creen que la simetría rompe el ritmo, que en un centro de flores como un hongo de los pitufos no hay movimiento. Y tienen razón. Nunca encontraréis dos floreros uno a cada lado de la mesa con el mismo contenido.

3. Consecuencia de lo anterior es que se huye de los números pares. En el estilo más sencillo y que primero atacaremos, el moribana (bosque de flor) hay un mínimo de tres ramas. Luego le sumas un número par de flores para que el resultado siga siendo impar (cinco) y así hasta que te dejen.

4. Los centros de Ikebana estrictos y más clásicos tienen un problema que los hace muy poco populares en bodas-bautizos-comuniones: se hacen para ser mirados de frente. Por detrás son horrorosos, así que no permiten una visión de 360 grados. Por este motivo, mi querido Moeh, nunca pueden ser centros de mesa, a no ser que sean de estilo libre. El motivo es bien simple y lo apreciareis en la foto de arriba: están pensados para decorar el tokonoma, especie de escaparate-altarcillo que preside la habitación principal de una casa japonesa. El tokonoma es el lugar de honor con respecto al que se ordena, por ejemplo, como te sientan en un banquete o en la ceremonia de té. Contiene un ikebana o un bonsai y una pintura o caligrafía que cambia dependiendo de la época del año o del acontecimiento que se celebre.

5. El Ikebana copia a la naturaleza y es estacional. No hagáis nunca en primavera un centro con salix o repollo como el de la pasada semana. Hay que aprovechar el sakura y la naturaleza en su verdor. Para el verano, los jarrones de cristal y los centros que recuerden a agua, para aguantar el calorazo húmedo que hace en Japón.

Y no doy más consejos, que aparte de irme a un número par, ya os he apostolado suficientemente por hoy.

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