Ikebana para atletas

Ikebana para atletas

He decidido introducir una nota de color en la sección de ikebana y cambiarle temporalmente el nombre.

A la vista del nuevo estilo floral que impera en Japón, parece que va a ser necesario hacerse con un cuerpo compacto a la vez que equilibrado y olímpico para no matarse desde lo alto de la escalera que estos nuevos centros requieren. Aún no he decidido si me gusta, lo que suele querer decir que me gusta poco.

Este centrazo conmemora el primer aniversario del Museo Suntory. Bueno, lo de museoooooo, vamos a dejarlo. Me guardo para otro post lo que opino sobre el uso de la palabra “museo” en este país.

Sakura café

Sakura Café

Para contemplar unos cerezos que florecieron antes de que llegáramos han montado este café en el complejo del Tokyo Midtown. Nosotros que somos unos gaijines de pro nos hemos tumbado cual patricios romanos haciendo de las flores de sakura gigantes nuestros triclinios particulares. Vamos que nos dolían los pies y no sabíamos donde ponernos.

No se nos ve porque nos tapa Pinky Winky. Desde Tokyo ¡Abrazo fuerteeeeeee!

Sakura Café

Calzoncillos Ocean

Calzoncillos Ocean

Las modas también cambian en el mundo de la mascarilla quirúrgica “catarril”. Hemos pasado por las minimalistas, las de plegado origami, y las de la trabajar con residuos tóxicos. Este año, la reina en Tokyo es, sin duda, la de bragueta de calzoncillo de padre o huevera de jugador de rugby.

Yo es que les veo y no me hago.

Marujita-Chan

Marujta-ChanNo me he podido resistir a escribirme este post. Comprendo que tendría que hablar de las doscientas variedades de tés que ya llevo comprados, de lo tristes que son estos tíos cuando no están borrachos, de los tres sakuras y medio en flor que quedan aquí (dos enfrente del Palacio imperial, y uno, muy celebrado, como una seta gigante en el jardín del Museo Nacional de Tokio).

Pero es que la cartelera del Teatro Imperial, con sesión matinal, me tiene loca. A puntito he estado de entrar a la una del mediodía a tragarme “El Hombre de la Mancha” a todo trapo japonés. Pero me he contenido, porque he visto que acaban de estrenar “Rebeca, el musical” con un galán de cartón piedra abrazado a una cursi que bien se merece sufrir a manos de la Danvers, la única con un poco de glamour. Y me he querido reservar. Véase el cartel del que llevamos un ejemplar a mi querido Henry para su colección.

A lo que ya no llego es a ver a los Marujitas’ Boys. Si no tengo palabras para describir a esta artista que recuerda a la Celia Gámez, es que no las hay para describir la cara de cera de los relamidos de sus boys. Espero que todos ellos estén bien de salud para bajar a esta sin par vedette a la sillita de la reina por esas escaleras tan peligrosas para una señora de su edad.

Si creíamos que Cine de Barrio era cutre…

All Nippon Airways

ANAHace 3 grados en Frankfurt. Llueve y hay congestión aérea. Nuestra previsión es el motivo de nuestro aburrimiento. A pesar de haber llegado con retraso desde Madrid (unos que hacían escala para ir a Detroit se han quedado por el camino) nos queda tiempo suficiente para recorrer varias veces la terminal, comer, dormir, registrarnos y aburrirnos de nuevo. Desde que hemos llegado hemos divisado por las ventanas el avión de ANA que nos llevará a Tokio. Son tan previsores que desde ayer conozco la puerta de embarque. Si llegamos con retraso a Tokio no será por la llegada tardía del avión. Lleva estacionado aquí al menos cinco horas.

Aparecen las azafatas, perfectas, menudas, como un ejército con pañuelo al cuello con nudo perfecto, de los que ya quisieran las políticas de toda la vida. Sin una arruga. Con esa sonrisa de japonesa guapa que se produce sin contracción muscular, sin surcos que afeen la perfección de la bienvenida.

Se reunen en un círculo antes de embarcar y hacen la ceremonia de “hemos venido aquí a servir a nuestros honorables clientes”. La cosa acaba con unos aplausitos alegres pero comedidos de colegio de monjas. Antes se han dirigido con respeto al comandante con pinta de europeo que ha ejercido de padre confesor de esta congregación. Se larga no sin antes dirigir su bendición a estas dispuestas hermanas.

Otra se dirige al alemán cuya compleja tarea consiste en romper en dos las tarjetas de embarque, indicándole en que cajita va cada papelito, convencida de que seguro que se equivoca a pesar de habérselo explicado con tanto celo. No se da cuenta de que se equivocará sólo para hacerle la puñeta, más por indolencia que por falta de entendederas.

Miro la cola del avión y no veo a Hello Kitty por ninguna parte. Lo siento, Rosa.

Empieza el trasiego

Los viajes me disgustan tanto como me gustan. Los días anteriores estoy refunfuñona y quejosa, a pesar de que hago las maletas con precisión milimétrica y sigo el protocolo de “cosas que hacer antes de viaje” casi como una autómata.

Me repito siempre cuando me enfrento a un viaje de avión de 12 horas que una mala noche se pasa de cualquier manera, pero no consigo cabrearme menos. No ayuda que ahora andemos pegándonos con un sistema de check-in on-line que no nos reconoce como clientes ni un servicio de atención telefónica en el que te contesta desde Perú gente voluntariosa pero sin formar a la que no le han explicado lo que es un código compartido. Sólo con buena educación y con mandarte al aeropuerto dos horas antes no se soluciona el hecho de que si hay check-in por internet me gustaría poder usarlo.

Luego vienen los controles, las escalas, el miedo al retraso y las carreras entre terminales. La sola perspectiva me pone de mal humor.

Cuando llego a los sitios y me ubico la cosa cambia y paso a preguntarme como es que no vengo más a menudo con lo cerquita que está. Asi soy yo de voluble.

Si superamos la prueba de obstáculos de transportarnos nosotros y nuestros equipajes, el siguiente post será desde Japón.

Ikebana para dummies. VII

IkebanaYa no puedo retrasar más lo inevitable: entrar en faena con esto del ikebana. Una servidora no cuenta entre sus gracias con la capacidad descriptiva que, por cierto, siempre me ha resultado pesadísima como lectora; en cuanto un autor le dedica a una descripción más de una página me ha perdido por completo. Espero que no me pase con vosotros.

Comprenderéis el gran salto que para mí es explicaros el primero de los estilos de mi escuela y el de todas: el moribana. Es el estilo más moderno (sólo tiene unos cien añitos), ya no necesita la rigidez del tokonoma y permite el uso de flores occidentales.

Este estilo, como todos por cierto, tiene los siguientes elementos:

- Shin, que es la rama (hoja en este caso) más alta y vertical. Hay mucha literatura sobre que el shin representa al cielo, el do al hombre y el tome a la tierra, y que el shin es una especie de pararrayos que transmite la energía del cielo y la tierra al hombre. Yo que soy menos espiritual me ahorraré esas explicaciones y me quedaré en la técnica. El shin puede ir vertical como en esta foto o inclinado hacia fuera. Este sería un moribana inclinado u oblicuo, que tiene reglas geométricas diferentes al moribana estricto.

- Hikae: es la rama que queda tras el shin y que tiene una altura de dos terceras partes de éste. Esta rama tiene la función de otorgar profundidad al centro.

- Gió: normalmente en diagonal al shin y más inclinado está el gió (a la derecha en la foto). Tiene por funcion equilibrar el centro, si va al lado contrario del shin, y crear el “universo” o espacio entre las ramas, que es la verdadera finalidad de este estilo. Puede ir al mismo lado que el shin y el hikae pero, al principio, resulta complicado hacerlo así; sin experiencia, queda muy poco armonioso. Shin, hikae y gio son siempre del mismo material.

- Tome: va en un material distinto a los elementos anteriores y siempre al lado contrario del gió. En la foto, es la hoja grande. Su posición es siempre más baja que el gió, como si se pretendiera tocar el suelo pero sin que caíga hacia abajo lo que le quita energía. Incluso cuando se usan tomes que cuelgan del jarrón (en el nageire por ejemplo) la punta siempre tiene que levantarse hacia arriba.

- Do: son las flores, siempre en número impar. Su colocación es dificultosa y depende siempre del tipo de flor. Con el tiempo se aprende a colocarlas dependiendo de su tipo. Hay que evitar colocarlas a la occidental. Como veis en la foto, están a distintas alturas y profundidades.

No os desaniméis si los primeros moribanas os salen como antenas parabólicas. Hace falta no sólo práctica sino conocimiento de los materiales y de los colores de éstos y del propio jarrón.

Adelanto: no encontraréis esta nomeclatura en ninguna parte, lo que os complicará la búsqueda bibliográfica. En esencia todo lo que veais será similar, aunque este moribana es menos recargado que el que encontraréis por ahí, incluso en Japón donde cada vez les gustan más los floroncios.

Espero vuestras fotos.

Maquíllate

Sé que lo que voy a decir es anatema y, muy probablemente, producto de mi desviado sentido estético occidental, pero a mí las maiko me parecen todas un loro cacatúo y su manera de entretener a los tíos otra demostración de lo difícil que me resulta entender al sexo opuesto. Las encuentro feas, muchas de ellas con mal cutis (con lo que se ponen en la cara no me extraña) y con unas técnicas de entretenimiento ñoñas y un tanto anquilosadas por la tradición. Nótese que me aburro como una mona con esto y con el Kabuki: me falta cultura como con los toros.

¿Qué experiencia de maikos y geishas tengo? Poca, como toda mujer occidental, pero tanto las que he visto en los documentales, las que me pasaron trotando a mi lado como una exhalación por Gion, el barrio de geishas de Kyoto, como las que me encontré aguantando el chaparrón de fotos de turistas a petición de sus acompañantes con pinta de yakuzas a las puertas del Templo Heian me parecieron, reitero, unos loros poco elegantes. Hay más elegancia en las mujeres mayores que aún visten kimono y que abundan en Kyoto, que en estas pobres criaturas que se hacen los 100 metros libres por Gion para evitar nuestro acoso y el de algún que otro grupo de gamberros locales.

La que aparece en el vídeo, en concreto, mejora sustancialmente tras el maquillaje, aunque no deja de sorprender que se tomen tanta molestia estética y no se arreglen la piñata, por mucho que se tapen la boca al reír. De hecho una de las cosas que siempre me ha llamado estéticamente la atención es lo mucho que con el maquillaje blanco se resalta el amarillo de dientes y ojos que no suelen estar a la altura del elaborado atuendo.

Advierto, no vale nombrar a la prota de Memorias de una Geisha para rebatirme. Es china.

Hasta los tsukijis

Justo ahora que me voy a Japón aprovechan para prohibirme entrar en Tsujiki Fish Market. ¡Ay que jorobarse!

Parece que los señorines que subastan los atunes gigantes en el mercado de Tsukiji, el mayor mercado de abastos de Tokyo, están hasta los mismísimos de que los turistas les interrumpan, les saquen fotos, toqueteen la mercancía o les arrollen con los carritos de los niños. Así que, a partir de ahora, el que entre será invitado bien a irse o si se hace el despistado (que es lo que pienso hacer yo) a cumplir con las normas mientras le acompaña un segurata.

Desde aquí les digo a estos señores: les entiendo, los turistas somos una turba infecta pero ¿por qué no esperan a mayo cuando yo ya me he ido? ¿No se dan ustedes cuenta de que los que nos metemos el tupe de ir hasta allí estamos también hasta los tsukijis de que nos pongan prohibiciones? Bastante cruz es tener que embarcar la reserva de sake “casero” para evitar que te la confisquen al pasar los controles de seguridad, con riesgo de que se la beban unos amables caballeros en los aeropuertos de tránsito y/o destino. Nosotros, señores subastadores, también tenemos lo nuestro. Apiadense de esta pecadora dormilona que no fue a visitarles cuando debió y pudo.

Sólo espero que a los gaijin nos dejen comer en los locales del mercado. Si no, prometido que la monto al más puro estilo folcklor-Spanish-arrebato. Próximamente en youtube.

Nota: Sí, amigos, en abril Nihonica retransmitirá unos cuantos días desde Tokyo, Kyoto y aledaños. Información en directo ¡No más producto enlatado!

Cómo se ata el obi

A esta santa casa llegan “cienes y cienes” de consultas intentando que les respondamos a la pregunta del millón de dólares ¿cómo se ata el obi de un kimono?

Ésta, que se ha enfrentando recientemente a este reto no para hacer el gaijin en una fiesta de disfraces sino para representar a mi escuela delante de un montón de japoneses, incluido el señor embajador del país del sol naciente, os puede confirmar que es una labor la mar de dificultosa que requiere, al menos, de la ayuda de una persona mañosa. Yo tiré en primer lugar de mi amiga Lola (la de los asesinaticos) que es una experta en montar muebles de IKEA. La elección se demostró insuficiente.

Tiramos de la literatura que hay en la red y mantuvimos abiertas varias lineas de consulta. Mi recomendación para ponerte el nagajuban y el kimono exterior, atarlo, y dejarlo listo para poner el obi es Japan Culture Club. A partir de ahí está más claro en Rising Sun Import, si bien tiene un problema: si te estás colocando un maru obi te lías, porque no te aclaras y no sabes si has de hacer un nudo detrás. Y ahi empieza el ataque de nervios. Es muy útil este vídeo para ver lo complicado que es acertar con lo que te tiene que sobrar y cómo hacer el nudo posterior (que no queda claro en ninguna de las informaciones anteriores).

Como la experiencia es un grado, véase como se coloca en cinco minutejos y con todos los detalles complicados:

Dos cosas que no aparecen en ninguna de estas webs: el cuello del kimono exterior se dobla hacia adentro, y el obi cuando se dobla por la mitad para ponértelo se dejan mirando hacia arriba los bordes.

Por último, pero no menos importante, no escatiméis en cacharritos; hacen falta cada uno de los elementos que aparecen en el vídeo: el obi-ita (que es una especie de fajín duro que evita que el obi se arrugue), el Obi makura (la almohadilla que eleva el obi), el obi-age (pañuelo que cubre la almohadilla, se ata por delante y queda visible por encima del obi) obi-jime (el cordón que ata el obi), y los koshihimo (las cintas que se usan para ir ajustando el obi y que luego se retiran). Sin el datejime (obis de tela con los que se sujetan el juba y el kimono) no es posible atar el obi. Evita además que se resbale.

Como diría ZP, “buenas noches y buena suerte”.

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