Mujerío 2.0

Voy en el AVE pegándome con la conexión y con los pies helados. Cuando no va lleno, se te quedan los calcaños en estado de congelación. Estas vicisitudes lerdas vienen a cuento de que posteo para dar las gracias a Pilar y a sus mujeres viajeras por la invitación a su sección de viajeras, a la tía Toya conductora del programa “De todo un poco” que me acogió en su seno radiofónico, y a Rocio y rico anecdotario.

Fue una tarde de mujeres hablando de Japón y del oriente inaccesible, entre risas, espiritualidad y mala baba (la mía, como no podía ser de otra manera). Rocío, dueña de la tienda Geishamemucho es una “mala” en potencia que cuenta como nadie los choques culturales: ese momento contratista cejijunto typical-Spanish atendiendo de mala gana las instruccionesn de la maestra china de Feng Shui cuando diseñó su tienda es para escuchárselo en directo.

En fin, gracias a todas por un rato estupendo que repetiremos si la autoridad lo permite.

Iroha uta

mafalda_escribiendoTengo abandonado este blog, desordenado mi armario y “deleteado” el cerebro.

Tras hacer un esfuerzo sobrehumano por aprenderme los hiragana (incluso iba en el metro mezclando y repartiendo las tarjetas que los representan como un tahur del Mississippi, ante el estupor de la parroquia) se me han borrado de la cabeza como si nunca hubieran estado ahí.

Taeko sensei, mi profesora de japonés (estupenda por cierto) nos puso el jueves un ejercicio. Escrito en romanji (nuestro alfabeto) teníamos que colocarle encima los hiraganas correspondientes I RO HA NI HO HE TO comenzaba la cosa … ¡No di ni una! pero aprendí que los japoneses son capaces de componer un poema usando todos los hiraganas una sola vez y sin repetir el mismo para enseñar a sus niños a escribir este idioma tan complicadito.

Y ahí me tenéis, con un lapiz gordo y sacando la lengua, muy concentrada, aprendiendo a escribir de nuevo.

Otro San Valentín es posible

Cuando en España acabó la Guerra Civil, se anularon los divorcios obtenidos durante la República. La gente se había casado de nuevo o ya no quería ver en pintura al que fuera su cónyuge. Cuantas vidas rotas a base de BOE y de mezclar lo privado con lo público.

El 5 de marzo puede pasar lo mismo con los 18.000 matrimonios de personas del mismo sexo que se han casado en California.

“Fidelity”: Don’t Divorce… from Courage Campaign on Vimeo.

Via :: Pérez Hilton

Tristeza

Perfecta metáfora de Japón.


lost in a moment from dennis wheatley on Vimeo.

Vía :: Random Good Stuff

Aprendiendo por decreto

“Por mi parte, yo seguía con mis clases y progresaba en japonés tanto como podía. No tardé en conseguir que me miraran mal. Cada vez que un detalle me intrigaba, levantaba la mano. Los distintos profesores casi sufrían un ataque cardiaco cada vez que me veían levantar las falanges al cielo. Yo creía que se callaban para dejarme hablar y, con atrevimiento, planteaba mi pregunta, a la que respondían de un modo extrañamente insatisfactorio. La cosa duró hasta el día en el que, al observar mi gesto habitual, uno de los profesores empezó a gritarme con una excepcional violencia:

-¡Basta ya!

Me quedé paralizada, mientras los demás alumnos me miraban fijamente.

Después de la clase, fui a excusarme ante el profesor, sobre todo para saber qué crimen había cometido.

- No se le hacen preguntas al Sensei-me riñó el profesor.

- ¿Y su uno no entiende algo?

- ¡Lo entiende y punto!

Entonces supe por qué cojeaba la enseñanza de idiomas en Japón.”

Ni de Eva ni de Adán
Amélie Nothomb

De qué me sonará ésto

Los otros murasakis: el mangaka y el otaku

Nana Mizuki, subida a la plataforma y vestida de hawaiana gótica, nos canta Princesa Murasaki (Hime Murasaki) que parece causar furor en el mundo del animé y el manga. Si queréis sentir la letra, aquí la tenéis en tres idiomas.

Y ahora en versión “traumática historia de Hinamori“.

Murasaki Milenaria || El naranjo y el cerezo

Empezar comprando “dulces del milenio” en los almacenes Daimaru en Kioto es desordenado pero muy conveniente en este viaje en el que uno saca el Indiana que lleva dentro intentando descifrar las pistas en busca del milenio perdido.

Hay que adelantar que, en Japón, no hay acto social ni celebración que se precie que no pase por un “depato”, un gran almacén. Uno puede quedarse a vivir dentro si lo desea, comenzando por el sótano donde está la comida y terminando por vestirse con un kimono completo en la sexta planta.

Los Daimaru reciben al visitante con una Murasaki a tamaño natural cargada con sus múltiples uchikis o junihitoe que recuerdan a la tristona y deprimida princesa Masako vestida para casarse con el heredero al trono del crisantemo, el Príncipe Naruhito. Habría sido estupendo quedarse a la exhibición de koto si hubiera sido posible encontrar a alguien que, aparte de la cortesía y la reverencia, manejase el inglés.

Pertrechado, pues, con un buen cargamento de dulces e inciensos, el viajero se lanza al turismo literario-compulsivo entre cerezos en flor (sakura). Los dulces van a venir bien para sobrellevar las visitas dispersas, si uno pretende pasear por Kioto o atravesarlo en uno de sus múltiples autobuses. Hay que desconfiar de la escala de los mapas, estar preparado para sufrir en el traslado y conservar algo de ánimo para disfrutar del destino.

Lugar omnipresente en los amores e intrigas del Genji, el Palacio Imperial de Kioto, fue un desgraciado complejo de construcciones que sufrió más de una reconstrucción a causa de varias destrucciones por fuego. Del original sólo queda el jardín Shinsen-en, o Jardín de la Fuente Divina, en donde se celebraban los banquetes y los concursos poéticos tan propios de la obra. El aplicado turista de pie tumefacto lo encontrará al sur del actual castillo de Nijo y aprovechará para tomar el primer pastelito tonificante.

El Palacio Imperial fue trasladado a su actual ubicación en 1331, a la que fuera una segunda residencia del emperador en la que se desarrolla parte de la novela. El Seiryoden, donde transcurre el Genji, se mantiene sobrio y sereno frente a una explanada de piedras rastrilladas. Se conserva en el actual Palacio buena parte la estructura del original que aparecía en la obra, como el pabellón ceremonial con los dos árboles emblemáticos de los reinos de la derecha (el tachibana o naranjo) y de la izquierda (el Sakura o cerezo) flanqueándolo.

Durante la visita –gratuita previa instancia- un turista de Corea del Sur fatiga a la guía de la Casa Imperial con su desacuerdo por la falta de colorines. Harta la funcionaria le responde flemática y un tanto despectiva “¿y porque habríamos de pintarlo todo de rojo?”, zanjando la cuestión con el pelmazo coreano.

Los otros murasakis: el hortera

Lo tiene todo este vídeo. Tino Casal, cardao de pelu de madre, momento sepsi, momento “Fama ¡a bailar!”,  fuegos artificiales de fiesta de pueblo, y los backstreet boys con el ballet de Giorgio Aresu.

Akanishi Jin y su éxito ;) “Murasaki”

Murasaki milenaria || Genji-Kou

genjikou

Como decíamos en la entrada anterior, sin referencias en las guías y con una desgana impropia de los japoneses por parte de quien atendía en la oficina de turismo de Kioto “sólo para gaijines” , hay que venirse de casa con la iconografía Shikibu aprendida para adivinar por los signos lo que pueda constituir una actividad del genjimilenio.

Nota a navegantes: la oficina de turismo para los japoneses está en el centro de la estación de Kioto bien visible; en ésta no atienden a extranjeros, que tienen que meterse en los grandes almacenes ISETAN (planta 9) y encontrar el ascensor concreto y secreto para llegar a la oficina segregada para gaijines malolientes. Si te equivocas de ascensor, no llegas jamás a encontrarla y se cuenta que hay extranjeros que entraron en el 1957 y aún siguen buscando.

Por lo tanto para apañarse, resulta más que útil conocer las imágenes con las que se ilustró el rollo (e-maki) más antiguo de la obra -datado en 1120 y que se conserva en la sala 6 del Tokugawa Art Museum de Nagoya-, o reconocer alguno de los 52 símbolos del Genji-Kou con los que se representan 52 de los 54 capítulos del libro (el primero y el último carecen de símbolo).

Estos símbolos (véase a imagen), formados por la combinación de 5 líneas verticales y varias horizontales que las unen hasta formar las 52 variaciones posibles, provienen de un juego de la época Edo en el que los participantes tienen que identificar un tipo de madera por su olor y, a continuación, tratar de representar el aroma mediante uno de estos símbolos.

Así pues, con cuatro iconos, un Genji abreviado, alguna documentación encontrada aquí y allá, mucha paciencia y un curso acelerado de cartografía -para comparar el plano de Kioto oficial del milenio en japonés y el que uno se agencia en inglés-, es posible retroceder a un Japón imperial, muy anterior al del Bushido, las geikos y el batiburrillo exótico con el que los occidentales lo identificamos; un  Japón delicado e indolente en el que las damas se comunican con los galanes a golpe de poema, perfume y concursos de incienso.

Los otros murasakis: el color

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