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Asesinaticos japónicos

Asesinaticos japónicosYa sé que no os descubro nada si os confieso que tengo una culturilla de dominical, hecha a partes iguales de recortes de periódico y mucha cara dura. A este mundo sin complejos pertenece mi amiga Lola y su abuela, con la que comparto, en mayor o menor porcentaje sanguíneo, el momento murciano. Esta abuela como sacada del “Cuéntame” decía que lo que más le entretenía a ella era leer “asesinaticos” (versión en panocho de las novelas de misterio), categoría bibliográfica que ha pasado a definir aquellas novelas de cualquier género que, sin caer en el bodrio del Código Da Vinci ni en el mundo de la intensidad plúmbea e insoportable, te cuenta una historia y encima te entretiene.

Lola usa los asesinaticos como desengrasante entre tocho y tocho. Yo en la variante japónica he encontrado una fuente de sabiduría que, mezclada con otras más sesudas, me han enseñado más de Japón de lo que habría aprendido leyendo a Kawabata, al que mi yo culto lee cuando no le veo.

Creo que ha llegado el momento de compartir éste mi secreto con vosotros. Acabo de terminar uno de amores con bomba atómica al fondo la mar de recomendable. Será el primer asesinatico japónico de Nihonica. Bienvenidos al Japón facile e divertente.

Samurai William

Samurai WilliamsNo es por ofender, pero desde la Armada invencible hasta las humillaciones futboleras, la culpa de todos nuestros males parece tenerla los británicos. Al menos uno de ellos que, al parecer, contribuyó de manera más que decisiva a que Tokugawa Ieyasu, fundador del último y más poderoso shogunato que duró hasta la época Meiji, echara a los jesuitas, católicos en general, y españoles y portugueses en particular, del Japón. Mucho se ha hablado de los cristianos mártires de los romanos, pero poco de la limpia de conversos y católicos rebeldones de los primeros años del siglo XVII.

El culpable en cuestión fue William Adams, londinese pobre pero excelente navegante que en abril de 1600 fue el primer inglés en poner el pie en suelo japonés. Tras un intento de los jesuitas de darle matarile, Adams tuvo la suerte de llamar la atención del Shogun que le dió tierras, vasallos y estatus en su corte a la que accedía habitualmente y donde era escuchado. Este personaje inspiro el novelón Shogun, de James Clavell.

Giles Milton nos cuenta su historia, y la del pirata Drake, y la de las travesías infinitas en busca de las especias, la de la Compañía Británica de las Indias Orientales, la de las luchas por las rutas y los mares, y la de un pueblo limpio como una patena que no sale de su asombro al ver tanto extranjero guarro. El libro es Samurai William. Para mi que los relatos de armadas vencibles o no me parecen un pestiño, este libro excelentemente documentado me enganchó a pesar de que lo empecé en la peor experiencia aerea que recuerdo. Gracias a su lectura no me amotiné. En estas dos librerías lo tienen de oferta. No me hago responsable si no llega, que yo aún estoy en pruebas con ambos. En menos barato, lo tenéis en las librerías on-line de siempre.

Si llegase, buena lectura.

A propósito de Mishima

Yukio MishimaComo ya comenté, Mishima y su manera de morir fueron mi primer acercamiento a Japón. Me lo ha recordado el artículo que he leído en En el limbo sobre una de sus obras, El rumor del oleaje.

Comprender qué motivó que Mishima se suicidara de una manera tan rimbombante (Kawabata, su maestro, también lo hizo, pero de manera más discreta) tiene mucho que ver con su carácter narcisista y con la tradición guerrera japonesa. El hecho de que se hubiera dedicado en su vida adulta a intentar ser un marinero mazas tiene todo que ver con su atracción por los hombres y la iconografía gay -como el San Sebastian que describe con tanto morbo en Confesiones de una Máscara y que recreó él mismo en una conocida foto- y con un deseo de hacer de su cuerpo enclenque la representación de un guerrero.

Por eso, por un deseo de superar la derrota de Japón y de revivir de manera folklórica la vida de los samuráis (y de paso, por lo que se cuenta, de ligar) montó un ejército de opereta al que entrenaba en lo alto de un teatro: el Tate-no-kai. Con éste se plantó en el cuartel de Ichigaya para desplegar una proclama, para despertar la conciencia de los japoneses, adormecida por la derrota y las condiciones de ésta. No tuvo eco. Hay una imagen de Mishima con las manos en la cadera y mirando a su alrededor, dándose cuenta de que no valía la pena seguir. Entró y se suicidó. Designó al que se comenta era su amante, Masakatsu Morita, como kaishaku-nin, el que ha de seccionar la cabeza tras el corte de T invertida en el abdomen que se practica el suicida al cometer seppuku. Es tal el dolor que la cabeza queda en posición patibularia. Una buena katana separa la cabeza del cuerpo de un solo corte. Pero Morita le descerrajó tres golpes en el cuello en lo que fue un estropicio de mala tarde de toros. El trabajo lo tuvo que terminar el kaishaku-nin de Morita, Furu Koga. A Mishima no le salió tan bien como en los ensayos que hizo en el relato Yukoku (Patriotismo) y el corto que realizó él mismo sobre este relato.

En el pensamiento político de Mishima duerme el Japón que se suicidó en Iwo Jima antes de rendir la plaza. Y, a pesar de la Wii, ese Japón pervive en el inconsciente colectivo de muchos japoneses. Como ellos, Mishima era profundamente occidental y radicalmente japonés. Estas tensiones, a veces, pasan factura.

No sin mi hambre

Biografía del hambreOtra que es de Tokio y rara (en realidad ésta es de Kobe) es Amèlie Nothomb. Desde un día de San Jordi que un Jordi me regalo “Estupor y temblores” no me he podido desenganchar de esta autora belga-japonesa multipremiada por los franceses (¡que ya es mérito siendo belga!). Cada vez que saca libro nuevo o descubro uno anterior a “Estupor..” establezco un día Nothomb y me lo meriendo de una sentada.

Procuro comprarlos en francés no porque servidora sea muy culta y atormentada, sino porque son más baratos y normalmente han salido ya en rústica (alrededor de 5 eurillos). Aunque “Biografía del hambre” se publicó en francés en el 2004, llevada por esta pertenencia a la sagrada cofradía del puño cerrado, andaba remoloneando para que saliera su versión de bolsillo en este idioma, cuando abrí la reciente traducción al español de Sergi Pàmies, leí al azar el capítulo del campamento de actividades de Kent Cliffes y el profesor de “Manufacturas americanas” y ya no pude parar.

Pàmies no sólo es fiel al original sino que lo mejora y su traducción de esta biografía, como de las anteriores obras de la de Kobe, no tienen desperdicio. Complemento de ésta obra son sin duda las otras de contenido biográfico: “Estupor y temblores” en donde Amèlie comienza de traductora en una gran empresa japonesa y acaba de señora de los lavabos; “Metafísica de los tubos” (mi preferida), que relata sus tres primeros años de vida como japonesa, tubo y dios al mismo tiempo; y el “Sabotaje Amoroso” en donde relata sus grises años en la China de la “Banda de los Cuatro”.

Con estupor y temblores, como había que postrarse ante el Emperador del Japón, paseo mi propia hambre, mi propio vacío insatisfecho con la tristeza de no poderlo contar con la brillantez de Amèlie.

BIOGRAFÍA DEL HAMBRE. Amèlie Nothomb.
Editorial Anagrama. Colección Panorama de Narrativas. ISBN: 8433970909

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