Días de furia
Tomohiro Kato salió de su casa con la sola intención de matar gente, cansado del mundo. Se dirigió al atiborrado barrio de Akihabara en Tokio y, tras llevarse a varios viandantes por delante con su camioneta, los remató a cuchilladas. Van 7 muertos.
En enero de este año, en otra calle comercial de Tokio, un joven de 16 años atacó a cinco personas con un cuchillo de cocina. Hirió a dos personas.
En marzo, en la estación de trenes de Tsuchiura otro hombre hirió con un cuchillo a ocho personas, una de las cuales resultó posteriormente muerta.
Y no me extraña. Japón es un país sin criminalidad pero lleno de furia, se exige mucho para alcanzar la normalidad. Hay poca tolerancia a la diferencia. Perfecto para el visitante pero una putada para los japoneses que han pasado de los suicidios y el ostracismo volutario, a los ataques a la americana.
No veo a Japón capaz de enfrentarse a este tipo de “salidas de tono”. Aumentar la presión aumentará los ataques, pero no les imagino a golpe de “abrazo fuerte” por las calles.
NOTA: Comentario aparte, a pesar de la tragedia, merece el vestuario de los equipos de emergencia: cumplimiento escrupuloso de las normas de seguridad a tope japonés.


Soledad. Eso transpira la gente de Tokyo. Te montas en el tren. Todo el mundo lleva el móvil en ristre y nadie habla por él. No suena un sólo politono llamando a Cristina. Teclean y leen, leen y teclean. Y creía que chateaban, pero no, leían. Novelas para móviles. 


En la que fuera la casa del pintor japonés Seiho Takeuchi, se ubica uno de los sitios más elegantes de Kyoto. Manteniendo tradición, buen servicio y estupendos precios para los que malvivimos con el euro,
Hay todo una tipología de libros sobre Japón que aunan mi interés por este país y sus tradiciones y mi enganche con la novela policiaca y noire: los detectives japoneses de la época del shogunato. Hay varios, pero hoy sólo me voy a referir a Sano Ichiro. Me reservo los demás para esos días en que una no encuentra nada que contar (que son más que abundantes). 
