
Gracias a RosaJC tenemos el documento inaugural de la exposición de ikebana y bonsái y esta foto de mis pinreles de chica de kimono que parece un cartel de Sara Baras.
Os tengo que reconocer que salir por Madrid vestida de japonesa ha sido toda una experiencia: motarse en un coche con el torso inmobilizado por el obi es un número, pero también es sorprendente como te convierte en japonesa de inmediato. Al pasar a ser una mujer embutida en el corsé que es el obi hacer la reverencia o economizar en movimienos viene solo. Sentarse a la occidental es un suplicio, lo que convierte la idea de arrodillarte en algo cómodo y conveniente. Andar a pasos pequeños es la única opción de que el kimono no se te abra y que no pierdas una chancleta. Me pregunto como hay mujeres en Japón que aún lo usan y se montan en los autobuses con ello puesto. Se entiende, pues, perfectamente, por qué el movimiento feminista de principios del siglo XX hicieron de quitarse el corsé un acto reivindicativo.
A pesar de todas las incomodidades tengo que reconocer que la experiencia vale la pena. Mientras no sea a diario….
No siempre una puede estar dando novedades y menos si se deja el ejemplar de la revista en la pelu y hay que contar el contenido de memoria.
Me refiero al número de febrero de la revista Lonely Planet dedicado a Japón que, me temo, ya no podréis encontrar nada más que por Internet. Servir para planificar un viaje tipo “tómese un té aquí y fotografíe una geisha allá” no sirve, pero no está nada mal como literatura de viaje incluso para los que somos unos empollones nipones. Interesante el reportaje sobre el pueblo Anui, los esquimales japoneses, al que le dedicaré el próximo asesinatico, e impreciso el de Kyoto: mis propias piernas son testigos de que lo que se presenta como un agradable y corto paseo entre templos es una paliza de dos días usando transporte público.
Ya le he pedido a mi “estilista” que no la ponga a vegetar junto con el ¡Hola! que lo quiero pa la colección.
Para todos aquellos que llegáis a mi vida digital a golpe de búsqueda “cómo atar el obi” o “ikebana cómo hacer centro de mesa” y para aquellos que os habéis feedeado “Ikebana para dummies” tengo un gran anuncio que haceros: los días 12, 13 y 14 de marzo (de 11 a 20 horas) y el 15, sábado (de 10 a 13 horas) si estáis en Madrid podréis ver ikebanas en directo en la Sala de Exposiciones del BBVA (Paseo de la Castellana, 81).
Mi escuela, centenaria en Japón, hace su 35 aniversario en España y olé el próximo martes y nos vamos a hacer unos centros, con unos amiguetes que retuercen árboles pequeñitos, como celebración por el cumpleaños y como sentido homenaje, por la fecha que es.
Como no os puedo invitar a la inauguración y con este post os he escamoteado un fasciculillo, me ofrezco a haceros de guía si hay suficiente gente para montar un “sake & blogs”. El jueves 13 sería un buen día.
Interesados dirigirse a tormento_arroba_nihonica.com.
Una estupenda recomendación de Krach (¡gracias!). Japos a granel a todo ritmo. Ojo con la flamenca de Osaka no os vaya a sacar un ojo.
¡Take me to the disco!
Hay muchas cosas que no querría ser y otras muchas por las que me pirraría en el improbable caso de que la reencarnación existiera. Tras ver como se prepara el pez globo en Japón (fugu) me queda claro que hay que tener un karma cochambroso para que te toque ser fugu en la rueda de la reencarnación en lugar de un canto rodado.
Ya sabemos que tiene una neurotoxina que tumba a 30 tíos, pero hombre-por-dios, ¿es necesario tratarlo así?
Atención a la respiración del pobre bicho incluso después de que le quiten el hígado.
Vía :: Somos viajeros

Kazuhiko Kawahara no sé si con la finaldad de dejarnos a todos p’allá fundó pallalink.net. Sí, lo se, es un lamentable juego de palabras, pero es que soy una blogger pluriempleada y estoy empezando a parecerme a José Luis López Vázquez.
Hay ciudades, jardines, repetición y melancolía. Muy japo.
Como ya os indiqué, sin kenzan no hay mambo. Su base suele ser de plomo para equilibrar el centro y aguantar el peso de las ramas inclinadas -como en el sinshoka de la foto-. Porque un elemento fundamental del Ikebana es el grado de inclinación de los distintos elementos.
Gracias a ello consigues darle movimiento al centro y crear sensación de profundidad. Y por ese motivo cuando has tumbado hacia delante las flores ver el centro por detras es una auténtica penita.
Como diría mi Sensei “cada rama tiene su posición, la que más luce”. Esto que puede parecer una chuminez, es algo completamente cierto.
Rotar una rama 10 grados hace que todo el centro cambie, y que de tener tu inicial bodrio pases a tener un ikebana de verdad. Este sencillo principio te lleva a interrogar con la mirada a la pobre rama, a la que giras como una peonza sin observala de verdad, intentando decidir cual es esa posición estupenda que hará de tu centro el orgullo de tu madre. Los dos primeros años se le pasan a una mirando alelada una rama intentando saber si lo que tu ves es lo que tendrías que estar viendo.
Como se aprende por observación, no tienes el recurso occidental de levantar la mano y preguntar qué hacer. Asi que tú colocas, que ya vendrá la Sensei con la rebaja a quitarla y a cambiarla de posición. Unas veces te explicará el cambio y otras tendrás que adivinar a qué se debe. Lo que tienes claro tras la corrección es lo mucho que el centro ha mejorado y si tienes interés, intentarás extraer de esa corrección una regla que te sirva para el futuro. Y no es sencillo porque cada material, cada flor es distinta de las demás. Así que la regla se refiere enteramente a cómo observar no a como colocar.
Cuando llevas mucho tiempo, es como conducir, la flor te dice ella solita como tienes que colocarla.
Si para los japoneses el rito lo es todo, hacer guasa del rito es un rito en sí mismo. Así que no es sencillo saber tras ver este vídeo qué parte es cierta y cual es de coña.
Se puede aprender mucho del rito y se puede hacer mucho el ridículo si se siguen sus consejos ¿Qué es verdad y qué no? Una pista: no os tiréis a por la sal a la salida.
Desde Pizzicato Five me enganché a la música japonesa de dubidú. Seguro que tiene un nombre “científico” pero soy un desastre para denominar y distinguir corrientes musicales: a mí me suena a una mezcla de música de ascensor, lounge y bajos brasileños setentones como de peli del destape.
Aquí os traigo a los Ketsumeishi en su conocido éxito Mata Kimi ni Aeru. No me digais que no tiene su punto el vídeo de japonesas a lo vigilantes de la playa como sacadas de un manga guarro pero sin tetas (o sea, sin paraíso) y unos cantantes más vagos que la chaqueta de un guardia, carentes de glamour, sentados como jubilautas japónicos pero llenos de ritmo. Parece que también trabajan el chunda-chunda romántico-rapero. Cursi a rabiar.
Así son ellos ¡¡criaturas!!