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Genji Monogatari Sennenki

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Debido a compromisos que adquirí -pero que no fueron completados por la otra parte como me hubiera gustado- no os pude contar en su momento todo lo que hice y disfruté en Japón el pasado abril. Ahora liberada de ese compromiso os puedo confesar que, uno de los elementos centrales de mi viaje, fue hacer un recorrido sentimental por el Genji Monogatari con ocasión de su milenio.

No todos los días uno está en Japón celebrando que hace sólo 1000 años Murasaki Shikibu, la Cervantes japonesa, acababa su historia sobre el Príncipe Resplandeciente, y yo hice lo que debía: retroceder a un Japón anterior a los samuráis, un Japón delicado, de poemas y perfumes.

Publicaré en fascículos coleccionables, todos los domingos y sin necesidad de cartilla,  parte de este  recorrido. A lo mejor, si la autoridad lo permite, me escribiré una guía de viaje para nostálgicos y hastiados de perseguir maikos por Gion y, lo mismo, encuentro a algún loco que me la publique.

Hombres salmonela en el planeta porno

Para subir el ánimo tras la lectura de cualquier tristeza de Kawabata, nada mejor que una astracanada de Yasutaka Tsutsui sacada de su colección de cuentos “Hombres salmonela en el planeta porno” (Atalanta), primera obra completa traducida de este autor.

A pesar de que el compañero de viaje en metro piense que uno se está dando a la literatura erótica y al bondage –la imagen de portada es un tanto equívoca- Tsutsui “el guru de la metaficción”, inspirador de mangakas, zoólogo y freudiano aficionado, nos ofrece seis relatos surrealistas refrescantes y muy poco habituales para lo que se expende en Japón.

Todos son estupendos, pero el del fumador simplemente profético.

Botchan

Dentro del literario interés con que los nipones contemplan la individualidad, la traducción de “Botchan” de Natsume Soseki, elegantemente editada por Impedimenta, nos promete sonrisas sin fin durante su lectura.

Obra muy leída en su país, “Botchan” requiere de un fino conocimiento de lo que se considera inconveniente en Japón para que al lector occidental le haga tanta gracia como al nativo.

Describe excelentemente, como también lo hace Kirino de manera más descarnada, lo mezquino de una educación que vive pendiente de convenciones sociales de enorme rigidez.

Botchan es el bocazas que pone en evidencia, enarbolando una lógica de párvulo, las absurdas situaciones a las que da lugar el sistema de deberes que rige la sociedad japonesa. De ahí que nuestro simple Botchan, el metepatas, sea un auténtico libertario.

Soseki es un viejo conocido del que ya se han traducido varias obras al castellano: “Yo, el gato” (Trotta, 1999), “Kusamakura: almohada de hierbas” (Kaicron 2008) , “Kokoro” (Gredos, 2003) o Mon (Miraguano Ediciones).

El autor de cabecera de Sánchez Drago: su gato se llama Soseki y Kokoro, el libro en el que se cuenta como sobrevivió a una operación de corazón a todo trapo. Que este dato no os aleje de su lectura.

Tanizaki por partida doble

Siruela ha comenzado con “La madre del capitán Shigemoto” una nueva colección sobre la obra de Junichiro Tanizaki, poco o nada traducido al castellano, aunque muy conocido por el opúsculo publicado por esta misma editorial, “El elogio de la sombra”.

Tanizaki publicó en 1928 una versión moderna del Genji Monogatari al tiempo que comenzó un regreso vital a las tradiciones.

Del Genji toma prestado una anécdota referida al seductor Heiju, amante de la madre del capitán Shigemoto, para construir una obra mitad novela, mitad ensayo, ambientada en la época Heian.

Muy formalista, llena de referencias a texto completo sobre poesía clásica o de historias de gloriosas batallas, la colección se ha continuado con la publicación de “El cortador de cañas”.

Obra breve pero de densa lectura a causa de tanta cita erudita, “El cortador de cañas” es una delicada obra de viaje no sólo físico, sino a la memoria y a los deseos, en el que un hombre culto y de la edad de Tanizaki conversa con un extraño rodeado de la melancolía kamakura sobre, de nuevo, la historia de pasión imposible del padre del paseante.

Todo muy japonés.

Un grito de amor desde el centro del mundo

La obra más vendida en Japón de los últimos años, Un grito de amor desde el centro del mundo, es un cursilada sin paliativos. Puede que a mi se me haya pasado ya la edad del pavo y que no me conmueva este pestiño edulcorado o será que me lo leí por exigencias del guión, pero lo que no se explica es que a la edad que calza Kyoichi Katayama ande  escribiendo estas tontadas de diario adolescente.

Tontada que ya va por la segunda edición, lo que Alfaguara, que la publicó a finales de agosto, le estará sentando divinamente.

El libro, para los interesados, cuenta la inevitablemente inconclusa relación de dos jóvenes almibaradamente enamorados y japónicamente correctos, plena de ocasiones perdidas y amores imposibles por muerte de la novia a causa de una enfermedad lánguida y, obviamente, incurable.

Esta obra como os digo éxito de ventas en Japón, ha dejado en su país de origen rentables y abundantes secuelas en diversos formatos (una película -“Gritando amor desde el centro del mundo”  de donde toma el libro la foto de portada-; una serie de 11 episodios -Sekai no chuushin de, ai wo sakebu-) y una pléyade de seguidores en el mundo manga, que cuenta también con su adaptación.

Por tanto, un número elevadísimo de personas que van a encontrar fatal mi crítica. Para otros será un estupenda ocasión de ahorrar dinero en tiempo de crisis (podéis leer el principio aquí).

Contundente demostración, en fin, de que lo cursi no es patrimonio del mundo occidental.

Coleccionismo para recordar

Cuando vivía en Nueva York en medio de otro delirio parecido a la burbuja que acabamos de estallar, estaba tan apasionada y era tan joven, que me dió por coleccionar cajas de cerillas de todos los bares, restaurantes, chiringuitos y demás lugares de esparcimiento por los que pasaba.

Las guardé hasta hace poco.

Debería haber seguido los pasos de Michael y no haberlas tirado. Él ha conseguido hacer un delicioso repaso de los locos 20 en Japón, lleno de nostalgia.

Mes literario en Nihonica

Por cortesía de Amazon tengo dos ejemplares de la última obra de Natsuo Kirino traducida al inglés, Real World. Uno de ellos se entregará al final de noviembre al comentario más brillante en su brevedad que se reciba en este humilde blogecillo.

Además, en este dos por uno tan anti-crisis, a lo largo de este mes comentaré los libros japoneses publicados o adquiridos en 2008 que me ha dado por leer.

Y, por supuesto, enseñaré a quien quiera leerme qué hacer con esa rama de pruno pachucha guardada para la  lección suspendida de “Ikebana para dummies”.

¡Vuelve Tormi!

Chindogu

Reza la wikipedia que los Chindogu son “invenciones útiles e inaplicables en la realidad” a las que esta enciclopedia de todos como hacienda, le atribuye un origen milenario enraizado en la tradición japonesa.  Mi conocimiento no llega a tanto ni mi deseo de conocer esta tradición al punto de darme de alta en la International Chindogu Society dirigida por el muy casping Dan Papia-now-on-TV.

Yo prefiero ¡cómo no! a nuestro Chindogu Master cañí, Chiqui, que tiene la santa paciencia de rastrear la red en busca de inventos bizarros al unamuniano grito de ¡qué inventen ellos!, la sección semanal de Chiquiworld (empresa editora de este humirde blog, siguiendo el Libro de Estilo).

Para dar fe de que su vida privada es más aburrida que Médico de Familia, ha recopilado los 100 primeros números en una publicación en pedeefe, que se puede encargar en libro, con sus lomicos y tó, para ese amigo al que nunca sabes que regalarle porque “tiene de to y no le conoces los gustos porque somos todos unos superficiales”.

A ver si os animáis a comprarlo, que entre la crisis y los plazos del iPhone, no llegamos a cieneuristas.

Más Natsuo Kirino

María, lectora de este blog (¡gracias María!) y que parece haberse apuntado también a la tribu Kirino, me pregunta si hay más libros de esta autora aparte de Out. La verdad es que sí, pero no en castellano.

Llevo rastreando a Kirino desde el 2005 con muy poco éxito, a pesar de publicar un libro por año en perfecto japonés desde 1993. Encontré Disparitions en francés en la “casa de Japón” de París y Grotesque en inglés trasteando en Amazon. Ninguna llega a impactar tanto como Out aunque mantiene el nivel de perversa japonesería.

Estoy esperado a que llegue el 15 de julio en que se publica la traducción al inglés de Riaru warudo -Real World. Ya os contaré. Mientras espero que, a la vista del éxito de Out algún alma caritativa de esas que les gusta ganar dinero, se anima a traducir las obras de Kirino.

Su segura compradora.

Out. Natsuo Kirino

OutA riesgo de ser simplista (lo que soy por naturaleza), clasificaría la literaura japonesa que me he echado a la cara en dos tipos: los melancólicos a lo Kawabata, y los crueles a lo Mishima. No entro en los incomprensibles oniricos que me leo como el que se toma una aspirina de medio kilo: a la fuerza.

Gustándome mucho Kawabata y su tristura sin esperanza, reconozco que me pirro por esa sutil maldad que rezuman muchas obras japonesas. A este tipo corresponde Out, uno de los libos que más me han sorprendido y gustado en los ultimos diez años. Su autora, Natsuo Kirino, está dotada del don de la observación cruel de bisturí y de una capacidad narrativa que te mantiene enganchada hasta la página 520.

Nos cuenta, junto con muchas cosas más, como un grupo de mujeres que trabajan de noche elaborando los o-bento de oficinistas tokiotas, hacen desaparecer el cadáver del marido de una de ellas, y lo hacen tan bien que lo convierten en negocio.

La novela retrata varios tipos de mujeres: la pusilánime cobarde que asesina a su marido; la fashion victim de barrio que vive endeudada para hacer frente a sus sueños cutres y materialistas de revista de moda; la llena de necesidades económicas y con una vida de mierda en la que vence el dinero frente a la moral; y por supuesto mi favorita, Masako, la fría, la inteligente, la práctica, la superviviente, la tristemente casada con un autista que convive con un hijo hikikomori.

Hay mucho de gore, noche tokiota, yakuza cabreado y policía de trastero. La leí hace dos años en inglés y hoy sale a la venta la edición traducida al castellano.

No apta para estómagos sensibles.

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