A propósito de Mishima
Como ya comenté, Mishima y su manera de morir fueron mi primer acercamiento a Japón. Me lo ha recordado el artículo que he leído en En el limbo sobre una de sus obras, El rumor del oleaje.
Comprender qué motivó que Mishima se suicidara de una manera tan rimbombante (Kawabata, su maestro, también lo hizo, pero de manera más discreta) tiene mucho que ver con su carácter narcisista y con la tradición guerrera japonesa. El hecho de que se hubiera dedicado en su vida adulta a intentar ser un marinero mazas tiene todo que ver con su atracción por los hombres y la iconografía gay -como el San Sebastian que describe con tanto morbo en Confesiones de una Máscara y que recreó él mismo en una conocida foto- y con un deseo de hacer de su cuerpo enclenque la representación de un guerrero.
Por eso, por un deseo de superar la derrota de Japón y de revivir de manera folklórica la vida de los samuráis (y de paso, por lo que se cuenta, de ligar) montó un ejército de opereta al que entrenaba en lo alto de un teatro: el Tate-no-kai. Con éste se plantó en el cuartel de Ichigaya para desplegar una proclama, para despertar la conciencia de los japoneses, adormecida por la derrota y las condiciones de ésta. No tuvo eco. Hay una imagen de Mishima con las manos en la cadera y mirando a su alrededor, dándose cuenta de que no valía la pena seguir. Entró y se suicidó. Designó al que se comenta era su amante, Masakatsu Morita, como kaishaku-nin, el que ha de seccionar la cabeza tras el corte de T invertida en el abdomen que se practica el suicida al cometer seppuku. Es tal el dolor que la cabeza queda en posición patibularia. Una buena katana separa la cabeza del cuerpo de un solo corte. Pero Morita le descerrajó tres golpes en el cuello en lo que fue un estropicio de mala tarde de toros. El trabajo lo tuvo que terminar el kaishaku-nin de Morita, Furu Koga. A Mishima no le salió tan bien como en los ensayos que hizo en el relato Yukoku (Patriotismo) y el corto que realizó él mismo sobre este relato.
En el pensamiento político de Mishima duerme el Japón que se suicidó en Iwo Jima antes de rendir la plaza. Y, a pesar de la Wii, ese Japón pervive en el inconsciente colectivo de muchos japoneses. Como ellos, Mishima era profundamente occidental y radicalmente japonés. Estas tensiones, a veces, pasan factura.
El lío tremendo de Tokio puede convivir pacíficamente con el corte al tráfico para la celebración de una 
Callejeamos y compramos libros. En las tiendas de libros de todo Japón te forran los libros antes de entregártelos. Tienen forros de papel adaptables a todos los tamaños. Me pregunto si lo hacen para conservar los libros y que duren o si lo hacen para evitar que los demás sepan lo que lees, para evitar, en definitiva, que se sepa quien eres y lo que piensas.
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