Archivos de la categoría 'Japónica'

Shinchan

Estoy de luto: el creador de Shinchan, Yoshito Usui, ha aparecido muerto en una montaña tras varios días de estar desaparecido.

Shinchan es un enano enseñador de culo que se pone por montera todas las buenas costumbres y por eso me produce un embobamiento total.

Aunque supongo que habrá alguien que continúe dibujando a la familia Nohara, algo me dice que no será lo mismo. Sniff.

Honorable meishi

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Con lo complicado que el ritual de intercambio de tarjetas (meishi) en Japón, me pregunto si ésta hay que montarla al recibirla o al llegar a casa. Todo un reto.

Foto via :: Pen Olson

El loto y el robot

lotusandrobot1Este verano de nuestra desesperanza, ante el páramo de tener que recurrir al jingle de INGDIRECT en sustitución de la canción del verano, me he dado a la relectura. No es que no tenga lectura pendiente: entre los caprichos, las rarezas y los nórdicos no doy abasto. Pero, en tiempos de mudanza, no hay mejor cosa que volver a los principios. Mi principio en el mundo japonés, como ya he contado, fue Vallejo-Nágera. Releo su biografía de Mishima y me doy cuenta que todo lo que sé de Japón se lo debo a él. Sobre todo, todo lo que sé de cómo mirar Japón.

En esta relectura, encuentro una cita a una obra que se me pasó en mi infancia: El Loto y el Robot. Corría el año 87 cuando me compré el libro de Vallejo-Nágera en el cortinglé, tiempos en que no había gugel, ni amazon ni cristo-que-lo-fundó, así que hacerse con una obra antigua, en otro idioma, era un lujo reservado para los cultos y los que que viajaban.

Ahora, en una semana una librería de la América profunda me manda mi ejemplar y yo lo comparto con vosotros, mis improbables lectores.

El Loto… es un libro bicefalo: la parte del león se la llevan las experiencias yóguicas del autor en la India, aunque el título de la obra se refiere a la segunda parte, a la dedicada a Japón. Este libro repite la pareja de conceptos de Ruth Benedict sobre Japón: el crisantemo y la espada de antes de la Segunda Guerra Mundial se convierten, en un país sin ejército, en el loto y el robot. Si resulta imprescindible la obra de Benedict  para entender la moral japonesa, la que subyace en todos sus gestos y obras, la de Koestler es la puerta al entendimiento del Japón de post-guerra, al contemporáneo.

Koestler es del grupo de personas, entre las que me cuento, que hemos superado el enamoramiento del mundo de la flor (sea esta loto o crisantemo) y nos atrevemos a mirar Japón con el sentido crítico que te hace poner a pingar a alguien de la familia.

Para desengrasar antes de la vuelta al cole.

Kit-kat con denominación de origen

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Kit-kat de té verde de Uji. Si alguien pilla uno, que comparta …. aunque parece que tendré que volver a Uji para probarlo.

Visto en :: Un español en Japón

Uji

Uji no es sólo la deliciosa ciudad a las afueras de Kyoto conocida por ser la capital del té japonés. Es además la ciudad donde transcurren los últimos 10 capítulos del Genji Monogatari. Pero de esto, ya hablaremos más adelante.

Recupero este vídeo de japonesas vistiendo kimono y agitando el té machá en barcos que, indolentes, pasean a los visitantes por el río que atraviesa esta ciudad.


Tormento en Uji from chiqui on Vimeo.

Uji tiene mucho de Kyoto antiguo suspendido en el tiempo, como sus casa de té mirando al río. Por eso, y por no estar en los circuitos de turismo extranjero, Uji es una visita que merece, en mi opinión, sacrificar la planeada a Hiroshima o a Nara.

Además, para alguien que lleva a Murasaki en su nombre de ikebanaka y que bebe  té verde a espuertas,  Uji es el sitio donde dejarse los ahorros. Allí experimenté de verdad el erotismo de la ceremonia del té, con sus movimientos elegantes precisamente ejecutados por una maestra de la casa de té municipal, que nada tiene que ver con nada a lo que nosotros le pongamos el “municipal” como apellido. Os recomiendo la experencia siempre que podáis vivirla en soledad, lo que no siempre es posible.

Coleccionismo para recordar

Cuando vivía en Nueva York en medio de otro delirio parecido a la burbuja que acabamos de estallar, estaba tan apasionada y era tan joven, que me dió por coleccionar cajas de cerillas de todos los bares, restaurantes, chiringuitos y demás lugares de esparcimiento por los que pasaba.

Las guardé hasta hace poco.

Debería haber seguido los pasos de Michael y no haberlas tirado. Él ha conseguido hacer un delicioso repaso de los locos 20 en Japón, lleno de nostalgia.

The Lego Brick

Reconozco que como blogger soy un desastre: leo más en papel que en la pantalla porque me paso t’ol día enganchada a cosas electrotrónicas aburridísimas y mi naturaleza inconstante necesita cambiar a otros formatos.

Me fijo en RosaJC a ver si aprendo algo, pero comprendo que necesitaría un cambio de lóbulo temporal para poder seguir su ritmo.

Así que esto me lleva a que no me entero de nada hasta que alguien más majo que yo me deja un comentario.

Gracias a Araque he descubierto la página The Lego Brick en la que se me cae le babilla viendo el CineExin, los legos y los Cilcs que mi despiadada madre lanzó a la basura en cuanto me di la vuelta para tontear con el chico del 2ºB. Gracias a esta iniciativa me quito el mono, pero no el del shushi.

Operación salida

Tormento les recomienda precaución y buena música de cassette en el atasco de la nacional.

Por gentileza de Pizzicato Five.

Repeating please, please

Para enfrentarme al vacio abismal que se me abre en las entrañas cuando llegan las vacaciones, he decidido aprender japonés. Estoy considerando también el buceo y tirarme por la rampa de garage, pero imagino que son cuestiones más para mi director espiritual que para este blog.

Aunque soy de la generación X, y no de la Y, yo todo lo busco en Google, para acabar comprobando que no todo está en él. Por ejemplo, no encuentro muchas opciones para las clases presenciales, pero sí que he encontrado un curso de la radio nacional japonesa NHK que me hace sentir como pixie y dixie: Japón mi amor.

Suena un poco a esas películas en las que Carmen Sevilla salía cantando, enseñando las piernas, vestida de tuno con bandurria en ristre. Lo sé. Pero una vez superado este pequeño horror estético, el curso no puede estar mejor. El libro en pdf y las clases en mp3 son perfectas para el iTouch, aunque me miren mal en el metro mientras repito ojaiyogasaimas en voz alta. En las lecciones no sólo explican la expresión del día y su pronunciación, sino que te ayudan a comprender en qué contexto se usan o que giros son impropios de mi sexo y condición. Son muy formales, precisos, fiables y un tanto antiguos. O sea, muy japoneses.

Para los avanzados, tienen una sección de expresiones idiomáticas que se refieren a cuerpo humano, del estilo de nuestro “tener mala pata”. También hay una de haikus con la que aún no me he atrevido.

En el curso de japonés, vamos por la lección 36, y en las idiomáticas aún no hemos pasado del hombro ¡Nos esperan grandes cosas!

En mi otro repositorio, éste de consumo compulsivo, que es eBay ya me he agenciado las “medicinas” que aparecen en la foto: unas tarjetas para ir pasando Kanjies como quien pasa las cuentas de un rosario de dedo. Las había de patitos en japonés, pero no me hacen juego con la funda del o-bento.

¡Quiero volver al cole, ya!

La vie en rose

Té de Sakura

De verdad que lamento insistir, pero es que en Japón cuando cogen una perra no la sueltan. Y yo tampoco.

Del sakura, como del cerdo, se aprovecha todo. Así que para mantener en el paladar estos bonitos momentos vividos, se elaboran a base de sakura desde postres hasta tés.

El té de sakura, a pesar de las experiencias dulces que me encuentro por la web, consiste en flores de cerezo de la temporada, conservadas en sal, que se prepara de la siguiente manera:

1. Caliente agua para té verde japonés o porque sí;

2. Hacer el té verde (enfriar el agua hasta 70 grados) o preparar directamente con el agua caliente;Toallitas

3. Coger una flor y quitarle la sal en lo posible;

4. Poner la flor en una taza; y

5. Echar en la taza el té verde o el agua caliente.

Y si ya uno quiere morir sakurizado, se recomienda “sakura mochi” arroz glutinoso con pasta de azuki dulce (judía roja) envuelto en una hoja salada de arbol de cerezo. Está delicioso. Para mi gusto mejor con algo amargo como el matcha.

Como soy una caprichosa de a las que Dios va a castigar por manirrota, no pude resistirme a traer conmigo esta reproducción de sakura mochi de Ito-ya, la papelería pija del pijo Ginza. En realidad son dos toallitas para la cara.

Me hacían muchísima falta…

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