Ikebana para dummies. IV. Ikebana must have

KenzanUna de las ventajas que tiene aficionarse a algo, es la cantidad de cacharritos que uno se empeña en poseer. Empiezas con unas tijeras del Leroy Merlin y una bolsa del Caprabo, y acabas teniendo una colección de bolsas de transporte que no se las salta un gitano, como una de la que me emperré y que se convierte en mandil de flores a lo Brie Van de Kamp.

La desventaja de esta afición es que no es la típica que te puedan regalar en el amigo invisible. Todo o casi todo lo que necesitas hay que traerlo del mundo exterior. Así que, como dirá cualquiera de las/os periodistas de investigación que escriben en las revistas de moda, estos son los Ikebana must have de esta semana:

  • Unas tijeras o hasami, que son especiales para Ikebana. Aunque ahondaremos en este fascinante mundo en sucesivas ocasiones, dos consejos para empezar: compraros unas de jardinería para cortar tallos de flores y arbustos nomalitos y, por favor, no os plantéis en clase con unas tijeras de bonsaí. Aparte de inadecuadas e incómodas (te pegas unos pellizcos de mucho cuidao) el filo es diferente y el corte no es igual.
  • Un pincho o kenzan. Mientras que todas las demás chumineces tienen sustitutos al alcance de la mano, sin kenzan no hay Ikebana. Es cierto que el estilo Nageire no lo necesita, y que hay otros elementos que lo sustituyen como el hana-dome (que requiere más habilidad que el kenzan), pero sin esta cama de faquir en miniatura no podréis hacer nada. Ni se os ocurra utilizar la esponja verde de floristería en su lugar. No sólo es fea y en un ikebana se vería entera sino que no te permite aguantar el centro ni colocar el material. En próximas entrega os contaré por qué.

La semana que viene hablaremos de los complementos sin los que una ikebanaka supertrendy no puede salir de casa.

Reverencias televisivas

Plantarse en Japón sin un cargamento de películas en el portátil es un riesgo seguro para las largas noches de tele en caso de tifón. Si “Humor amarillo” os parece una frikada, ya os adelanto que encender la tele allí es una experiencia que os hará añorar “Noche de Fiesta” y “Mira quien baila“.

Cuando ves a los presentadores del telediario empezarlo con una reverencia al respetable, notas que estás en el único país del mundo en donde puedes experimentar nuevas emociones sin correr el riesgo de que te vuelen por los aires. Toda la contención que los japoneses mantienen hasta en los menores detalles de su vida, se les olvida tan pronto ponen el pie en un plató de televisión.

Dos ejemplos perfectos: Sakanakun con su voz aflautada, sus brinquitos y gorros de pez, y Dandi Sakano con su precioso “Get’s”. Como siempre de la mano de mis queridos Adam y Joe.

Chimoshirinkutochimo

Chimoshirinkutochimo

Para aquellos que os pirréis por tener vuestro nombre en auténtico papiro de plátano egipcio, en escritura cuneiforme o en cirílico, no desesperéis: si vais a Japón podréis pronunciar vuestro nombre en una extraña jerga.

Se supone que si suelto el salchichón del título, los tokiotas van a entender que me llamo Tormento. Ya lo dudo, pero si queréis probar, adelante.

Via :: Hombrelobo

Ikebana para dummies. III

TokonomaCon el ego bajo y las tijeras en ristre volvemos una semana más a darle al floripondio. Ya que tenemos claro que no sabemos nada, vamos a intentar fijar algunos conceptos técnicos a los que acudir en caso de duda.

1. El Ikebana como toda la estética japonesa se basa en la economía de medios. Nadie entenderá que os plantéis con dos flores y cinco ramas en su casa a la hora de comer, pero es lo que hay. Sabréis que estáis en el buen camino cuando al ver un ramazo de flores penséis ¡qué desperdicio! o ¡me haría 20 centros con lo que hay en esa corona! Cuando tengáis que reprimir la necesidad de robar en un entierro es que vivis el kado (camino de la flor) más que los buenos modales.

2. El Ikebana es asimétrico. Los japoneses creen que la simetría rompe el ritmo, que en un centro de flores como un hongo de los pitufos no hay movimiento. Y tienen razón. Nunca encontraréis dos floreros uno a cada lado de la mesa con el mismo contenido.

3. Consecuencia de lo anterior es que se huye de los números pares. En el estilo más sencillo y que primero atacaremos, el moribana (bosque de flor) hay un mínimo de tres ramas. Luego le sumas un número par de flores para que el resultado siga siendo impar (cinco) y así hasta que te dejen.

4. Los centros de Ikebana estrictos y más clásicos tienen un problema que los hace muy poco populares en bodas-bautizos-comuniones: se hacen para ser mirados de frente. Por detrás son horrorosos, así que no permiten una visión de 360 grados. Por este motivo, mi querido Moeh, nunca pueden ser centros de mesa, a no ser que sean de estilo libre. El motivo es bien simple y lo apreciareis en la foto de arriba: están pensados para decorar el tokonoma, especie de escaparate-altarcillo que preside la habitación principal de una casa japonesa. El tokonoma es el lugar de honor con respecto al que se ordena, por ejemplo, como te sientan en un banquete o en la ceremonia de té. Contiene un ikebana o un bonsai y una pintura o caligrafía que cambia dependiendo de la época del año o del acontecimiento que se celebre.

5. El Ikebana copia a la naturaleza y es estacional. No hagáis nunca en primavera un centro con salix o repollo como el de la pasada semana. Hay que aprovechar el sakura y la naturaleza en su verdor. Para el verano, los jarrones de cristal y los centros que recuerden a agua, para aguantar el calorazo húmedo que hace en Japón.

Y no doy más consejos, que aparte de irme a un número par, ya os he apostolado suficientemente por hoy.

Asesinaticos japónicos

Asesinaticos japónicosYa sé que no os descubro nada si os confieso que tengo una culturilla de dominical, hecha a partes iguales de recortes de periódico y mucha cara dura. A este mundo sin complejos pertenece mi amiga Lola y su abuela, con la que comparto, en mayor o menor porcentaje sanguíneo, el momento murciano. Esta abuela como sacada del “Cuéntame” decía que lo que más le entretenía a ella era leer “asesinaticos” (versión en panocho de las novelas de misterio), categoría bibliográfica que ha pasado a definir aquellas novelas de cualquier género que, sin caer en el bodrio del Código Da Vinci ni en el mundo de la intensidad plúmbea e insoportable, te cuenta una historia y encima te entretiene.

Lola usa los asesinaticos como desengrasante entre tocho y tocho. Yo en la variante japónica he encontrado una fuente de sabiduría que, mezclada con otras más sesudas, me han enseñado más de Japón de lo que habría aprendido leyendo a Kawabata, al que mi yo culto lee cuando no le veo.

Creo que ha llegado el momento de compartir éste mi secreto con vosotros. Acabo de terminar uno de amores con bomba atómica al fondo la mar de recomendable. Será el primer asesinatico japónico de Nihonica. Bienvenidos al Japón facile e divertente.

Bata de guata

MercedesVeo en otra de las publicaciones del imperio Chiquiworld una publicidad sobre el sistema de leasing de los Mercedes Clase E. Este anuncio, bastante feo por cierto, no tendría relevancia para esta bitácora si no fuera porque los muy gañanes para referirse al “service included” han colocado lo que entienden que debe ser una geisha. Y se han quedado tan encantados de haberse conocido.

Yo desde el apostolado japónico tengo varias cosas que objetar (desde el feminista, ni os cuento). Que la geisha presta un servicio nadie lo duda, pero que lo preste con una bata de andar por casa es que es para presentar una queja a Mercedes y a los creativos de este anuncio. A estos los suspendía yo de empleo y sueldo por ataque de caspa y no tener ni puta idea de como se viste una ¿maiko?. Porque, en atención a los floroncios que le cuelgan del moño no es una geiko (o geisha) sino una aprendiz o maiko.

Una vez ubicado el tipo de japonesa a la que nos referimos (lo que a los chicos de Mercedes parece importarles un pito) me pregunto dónde han visto una maiko que le queden las mangas pesqueras. Si amplías la foto, la cosa empeora: la manga de un kimono de maiko no sólo llega hasta la muñeca sino que cuelga hasta por debajo de la rodilla, no como las que lleva esta pobre. Parece que no había presupuesto para tela y la batita se cruza lo justo por delante, sin dejar que el cuello del kimono caiga airoso por la espalda para enseñar el nacimiento del pelo y el cogote como corresponde. Y no entro en más detalles académicos, que me vengo arriba.

En fin, que los de Mercedes estaban por no hacer gasto y han colocado a una oriental tirando a fea (las maikos tampoco es que sean unos bellezones) con una bata comprada en los chinos. Sólo le falta las chancletas con reborde de peluche para completar el momento kitsch.

Como en los servicios incluídos se hayan gastado lo que en la bata y los floroncios, no se yo si el coche llega de Madrid a Alcalá de Henares. Mucha Clase E, pero ¡qué poquita clase!.

Una mente maravillosa

Tokio | Wiltshite

Tokio ocupa una extensión de 2.187 kilómetros cuadrados. Ni con un mes entero por delante pateándolo podríamos conocer cada uno de sus rincones, cada una de sus secretas calles traseras.

Sin embargo, Stephen Wiltshire, un británico de 33 años, autista y artista, necesitó tan sólo una vueltica de media hora en helicóptero y una visita al edificio más alto de la capital para retener en su cabeza los millones y millones de detalles que forman esta megaurbe y dibujarlos en un inmenso mural de 10 metros de largo por uno de alto. Media hora de información y siete días de trabajo tirando de su portentosa memoria. Arriba, el resultado. Abajo, el proceso.

Ikebana para dummies. II

Ikebana

Llego despeinada y sin aliento a nuestra cita semanal con el Ikebana. Ya os digo que esta no es la actitud, pero como no soy más que una japonesa de pega, hago lo que puedo.

A partir de la semana que viene entraremos en más harina. Hoy toca la lección más complicada, sin la cual nunca practicaréis Ikebana sino que haréis “centros de mesa” más o menos monos: os tenéis que olvidar de que sois occidentales. No es poca cosa y no se consigue de inmediato. Traer de casa una cierta culturilla de cómo piensan los japoneses ayuda más en esta disciplina que saber mucho de botánica o gustarle a uno mucho el campo. Lo primero se aprende leyendo y lo segundo a base de hacer muchos centros. Yo odiaba la naturaleza y ahora voy de ciudad en ciudad buscando jardines y recogiendo palos, una penita.

Los que entréis en este mundo como paso siguiente de la dieta vegetariana, el yoga y las flores de Bach, ya os advierto que partís con una seria desventaja, la de creer que tenéis una opinión. Así que, anotad.

Primer error occidental: no se tiene derecho a una opinión hasta que uno no gana el derecho a tenerla. Esto puede no llegar nunca. Segundo error occidental: ponerse muy espiritual y creer que es suficiente. Sin técnica no hay nada. Si no tienes técnica no llegarás ni a tener gusto, ni, por supuesto, a tener opinión. Tercer error occidental: creerse un artista o creer que uno lleva un artista dentro que le permite “crear”. Uno aprende año tras año la técnica con espíritu de perfección y consigue ser un artesano, si lo consigue. Los japoneses no creen que haya tantos artistas por metro cuadrado como nosotros. El estilo libre es la máxima expresión de maestría, es el quinto círculo o anillo de Musashi, el vacío. Viene a ser como conducir sin pensar que marcha toca meter. Conducir bien no nos convierte en Fernando Alonso, sólo en un buen conductor.

En definitiva cualquier disciplina, incluídas las occidentales, requieren lo mismo: olvidarse del ego, aguantar al maestro con la boca cerrada, disciplina y constancia. Porque nosotras coloquemos floripondios en un jarrón no significa que el Ikebana se pueda practicar sin pasar por estas etapas. O al menos eso piensan los japoneses.

El ikebana de la semana es un sinshoka de año nuevo, con ramas de sauce tortuoso, una brassica o repollo para los amigos, margaritas y una rama de hojas de camelia.

Papaya Suzuki and the Oyaji dancers

Un grupo de Oyaji (un término japonés que viene a ser una mezcla de carroza con Bart Simpson) liderados por el lorzas Papaya Suzuki, montaron un grupo musical superventas en Japón.

En contra de lo que pudiera parecer, la tele japonesa está llena de tipos a lo Dyango o Manolo Escobar (con peluquín incluído) sacados de Torremolinos 73 o de Noche de Fiesta, dispuestos a cantar a lo YMCA con rosa roja de latín lover en ristre.

El de la derecha lo vive.

Otohime o la princesa del sonido

OtohimeEste bonito título que parecería el preludio de un sesudo análisis sobre alguna obra de poesía japonesa del siglo XIII en realidad esconde una entrada sobre váteres. No podía ser que esta bitácora dejara de incluir una entrada que ya es un clásico en cualquier sitio de japonesadas que se precie: la del vater con orquesta.

Sin embargo, en un intento de subir el nivel, vamos a intentar una del tipo “Al Gore”, mezcla de cambio climático con vergüencitas de colegio de monjas. Cualquier mujer que lea esto se pondrá enseguida en situación.

Tokio 2005. La que ésto escribe entra a aliviar sus aguas menores a uno de los servicios del edificio Sony de Ginza. Ve una aparatito adosado al lado derecho de la cabina, en perfecto japonés, con un botón. La que suscribe, que antes muerta que dejar de toquetearlo todo, pulsa el botón. Del aparato sale un sonido igual al del agua tras tirar de la cadena. Alguien podría pensar que es una chorrada de invento. Desde aquí os digo que sólo los japoneses habrían caído en algo tan útil, simple, ecológico y tan basado en la observación del comportamiento humano.

Aquí va una confesión: yo, como todas, tiramos de la cadena al entrar en un vater para disimular con el ruido de ese agua el de la nuestra propia. Ni que decir tiene el desperdicio que eso supone: 20 litros de agua por ataque de próstata. Así se lo hicieron saber a las meantes japonesas para que aparcaran el pudor a cambio de la conservación del medio ambiente. El pudor venció e inventaron el otohime en sus numerosas variantes (con célula fotoeléctrica, con botoncico, con temporizador o sin él) permitiendo cubrir con su sonido de agua metálica cualquier afluencia líquida personal. Aunque el uso está extendido, hay japonesas que no lo usan porque el sonido les parece demasiado artificial.

Para el momento cena con amigos gafapastas, el nombre del aparatito viene del de la diosa japonesa Otohime, la bella hija del rey del mar Ryujin. Muy apropiado.

Para los que venias buscando a Otohime Mutsumi, estrella del manga Love Hina, otra vez será.

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