Pachinko

Vas por la calle tan pancho y, de pronto, un golpe ultrasónico te tumba en cualquier acera tokiota. Acabas de pasar por delante de una sala de Pachinko.

No me preguntéis a qué juegan ni qué placer encuentran en ello, pero entrar en uno de estos locales es algo que hay que hacer para compensar tanto jardín perfecto y tanta armonía de ceremonia de té. La estética recuerda a un bar de carretera y el ruido es tan ensordecedor que las sesiones de bakala en Ibiza te parecen música de ascensor.

A mi me parecieron profundamente tristes. Y parece que no soy la única que piensa así.

Ikebana para dummies V: Ikebana must have (y 2)

UzumakiAquí volvemos, una semana más, a la teletienda ikebanística para consumidores compulsivos. En los must del Ikebana moderno no puede faltar un uzumaki, o apaño verbenero, para hacer Nageire, lo que viene siendo el estilo en jarrón alto en el que hay que hacer bricolage con las ramas, atarlas y demás monerías para que se tumben pero no se caigan. Esto que parece una tontada es moldeable y al hacerlo un burruño o una pelotilla y meterlo en un jarrón consigues grados de inclinación que sin aparataje resultarían un desastre total.

Los pobres kenzanes de los meneos que les damos acaban con las púas tumbadas, así que los japos. que son muy puestos en puntos, han inventado el levanta pinchos de doble uso que tanto recupera la erección de las púas como limpia entre medias.

Entrando en el cuidado facial de las tijeras, el Sabitoru permite quitar la roña del filo de la hoja de la tijera; y como los ikebanas se montan en la clase, se desmontan, y se vuelven a montar en casa o el lugar de destino, necesitas una bolsas de transporte. No valen las del Corte Inglés porque son muy cortas y muy anchas, y queda poco práctico ir en plan fallera mayor con las flores a la cadera ya que las ramas, generalmente largas, son de sacar ojos si no de romperse. Cuando te montas en el metro con la bolsa y los ramajes, la gente se te queda mirando con cara rara, dudando si llevas flores o un AK-47 dentro.

Para terminar esta bonita entrada, hemos de referirnos a los jarrones y recipientes. Os tengo que confesar que su mundo es como los de los bolsos de temporada, son muchos y si no los combinas adecuadamente, el centro puede resultar un tanto choni. Así que atención: cada estilo requiere un jarrón o recipiente. Al cambiar de escuela y, en muchos casos, de estilo, hay que tener gran cuidado en el recipiente elegido. Mientras que este jarrón sería adecuado para hacer un Shinshoka de la escuela Ensyu, éste sería el adecuado para un Rikka de la superpoderosa escuela Ikenobo. Un par de ejemplos más: para el estilo nageire y para hacer un moribana.

¡Hala! ¡A gastar!

No confundamos

RepostandoA pesar de que los chinos lo inventaron todo antes que nadie, los japoneses los tratan con desdén. Los consideran unos guarros, gente sin honor ni escrúpulos. Los chinos no tienen un gran recuerdo tampoco del empeño hegemónico japonés ni de muchas de sus actuaciones tiránicas y esclavistas. La historia de ambos países y su modo de estar en el mundo no puede ser más diferente. De ahí que no conviene confundirlos. Y es que es difícil hacerlo al ver estas fotos de James Fallows publicadas en TheAtlantic.com.

Mientras los japoneses siguen escrupulosamente el manual de repostaje del avión, visten el uniforme reglamentario de manera idéntica hasta el último detalle y toman todas y cada una de las medidas de seguridad documentadas, los chinos parecen sacados de una canción de Los Chichos. Sólo les falta hacerle un puente al contacto del avión.

Fallows define perfectamente la diferencia: mientras en Japón todo se centra en la manera de hacer las cosas, con el mismo grado de perfección en el proceso que en el resultado, en China se trata de encontrar la manera de hacer las cosas a base de improvisación, poco interés en las reglas mientras se consiga el resultado.

¿A quien os recuerdan los chinos?

Out. Natsuo Kirino

OutA riesgo de ser simplista (lo que soy por naturaleza), clasificaría la literaura japonesa que me he echado a la cara en dos tipos: los melancólicos a lo Kawabata, y los crueles a lo Mishima. No entro en los incomprensibles oniricos que me leo como el que se toma una aspirina de medio kilo: a la fuerza.

Gustándome mucho Kawabata y su tristura sin esperanza, reconozco que me pirro por esa sutil maldad que rezuman muchas obras japonesas. A este tipo corresponde Out, uno de los libos que más me han sorprendido y gustado en los ultimos diez años. Su autora, Natsuo Kirino, está dotada del don de la observación cruel de bisturí y de una capacidad narrativa que te mantiene enganchada hasta la página 520.

Nos cuenta, junto con muchas cosas más, como un grupo de mujeres que trabajan de noche elaborando los o-bento de oficinistas tokiotas, hacen desaparecer el cadáver del marido de una de ellas, y lo hacen tan bien que lo convierten en negocio.

La novela retrata varios tipos de mujeres: la pusilánime cobarde que asesina a su marido; la fashion victim de barrio que vive endeudada para hacer frente a sus sueños cutres y materialistas de revista de moda; la llena de necesidades económicas y con una vida de mierda en la que vence el dinero frente a la moral; y por supuesto mi favorita, Masako, la fría, la inteligente, la práctica, la superviviente, la tristemente casada con un autista que convive con un hijo hikikomori.

Hay mucho de gore, noche tokiota, yakuza cabreado y policía de trastero. La leí hace dos años en inglés y hoy sale a la venta la edición traducida al castellano.

No apta para estómagos sensibles.

Ikebana para dummies. IV. Ikebana must have

KenzanUna de las ventajas que tiene aficionarse a algo, es la cantidad de cacharritos que uno se empeña en poseer. Empiezas con unas tijeras del Leroy Merlin y una bolsa del Caprabo, y acabas teniendo una colección de bolsas de transporte que no se las salta un gitano, como una de la que me emperré y que se convierte en mandil de flores a lo Brie Van de Kamp.

La desventaja de esta afición es que no es la típica que te puedan regalar en el amigo invisible. Todo o casi todo lo que necesitas hay que traerlo del mundo exterior. Así que, como dirá cualquiera de las/os periodistas de investigación que escriben en las revistas de moda, estos son los Ikebana must have de esta semana:

  • Unas tijeras o hasami, que son especiales para Ikebana. Aunque ahondaremos en este fascinante mundo en sucesivas ocasiones, dos consejos para empezar: compraros unas de jardinería para cortar tallos de flores y arbustos nomalitos y, por favor, no os plantéis en clase con unas tijeras de bonsaí. Aparte de inadecuadas e incómodas (te pegas unos pellizcos de mucho cuidao) el filo es diferente y el corte no es igual.
  • Un pincho o kenzan. Mientras que todas las demás chumineces tienen sustitutos al alcance de la mano, sin kenzan no hay Ikebana. Es cierto que el estilo Nageire no lo necesita, y que hay otros elementos que lo sustituyen como el hana-dome (que requiere más habilidad que el kenzan), pero sin esta cama de faquir en miniatura no podréis hacer nada. Ni se os ocurra utilizar la esponja verde de floristería en su lugar. No sólo es fea y en un ikebana se vería entera sino que no te permite aguantar el centro ni colocar el material. En próximas entrega os contaré por qué.

La semana que viene hablaremos de los complementos sin los que una ikebanaka supertrendy no puede salir de casa.

Reverencias televisivas

Plantarse en Japón sin un cargamento de películas en el portátil es un riesgo seguro para las largas noches de tele en caso de tifón. Si “Humor amarillo” os parece una frikada, ya os adelanto que encender la tele allí es una experiencia que os hará añorar “Noche de Fiesta” y “Mira quien baila“.

Cuando ves a los presentadores del telediario empezarlo con una reverencia al respetable, notas que estás en el único país del mundo en donde puedes experimentar nuevas emociones sin correr el riesgo de que te vuelen por los aires. Toda la contención que los japoneses mantienen hasta en los menores detalles de su vida, se les olvida tan pronto ponen el pie en un plató de televisión.

Dos ejemplos perfectos: Sakanakun con su voz aflautada, sus brinquitos y gorros de pez, y Dandi Sakano con su precioso “Get’s”. Como siempre de la mano de mis queridos Adam y Joe.

Chimoshirinkutochimo

Chimoshirinkutochimo

Para aquellos que os pirréis por tener vuestro nombre en auténtico papiro de plátano egipcio, en escritura cuneiforme o en cirílico, no desesperéis: si vais a Japón podréis pronunciar vuestro nombre en una extraña jerga.

Se supone que si suelto el salchichón del título, los tokiotas van a entender que me llamo Tormento. Ya lo dudo, pero si queréis probar, adelante.

Via :: Hombrelobo

Ikebana para dummies. III

TokonomaCon el ego bajo y las tijeras en ristre volvemos una semana más a darle al floripondio. Ya que tenemos claro que no sabemos nada, vamos a intentar fijar algunos conceptos técnicos a los que acudir en caso de duda.

1. El Ikebana como toda la estética japonesa se basa en la economía de medios. Nadie entenderá que os plantéis con dos flores y cinco ramas en su casa a la hora de comer, pero es lo que hay. Sabréis que estáis en el buen camino cuando al ver un ramazo de flores penséis ¡qué desperdicio! o ¡me haría 20 centros con lo que hay en esa corona! Cuando tengáis que reprimir la necesidad de robar en un entierro es que vivis el kado (camino de la flor) más que los buenos modales.

2. El Ikebana es asimétrico. Los japoneses creen que la simetría rompe el ritmo, que en un centro de flores como un hongo de los pitufos no hay movimiento. Y tienen razón. Nunca encontraréis dos floreros uno a cada lado de la mesa con el mismo contenido.

3. Consecuencia de lo anterior es que se huye de los números pares. En el estilo más sencillo y que primero atacaremos, el moribana (bosque de flor) hay un mínimo de tres ramas. Luego le sumas un número par de flores para que el resultado siga siendo impar (cinco) y así hasta que te dejen.

4. Los centros de Ikebana estrictos y más clásicos tienen un problema que los hace muy poco populares en bodas-bautizos-comuniones: se hacen para ser mirados de frente. Por detrás son horrorosos, así que no permiten una visión de 360 grados. Por este motivo, mi querido Moeh, nunca pueden ser centros de mesa, a no ser que sean de estilo libre. El motivo es bien simple y lo apreciareis en la foto de arriba: están pensados para decorar el tokonoma, especie de escaparate-altarcillo que preside la habitación principal de una casa japonesa. El tokonoma es el lugar de honor con respecto al que se ordena, por ejemplo, como te sientan en un banquete o en la ceremonia de té. Contiene un ikebana o un bonsai y una pintura o caligrafía que cambia dependiendo de la época del año o del acontecimiento que se celebre.

5. El Ikebana copia a la naturaleza y es estacional. No hagáis nunca en primavera un centro con salix o repollo como el de la pasada semana. Hay que aprovechar el sakura y la naturaleza en su verdor. Para el verano, los jarrones de cristal y los centros que recuerden a agua, para aguantar el calorazo húmedo que hace en Japón.

Y no doy más consejos, que aparte de irme a un número par, ya os he apostolado suficientemente por hoy.

Asesinaticos japónicos

Asesinaticos japónicosYa sé que no os descubro nada si os confieso que tengo una culturilla de dominical, hecha a partes iguales de recortes de periódico y mucha cara dura. A este mundo sin complejos pertenece mi amiga Lola y su abuela, con la que comparto, en mayor o menor porcentaje sanguíneo, el momento murciano. Esta abuela como sacada del “Cuéntame” decía que lo que más le entretenía a ella era leer “asesinaticos” (versión en panocho de las novelas de misterio), categoría bibliográfica que ha pasado a definir aquellas novelas de cualquier género que, sin caer en el bodrio del Código Da Vinci ni en el mundo de la intensidad plúmbea e insoportable, te cuenta una historia y encima te entretiene.

Lola usa los asesinaticos como desengrasante entre tocho y tocho. Yo en la variante japónica he encontrado una fuente de sabiduría que, mezclada con otras más sesudas, me han enseñado más de Japón de lo que habría aprendido leyendo a Kawabata, al que mi yo culto lee cuando no le veo.

Creo que ha llegado el momento de compartir éste mi secreto con vosotros. Acabo de terminar uno de amores con bomba atómica al fondo la mar de recomendable. Será el primer asesinatico japónico de Nihonica. Bienvenidos al Japón facile e divertente.

Bata de guata

MercedesVeo en otra de las publicaciones del imperio Chiquiworld una publicidad sobre el sistema de leasing de los Mercedes Clase E. Este anuncio, bastante feo por cierto, no tendría relevancia para esta bitácora si no fuera porque los muy gañanes para referirse al “service included” han colocado lo que entienden que debe ser una geisha. Y se han quedado tan encantados de haberse conocido.

Yo desde el apostolado japónico tengo varias cosas que objetar (desde el feminista, ni os cuento). Que la geisha presta un servicio nadie lo duda, pero que lo preste con una bata de andar por casa es que es para presentar una queja a Mercedes y a los creativos de este anuncio. A estos los suspendía yo de empleo y sueldo por ataque de caspa y no tener ni puta idea de como se viste una ¿maiko?. Porque, en atención a los floroncios que le cuelgan del moño no es una geiko (o geisha) sino una aprendiz o maiko.

Una vez ubicado el tipo de japonesa a la que nos referimos (lo que a los chicos de Mercedes parece importarles un pito) me pregunto dónde han visto una maiko que le queden las mangas pesqueras. Si amplías la foto, la cosa empeora: la manga de un kimono de maiko no sólo llega hasta la muñeca sino que cuelga hasta por debajo de la rodilla, no como las que lleva esta pobre. Parece que no había presupuesto para tela y la batita se cruza lo justo por delante, sin dejar que el cuello del kimono caiga airoso por la espalda para enseñar el nacimiento del pelo y el cogote como corresponde. Y no entro en más detalles académicos, que me vengo arriba.

En fin, que los de Mercedes estaban por no hacer gasto y han colocado a una oriental tirando a fea (las maikos tampoco es que sean unos bellezones) con una bata comprada en los chinos. Sólo le falta las chancletas con reborde de peluche para completar el momento kitsch.

Como en los servicios incluídos se hayan gastado lo que en la bata y los floroncios, no se yo si el coche llega de Madrid a Alcalá de Henares. Mucha Clase E, pero ¡qué poquita clase!.

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