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Cómo se ata el obi

A esta santa casa llegan “cienes y cienes” de consultas intentando que les respondamos a la pregunta del millón de dólares ¿cómo se ata el obi de un kimono?

Ésta, que se ha enfrentando recientemente a este reto no para hacer el gaijin en una fiesta de disfraces sino para representar a mi escuela delante de un montón de japoneses, incluido el señor embajador del país del sol naciente, os puede confirmar que es una labor la mar de dificultosa que requiere, al menos, de la ayuda de una persona mañosa. Yo tiré en primer lugar de mi amiga Lola (la de los asesinaticos) que es una experta en montar muebles de IKEA. La elección se demostró insuficiente.

Tiramos de la literatura que hay en la red y mantuvimos abiertas varias lineas de consulta. Mi recomendación para ponerte el nagajuban y el kimono exterior, atarlo, y dejarlo listo para poner el obi es Japan Culture Club. A partir de ahí está más claro en Rising Sun Import, si bien tiene un problema: si te estás colocando un maru obi te lías, porque no te aclaras y no sabes si has de hacer un nudo detrás. Y ahi empieza el ataque de nervios. Es muy útil este vídeo para ver lo complicado que es acertar con lo que te tiene que sobrar y cómo hacer el nudo posterior (que no queda claro en ninguna de las informaciones anteriores).

Como la experiencia es un grado, véase como se coloca en cinco minutejos y con todos los detalles complicados:

Dos cosas que no aparecen en ninguna de estas webs: el cuello del kimono exterior se dobla hacia adentro, y el obi cuando se dobla por la mitad para ponértelo se dejan mirando hacia arriba los bordes.

Por último, pero no menos importante, no escatiméis en cacharritos; hacen falta cada uno de los elementos que aparecen en el vídeo: el obi-ita (que es una especie de fajín duro que evita que el obi se arrugue), el Obi makura (la almohadilla que eleva el obi), el obi-age (pañuelo que cubre la almohadilla, se ata por delante y queda visible por encima del obi) obi-jime (el cordón que ata el obi), y los koshihimo (las cintas que se usan para ir ajustando el obi y que luego se retiran). Sin el datejime (obis de tela con los que se sujetan el juba y el kimono) no es posible atar el obi. Evita además que se resbale.

Como diría ZP, “buenas noches y buena suerte”.

Lonely planet

Lonely PlanetNo siempre una puede estar dando novedades y menos si se deja el ejemplar de la revista en la pelu y hay que contar el contenido de memoria.

Me refiero al número de febrero de la revista Lonely Planet dedicado a Japón que, me temo, ya no podréis encontrar nada más que por Internet. Servir para planificar un viaje tipo “tómese un té aquí y fotografíe una geisha allá” no sirve, pero no está nada mal como literatura de viaje incluso para los que somos unos empollones nipones. Interesante el reportaje sobre el pueblo Anui, los esquimales japoneses, al que le dedicaré el próximo asesinatico, e impreciso el de Kyoto: mis propias piernas son testigos de que lo que se presenta como un agradable y corto paseo entre templos es una paliza de dos días usando transporte público.

Ya le he pedido a mi “estilista” que no la ponga a vegetar junto con el ¡Hola! que lo quiero pa la colección.

Fantastic Plastic Machine

Una estupenda recomendación de Krach (¡gracias!). Japos a granel a todo ritmo. Ojo con la flamenca de Osaka no os vaya a sacar un ojo.

¡Take me to the disco!

Fugu a la fuga

Hay muchas cosas que no querría ser y otras muchas por las que me pirraría en el improbable caso de que la reencarnación existiera. Tras ver como se prepara el pez globo en Japón (fugu) me queda claro que hay que tener un karma cochambroso para que te toque ser fugu en la rueda de la reencarnación en lugar de un canto rodado.

Ya sabemos que tiene una neurotoxina que tumba a 30 tíos, pero hombre-por-dios, ¿es necesario tratarlo así?

Atención a la respiración del pobre bicho incluso después de que le quiten el hígado.

Vía :: Somos viajeros

Adivina las diferencias

Si para los japoneses el rito lo es todo, hacer guasa del rito es un rito en sí mismo. Así que no es sencillo saber tras ver este vídeo qué parte es cierta y cual es de coña.

Se puede aprender mucho del rito y se puede hacer mucho el ridículo si se siguen sus consejos ¿Qué es verdad y qué no? Una pista: no os tiréis a por la sal a la salida.

Dubiduuuuu

Desde Pizzicato Five me enganché a la música japonesa de dubidú. Seguro que tiene un nombre “científico” pero soy un desastre para denominar y distinguir corrientes musicales: a mí me suena a una mezcla de música de ascensor, lounge y bajos brasileños setentones como de peli del destape.

Aquí os traigo a los Ketsumeishi en su conocido éxito Mata Kimi ni Aeru. No me digais que no tiene su punto el vídeo de japonesas a lo vigilantes de la playa como sacadas de un manga guarro pero sin tetas (o sea, sin paraíso) y unos cantantes más vagos que la chaqueta de un guardia, carentes de glamour, sentados como jubilautas japónicos pero llenos de ritmo. Parece que también trabajan el chunda-chunda romántico-rapero. Cursi a rabiar.

Así son ellos ¡¡criaturas!!

Pachinko

Vas por la calle tan pancho y, de pronto, un golpe ultrasónico te tumba en cualquier acera tokiota. Acabas de pasar por delante de una sala de Pachinko.

No me preguntéis a qué juegan ni qué placer encuentran en ello, pero entrar en uno de estos locales es algo que hay que hacer para compensar tanto jardín perfecto y tanta armonía de ceremonia de té. La estética recuerda a un bar de carretera y el ruido es tan ensordecedor que las sesiones de bakala en Ibiza te parecen música de ascensor.

A mi me parecieron profundamente tristes. Y parece que no soy la única que piensa así.

Reverencias televisivas

Plantarse en Japón sin un cargamento de películas en el portátil es un riesgo seguro para las largas noches de tele en caso de tifón. Si “Humor amarillo” os parece una frikada, ya os adelanto que encender la tele allí es una experiencia que os hará añorar “Noche de Fiesta” y “Mira quien baila“.

Cuando ves a los presentadores del telediario empezarlo con una reverencia al respetable, notas que estás en el único país del mundo en donde puedes experimentar nuevas emociones sin correr el riesgo de que te vuelen por los aires. Toda la contención que los japoneses mantienen hasta en los menores detalles de su vida, se les olvida tan pronto ponen el pie en un plató de televisión.

Dos ejemplos perfectos: Sakanakun con su voz aflautada, sus brinquitos y gorros de pez, y Dandi Sakano con su precioso “Get’s”. Como siempre de la mano de mis queridos Adam y Joe.

Papaya Suzuki and the Oyaji dancers

Un grupo de Oyaji (un término japonés que viene a ser una mezcla de carroza con Bart Simpson) liderados por el lorzas Papaya Suzuki, montaron un grupo musical superventas en Japón.

En contra de lo que pudiera parecer, la tele japonesa está llena de tipos a lo Dyango o Manolo Escobar (con peluquín incluído) sacados de Torremolinos 73 o de Noche de Fiesta, dispuestos a cantar a lo YMCA con rosa roja de latín lover en ristre.

El de la derecha lo vive.

Otohime o la princesa del sonido

OtohimeEste bonito título que parecería el preludio de un sesudo análisis sobre alguna obra de poesía japonesa del siglo XIII en realidad esconde una entrada sobre váteres. No podía ser que esta bitácora dejara de incluir una entrada que ya es un clásico en cualquier sitio de japonesadas que se precie: la del vater con orquesta.

Sin embargo, en un intento de subir el nivel, vamos a intentar una del tipo “Al Gore”, mezcla de cambio climático con vergüencitas de colegio de monjas. Cualquier mujer que lea esto se pondrá enseguida en situación.

Tokio 2005. La que ésto escribe entra a aliviar sus aguas menores a uno de los servicios del edificio Sony de Ginza. Ve una aparatito adosado al lado derecho de la cabina, en perfecto japonés, con un botón. La que suscribe, que antes muerta que dejar de toquetearlo todo, pulsa el botón. Del aparato sale un sonido igual al del agua tras tirar de la cadena. Alguien podría pensar que es una chorrada de invento. Desde aquí os digo que sólo los japoneses habrían caído en algo tan útil, simple, ecológico y tan basado en la observación del comportamiento humano.

Aquí va una confesión: yo, como todas, tiramos de la cadena al entrar en un vater para disimular con el ruido de ese agua el de la nuestra propia. Ni que decir tiene el desperdicio que eso supone: 20 litros de agua por ataque de próstata. Así se lo hicieron saber a las meantes japonesas para que aparcaran el pudor a cambio de la conservación del medio ambiente. El pudor venció e inventaron el otohime en sus numerosas variantes (con célula fotoeléctrica, con botoncico, con temporizador o sin él) permitiendo cubrir con su sonido de agua metálica cualquier afluencia líquida personal. Aunque el uso está extendido, hay japonesas que no lo usan porque el sonido les parece demasiado artificial.

Para el momento cena con amigos gafapastas, el nombre del aparatito viene del de la diosa japonesa Otohime, la bella hija del rey del mar Ryujin. Muy apropiado.

Para los que venias buscando a Otohime Mutsumi, estrella del manga Love Hina, otra vez será.

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