Ellos tambien lo hacen

Día de los niños

Hay un elemento que humaniza a los japoneses y les acerca a nosotros: ellos tambien tienen el macropuente de mayo aunque lo llamen “golden week”. Empiezan con el 29 de abril, le añaden el 3 y el 5 de mayo, y, recientemente el 4, y ya se han sacado una semanita como un madrileño cualquiera.

El 29 de abril es el Midori no hi, que empezó siendo el la celebración del cumpleaños del emperador Shôwa (que reinó en Japón desde 1926 hasta 1989) pasando a su muerte a ser el día de la naturaleza (midori significa verde). El 3 de mayo, por su parte, es el Día de la Constitución japonesa y el 5 de mayo es el Día de los Niños. El 4 no se celebra nada pero se ha convertido en fiesta laboral para obligar a los japoneses a descansar.

Pues eso, feliz golden week o feliz expulsión de los franceses, según toque.

Sakura y olé

Sakura y olé

A los que os sabéis esto de Japón no os descubro nada nuevo al contaros que, por esas tierras, la contemplación de los cerezos en flor (sakura) es un evento nacional. Se sigue en las noticias el calendario de floración con el mismo interés que los ciclones (de los que hemos vivido un par) o de los terremotos, de los que Chiqui ya tiene una experiencia tokiota (yo había huido a Nikko).

Una de las muchas actividades que las empresas japonesas tienen insitucionalizadas, es el hanami o ir de merendola bajo los sakura hasta bien entrada la noche. Esta actividad es compartida por toda la población que se tiran en plancha a disfrutar de esta época que representa la renovación y la esperanza, algo nada desdeñable en una sociedad tan tristona. En la foto podéis ver la versión “Joshuaaaaaa” de este invento.

Como veis, hay que irse olvidando de algunos complejos del momento merendero.

La maiko torera

Todos llevamos dentro a un turista por muy finos y trascendentes que nos pongamos. Pero hay gente que pertenece a la raza de “proud-of-being-gañán” (en asturiano “donde pago, cago”) a los que deberían prohibir salir de su país. Como a ese diputado japonés que se pidió unos días para visitar Australia con el fin de analizar su sistema político para, en realidad, acompañar en plan pantojil a su hija que jugaba al golf en un Master Series de esos. Eso es un gobierno como Dios manda, que no se limita a echar la bronca al tipo por inventarse una excusa barata para el viaje sino que le impide abandonar el país de manera indefinida. Si se hiciera en España, estábamos todos con el pasaporte retenido.

Pues bien, mediante la presente pido firmas para una modificación de la Carta de Derechos Humanos del mundo mundial, con el fin de que cualquiera que no se sepa comportar no salga de su país y, si me apuras, de su casa. De esta falta de sentido de la medida es una muestra el acoso que sufren las maikos y geikos por turistas extranjeros, y algún que otro acosador local, que también los hay.

En la puerta de Ichiriki Ochaya, en el barrio de Gion de Kyoto, se plantó una rubia con remoñeta que se dedicaba, metiendo medio cuello dentro, a dar el queo de las maikos que iban a salir para que una caterva de turistas las fotografiasen sin piedad como a Vicky Beckam. Pedí a mi fotógrafo de cámara, Miguel, que sacara unas fotos de la turba, pero no le salieron.

En su lugar, y de modo muy respetuoso aclaro, sacó a estas pobres mientras salían alucinadas de la ochaya.

Maiko

La falta de respeto es significativa si se tiene en cuenta cómo se producía el evento y en donde se producía. Ichiriki es un sitio vedado para los extranjeros y para muchos japoneses, con una larga historia que incluye episodios, como el de los 47 ronin, paradigma del sistema de deberes y lealtades japonés. En Ichiriki sólo se puede entrar de la mano de un cliente habitual y llegar a serlo no es sencillo. Tienen un pulcro cuidado en evitar que nadie ponga el pie dentro que no cumpla las normas de la casa, pero debe de ser que no tienen normas para turistas listillas que meten el gañote entre las cortinillas a ver quien sale. Y ahí estaban ellos, en plan prensa rosa conviertiendo Ichiriki en el fotocall de Leonardo Dantés y a las pobres maiko en Tamara la mala. Su educación no les permitía darles unos cuantos bolsazos y echarlos de allí. En otro país que no fuera Japón habrían colocado ya un “selector de ambientes” bielorruso dando cera en la puerta.

Maiko

Pero como de gañanes no está libre ni Japón, un par de impotables locales iban acosando a una maiko Gion arriba y, a decir de gesto de la maiko, soltándole más que majaderias. En estos casos muchas de ellas salen trotando como cervatillos para evitar problemas. Ésta no, con un porte torero y un ritmo lento se recorrió la calle altanera para dejarles claro que ni la iban a intimidar ni iba a cambiar el paso porque haya idiotas en todas partes. He decidido hacerme de su club de fans.

Maiko

Tronchada

Tronchada

Como el pobre muñequito de la foto hago una reverencia cercana a la humillación para pedir disculpas por mi falta de noticias desde Japón. Es que estaba asaltando las tiendas. Comprendo que es una pobre excusa, y, aunque tengo otras que son también ciertas y algo mejores no es cuestión de aburriros con ellas. Espero poder ponerme al día, una vez que los técnicos del emporio Chiquiworld editen videos, descarguen fotos y yo encuentre algo interesante que contaros.

Mientras, miro extasiada como una niña el día de reyes, todo lo que me he traído a mí misma y que ya ni me acordaba de que me lo había traído. Estoy fascinada con el cargamento de té. He echado una cuenta, al estilo de los árboles que iban a plantar cada partido si ganaban las elecciones, y he llegado a la conclusión de que, para consumirlo todo antes de que caduque, tengo que invitar a té a 100 personas diarias, eso sí, dispuestas a repetir.

Por ciertos algunas de las fotos, como la que ilustra esta entrada, son de mi amigo y compañero de cuitas Miguel Bañón. Gracias Miguel por dejarte la espalda cargando con ese pedazo de troncho y nutrirme de material gráfico.

Ikebana para atletas

Ikebana para atletas

He decidido introducir una nota de color en la sección de ikebana y cambiarle temporalmente el nombre.

A la vista del nuevo estilo floral que impera en Japón, parece que va a ser necesario hacerse con un cuerpo compacto a la vez que equilibrado y olímpico para no matarse desde lo alto de la escalera que estos nuevos centros requieren. Aún no he decidido si me gusta, lo que suele querer decir que me gusta poco.

Este centrazo conmemora el primer aniversario del Museo Suntory. Bueno, lo de museoooooo, vamos a dejarlo. Me guardo para otro post lo que opino sobre el uso de la palabra “museo” en este país.

Sakura café

Sakura Café

Para contemplar unos cerezos que florecieron antes de que llegáramos han montado este café en el complejo del Tokyo Midtown. Nosotros que somos unos gaijines de pro nos hemos tumbado cual patricios romanos haciendo de las flores de sakura gigantes nuestros triclinios particulares. Vamos que nos dolían los pies y no sabíamos donde ponernos.

No se nos ve porque nos tapa Pinky Winky. Desde Tokyo ¡Abrazo fuerteeeeeee!

Sakura Café

Calzoncillos Ocean

Calzoncillos Ocean

Las modas también cambian en el mundo de la mascarilla quirúrgica “catarril”. Hemos pasado por las minimalistas, las de plegado origami, y las de la trabajar con residuos tóxicos. Este año, la reina en Tokyo es, sin duda, la de bragueta de calzoncillo de padre o huevera de jugador de rugby.

Yo es que les veo y no me hago.

Marujita-Chan

Marujta-ChanNo me he podido resistir a escribirme este post. Comprendo que tendría que hablar de las doscientas variedades de tés que ya llevo comprados, de lo tristes que son estos tíos cuando no están borrachos, de los tres sakuras y medio en flor que quedan aquí (dos enfrente del Palacio imperial, y uno, muy celebrado, como una seta gigante en el jardín del Museo Nacional de Tokio).

Pero es que la cartelera del Teatro Imperial, con sesión matinal, me tiene loca. A puntito he estado de entrar a la una del mediodía a tragarme “El Hombre de la Mancha” a todo trapo japonés. Pero me he contenido, porque he visto que acaban de estrenar “Rebeca, el musical” con un galán de cartón piedra abrazado a una cursi que bien se merece sufrir a manos de la Danvers, la única con un poco de glamour. Y me he querido reservar. Véase el cartel del que llevamos un ejemplar a mi querido Henry para su colección.

A lo que ya no llego es a ver a los Marujitas’ Boys. Si no tengo palabras para describir a esta artista que recuerda a la Celia Gámez, es que no las hay para describir la cara de cera de los relamidos de sus boys. Espero que todos ellos estén bien de salud para bajar a esta sin par vedette a la sillita de la reina por esas escaleras tan peligrosas para una señora de su edad.

Si creíamos que Cine de Barrio era cutre…

All Nippon Airways

ANAHace 3 grados en Frankfurt. Llueve y hay congestión aérea. Nuestra previsión es el motivo de nuestro aburrimiento. A pesar de haber llegado con retraso desde Madrid (unos que hacían escala para ir a Detroit se han quedado por el camino) nos queda tiempo suficiente para recorrer varias veces la terminal, comer, dormir, registrarnos y aburrirnos de nuevo. Desde que hemos llegado hemos divisado por las ventanas el avión de ANA que nos llevará a Tokio. Son tan previsores que desde ayer conozco la puerta de embarque. Si llegamos con retraso a Tokio no será por la llegada tardía del avión. Lleva estacionado aquí al menos cinco horas.

Aparecen las azafatas, perfectas, menudas, como un ejército con pañuelo al cuello con nudo perfecto, de los que ya quisieran las políticas de toda la vida. Sin una arruga. Con esa sonrisa de japonesa guapa que se produce sin contracción muscular, sin surcos que afeen la perfección de la bienvenida.

Se reunen en un círculo antes de embarcar y hacen la ceremonia de “hemos venido aquí a servir a nuestros honorables clientes”. La cosa acaba con unos aplausitos alegres pero comedidos de colegio de monjas. Antes se han dirigido con respeto al comandante con pinta de europeo que ha ejercido de padre confesor de esta congregación. Se larga no sin antes dirigir su bendición a estas dispuestas hermanas.

Otra se dirige al alemán cuya compleja tarea consiste en romper en dos las tarjetas de embarque, indicándole en que cajita va cada papelito, convencida de que seguro que se equivoca a pesar de habérselo explicado con tanto celo. No se da cuenta de que se equivocará sólo para hacerle la puñeta, más por indolencia que por falta de entendederas.

Miro la cola del avión y no veo a Hello Kitty por ninguna parte. Lo siento, Rosa.

Empieza el trasiego

Los viajes me disgustan tanto como me gustan. Los días anteriores estoy refunfuñona y quejosa, a pesar de que hago las maletas con precisión milimétrica y sigo el protocolo de “cosas que hacer antes de viaje” casi como una autómata.

Me repito siempre cuando me enfrento a un viaje de avión de 12 horas que una mala noche se pasa de cualquier manera, pero no consigo cabrearme menos. No ayuda que ahora andemos pegándonos con un sistema de check-in on-line que no nos reconoce como clientes ni un servicio de atención telefónica en el que te contesta desde Perú gente voluntariosa pero sin formar a la que no le han explicado lo que es un código compartido. Sólo con buena educación y con mandarte al aeropuerto dos horas antes no se soluciona el hecho de que si hay check-in por internet me gustaría poder usarlo.

Luego vienen los controles, las escalas, el miedo al retraso y las carreras entre terminales. La sola perspectiva me pone de mal humor.

Cuando llego a los sitios y me ubico la cosa cambia y paso a preguntarme como es que no vengo más a menudo con lo cerquita que está. Asi soy yo de voluble.

Si superamos la prueba de obstáculos de transportarnos nosotros y nuestros equipajes, el siguiente post será desde Japón.

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